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lunes, 28 de septiembre de 2015

María Pacheco, la primera española.

Irene Ruiz como María Pacheco, en la serie Carlos, "Rey Emperador".

La flamante serie de Televisión Española sobre la figura del Emperador Carlos, en sus primeros capítulos ya está esbozando la figura de una mujer que a la postre, resultaría fundamental en la Historia de España. Hay mucho que contar sobre la mal entendida revolución de los Comuneros de Castilla, entre otras porque la España republicana del siglo XX pervirtió la realidad cuando adoptó el color morado en homenaje a estos héroes que nada tienen que ver con un espíritu republicano. Todo lo contrario, los comuneros son el exponente máximo de un pueblo monárquico que luchó por su rey y por una patria monárquica, y más en concreto, luchó contra un rey invasor y una patria que estaba siendo pervertida por los extranjeros. Los comuneros reclamaron la legitimidad de la corona española y de la España monárquica. Y si quieren conocer algunas perversiones históricas, es conveniente que recuerden esta entrada que 15 meses atrás publiqué, pinchando aquí.

Amparo Rivelles, protagonista de "La leona de Castilla" (1951)

Sea como sea, la flamante serie Carlos de Televisión Española, nos trae a la memoria la figura de una mujer, granadina hasta los tuétanos, que cambió la historia de España y que podemos considerar una de las primeras personas que estimuló y estuvo dispuesta a morir por un patriotismo que la equipara con los héroes y heroínas del siglo XIX en lucha contra los franceses. De hecho, fue madre del nacionalismo español. Hablamos de María Pacheco, nacida en Granada en 1496 y que como definición de su vida, quedan sus palabras: “Soy de Granada por cuna y de Toledo por corazón”. Hija de Iñigo López de Mendoza y Francisca Pacheco, nació en los palacios nazaríes. Su padre fue Capitán General del Reino de Granada, héroe de la Reconquista y el primer alcaide de la Alhambra. Su familia, del más rancio y antiguo abolengo castellano. Corría por sus venas sangre de los Mendoza y los Pacheco y fue una adelantada a su tiempo gracias a una cuidada educación renacentista. Casada a los quince años abandona su amada Granada (un amor reiteradamente confesada por ella misma) rumbo a Toledo. Y allí, hace que su marido Juan de Padilla, tome conciencia de los derechos y libertades españolas pisadas por los extranjeros.

                                      Guillermo de Croy, señor de Chièvres por Quinten Massijs I
                                       Prevaricador, corrupto y ladrón de las rentas españolas. 

Fue una de las artífices del levantamiento castellano contra el Rey Carlos I, auspició la creación de la Santa Junta del Reino de Castilla, consiguió que su marido liderara el ejército popular y aguijoneó a las ciudades a levantarse contra la tiranía extranjera. Pero entendamos un poco qué sucedía en la España de 1520: Carlos llegó en septiembre de 1517 a España, desde su Flandes natal. Era heredero de la corona hispana y de los reinos peninsulares, nieto de los Reyes Católicos. Desembarcó en la corte con un enorme séquito de extranjeros y por su escasa edad, 17 años, permitió que todos los flamencos ocuparan los cargos públicos y se repartieran las prebendas y poderes. Los extranjeros de repente eran nombrados obispos de diócesis que nunca iban a pisar, como Tuy o Tortosa. Quizás la mayor indignación llegó el día que a un sobrino del consejero personal del joven rey, lo nombraron nada menos que Primado de España, es decir, Arzobispo de Toledo. Tenía 17 años y vivía de las rentas toledanas a 1.600 kilómetros de distancia. Los embajadores extranjeros (los venecianos, por ejemplo), llamaban a los consejeros de Carlos, “los reyes de España”.

Retratos de Carlos y su mujer, la emperatriz Isabel en el relicario de la Capilla Real de Granada.
Alonso de Mena, 1632. 

Castilla callaba mientras veía como en la Justicia, la administración y la Iglesia, se sentaban los extranjeros. Lo peor de todo es que no lo hacían por méritos, ya que desconocedores de la realidad castellana, no podían ejercer su labor, ni siquiera aplicar el derecho, que no se molestaban ni en leer. Pero el colmo era que jamás dieron muestras de aprender el idioma, por lo que no podían comunicarse con el resto de la población española. De hecho el mismo rey, no hablaba español y no dominaba el latín que era el lenguaje oficial del momento, por lo que acercarse al rey era imposible. Imaginemos por un momento, 500 años atrás, los problemas que esto estaba generando. Y el abuso último que los castellanos soportaron fue el robo de capitales que los cortesanos flamencos amigos de Carlos estaban cometiendo. La moneda más rica del momento era el doblón de oro acuñada en tiempos de los Reyes Católicos. Pero se marchaba hacia Brujas o Amberes en las caravanas de flamencos, sin que la población la viera. Castilla sacó una letra satírica. Cuando un español veía un doblón, también conocido como ducado de a dos, lo saludaba con este poemilla, alegrándose que el consejero del rey (el señor de Chièvres) u otro extranjero, no lo hubiera sacado del país:

La moneda de la época que ni veían los españoles.


Os salve Dios
ducado de a dos.
que el señor de Chièvres
no topó con vos.

Doña Juana en Tordesillas (Francisco Pradilla, 1906). 
Juana era la legítima reina. 

En 1518 cruzó la frontera por Cataluña una caravana de 300 caballos y 80 mulos que tiraban de carros con la fortuna que el consejero del rey, sacaba del país. En menos de un año, ningún puesto de la corte estaba ocupado por un español. La prevaricación era moneda común y loa paciencia llegó a un límite. La protesta de Valladolid exigía algo que hoy día nos sorprendería: que el rey de los españoles, HABLARA ESPAÑOL. En las cortes se pidió que se respetaran las leyes vigentes y por último y a instancias de María Pacheco, que insistió a su marido para que así lo demandara, se pidió que todos los documentos firmados por el rey fueran firmados al final de esta forma: Don Carlos y Doña Juana. Y es que los castellanos, le recordaban al joven rey de 18 años que la legítima reina de los españoles era su madre Juana, encerrada en el castillo de Tordesillas.

Portada del libro de Esperanza Martínez de Lezea, sobre María Pacheco.

Para colmo de males, Carlos hereda en 1520 la corona imperial, pero a costa de pagar cantidades inmorales de dinero para acallar las pretensiones de sus rivales al título más grande de la historia de Europa. Un nuevo impuesto destinado a costear la coronación de Carlos a manos del Papa encendió la mecha. El marido de nuestra María Pacheco fue nombrado capitán de un ejército popular. En julio de 1520, entraron armados a Tordesillas y se plantaron delante de la Reina Juana. Y he aquí la clave de todo esto. Los comuneros, con estandartes blancos con cruces rojas, frente a las cruces blancas que usaron los partidarios de Carlos I, lucharon por España y la españolidad de sus líderes, buscando en la figura de la reina Juana su principal valedera.

"María Pacheco, después de Villalar". Vicente Borrás, 1881. 

Mientras el marido de María Pacheco y otros líderes castellanos luchaban en los campos de batalla, nuestra heroína granadina asumió, lideró y gobernó ella sola la ciudad de Toledo; ejecutado su marido, no se rindió y prosiguió su empeño frente al extranjero, lo que le valió el reconocimiento de los comuneros que la eligieron para seguir liderando el proceso de resistencia española y se puso al frente del pueblo de Toledo consiguiendo que la ciudad resistiera un asedio de 9 meses. Aquel periodo nos enseña a una mujer inusual, inaudita y digna de cualquier halago: incautó los cañones del Alcázar, arengó a los ciudadanos y resistió hasta que la superioridad de las tropas realistas tomaron la ciudad imperial. Entonces, fue perseguida por la justicia imperial, obligada a refugiarse en Oporto, vivió de la mendicidad, jamás se doblegó para con sus ideales y murió  fiel a sus creencias hasta las últimas consecuencias de su vida.

Esta es la historia de la primera persona del patriotismo español. Esta es la historia de la mujer que fue conocida por sus coetáneos como LA BRAVA HEMBRA y que llegó al cine franquista, en películas que la denominaban, LA LEONA DE CASTILLA. Nació Grande de España, pero murió pobre. Una adelantada a su tiempo, una viuda de 25 años, que liberó a sus esclavos y renunció a las alcabalas, fue apoyada por el pueblo y partió al exilio sin nada encima, vivió en la pobreza y murió diez años más tarde sin haber solicitado el perdón de la Corona, pero convertida en la primera patriota. Su epitafio, además, es resumen de algo que ha de llenarnos de orgullo a los granadinos, pues nuestra histórica y trascendental paisana, jamás se olvidó de su patria.

Si preguntas mi nombre, fue María.
Si mi tierra, Granada. Mi apellido,
de Pacheco y Mendoza, conocido
el uno y el otro más el claro día.

Si mi vida, seguir a mi marido.
Mi muerte, en la opinión que él sostenía.

España te dirá mi cualidad.

¡Qué nunca niega España la verdad!

(Diego Hurtado de Mendoza, hermano de la heroína)