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viernes, 13 de noviembre de 2015

San Jerónimo, una iglesia pagana


Tenemos la suerte de contar en Granada con uno de los mejores edificios del Renacimiento español que a su impresionante oferta plástica y estética, suma dos grandes honores que lo hacen único. Tal vez el más diferente y sobrecogedor de Granada, puede que la Iglesia más personal y única. De la primera hemos dado numerosas referencias en esta Alacena, pues la consagración de la iglesia jerónima en 1513 bajo el nombre de Concepción, la convierte en la primera iglesia inmaculista del Mundo como recuerda la inscripción en el cimborrio de su crucero. Pero como es bastante bien sabido que en Granada tenemos la primera Iglesia del Mundo consagrada a la Inmaculada, pasamos a las particularidades que hacen de esta joya, patrimonio histórico sin otro igual.



Los relieves de los casetones de las bóvedas del crucero, inspirados directamente en las obras clásicas de Dante, “Los triunfos” de Petrarca o Bocaccio, siguen dejándonos sin aliento. ¿Quién imagina por un momento que toda la cultura clásica, y por tanto pagana, iba a tener cabida dentro de una Iglesia? Y es ahora cuando el lector tiene que hacer el esfuerzo de trasladarse a la Granada que va de 1520 a 1550, para en medio de un tiempo como aquel, quedar absorto con el siguiente dato: la influencia impresionante que el ciclo decorativo de estas bóvedas recibe directamente del Speculum Humanae Salvationis, nada más y nada menos que la primera obra pre-feminista de la Historia, un intento de equiparar las virtudes y proezas de la mujer y del hombre, o lo que es lo mismo, lo que nuestros ojos contemplan a mirar a las bóvedas jerónimas.



Los sátiros y monstruos de las veneras constituyen un esquema mitológico pagano que sigue resultando difícil de entender en el interior de un templo. Más que una Iglesia, parece que estuviéramos en un palacio destinado a ensalzar al dueño del mismo, a una página de historia como la Cuadra Dorada de la Casa de los Tiros. Incluso cuando Siloe se encarga de la realización de los relieves de los santos protectores, no se olvida de incluir sirenas, grifos y toda suerte de animales fantásticos que parecen las ilustraciones a la “Metamorfosis” de Ovidio más que una cubierta de un espacio sagrado.


Que en la cabecera la decoración se realice mediante figuras paganas sigue siendo de vital importancia. La entrada de la Iglesia la tiene por una zona de vega, alejada de cualquier espacio céntrico y dirigido hacia la que entonces era población. Sigue resultando anecdótico que una empresa de esta magnitud colocara la entrada al recinto sagrado mirando a un lugar despoblado, destinado a cultivos. Sin embargo, su cabecera se dirige hacia la Catedral y el eje principal de la ciudad, que es el lugar donde va a ubicarse una decoración profana, soldados de la Antigüedad sosteniendo la gloria del Gran Capitán. Todo lo que estamos hablando se produce antes de 1552, año en el que se traslada el cuerpo del Gran Capitán desde el convento alhambreño de San Francisco, por lo que ya estaba terminada la Iglesia. Y es muy importante que guardemos esta fecha, ya que nos indica que todos estos programas decorativos que estamos hablando, se llevan a cabo antes de la Contrarreforma, antes de la nueva etapa de recatolización mediante el arte, trazada por la Iglesia a través del Concilio de Trento.


Pero lo cierto es que la decoración de San Jerónimo tuvo que ser tan revolucionaria para su época como es de imaginar. Algo tan desconocido como igualar en valores y exaltaciones a hombre y mujer sólo era posible en una Granada que en el siglo XI tuvo a una mujer en el Gobierno regio, desde el siglo XIV admitía mujeres en su Universidad y que se había consagrado por entero a la que no admitía discusión, la gran reina Isabel. Pues bien, ya tenemos puestos los ingredientes para entender qué ocurrirá al punto que en cuando el Arzobispo de Granada, entonces Antonio de Rojas Manrique, conoce el contenido del programa iconográfico, presenta todo tipo de contrariedades a la duquesa viuda doña María, con la que por cierto comparte apellido.


En San Jerónimo, se ha levantado la obra más culta, aparatosa y profana que los postulados del Concilio de Trento no van a consentir. Toca reconducir aquello y lo primero que se plantea concluido el Concilio e iniciada la Contrarreforma es la ejecución del Retablo Mayor, que entre 1570 y 1605 va a constituir el acta de fundación de la escultura barroca española, más aún, de la imaginería con unción sagrada y no meramente decorativa. Acababa de nacer la gran aportación hispana al arte devocional con este colosal proyecto naturalista. Todo parece indicar que al fin, tras 30 años de “paganismo bendecido”, San Jerónimo vuelve a expresar su condición de espacio sacro. Pero entonces llega el último encargo, el impresionante programa iconográfico de las pinturas murales, que entre 1723 y 1725 se va a llevar a cabo con tres motivos: en la cabecera mayor, la exaltación del Duque, la Vida del Gran Capitán. En el Coro Alto, la exaltación y triunfo de la fe y la Eucaristía y en los pilares, en la zona más visible, en la que los fieles primero van a ver, los siete arcángeles y el Ángel de la Guarda.


Vayamos por partes. Algo tan fundamental para el catolicismo como la Fe y la Eucaristía, quedan reservados al coro alto, donde sólo los frailes tendrán acceso. Y sin embargo, a la vista de todos de forma muy notoria, queda el tema de las 8 figuras angélicas. Este dato ya es de por sí curioso Pero más cuando, la IGLESIA HABÍA CONDENADO EL CULTO A CUALQUIER ARCÁNGEL QUE NO FUERAN LOS TRES HABITUALES en 1560, durante el Concilio de Trento. La devoción de los Siete Arcángeles, se inicia en 1516 con la aparición en la Iglesia San Ángel Mártir de los Carmelitas de Palermo, de unos frescos con los siete arcángeles, sus atributos y sus nombres. Siete años después el Emperador Carlos costea la fábrica de una iglesia en honor de los Siete Arcángeles en Roma y años más tarde,  Miguel Ángel presenta su proyecto de reforma de las termas romanas de Diocleciano para convertirlas en la iglesia de Santa María de los Ángeles. Pero el Concilio de Trento recordó que en el Concilio IV de Letrán (año 475), se prohibió expresamente los nombres de los cuatro arcángeles no citados en los Evangelios y se echó atrás el proyecto miguelangelesco y se usaron en otros fines los fondos imperiales.


Pero podríamos pensar que los arcángeles, llegan a pintarse por la devoción que la corona de España mediante Carlos I de España le tuvo a los siete supuestos arcángeles. El problema es que si Roma condena en 1560 los cuatro arcángeles no citados en los Evangelios (mejor dicho, recuerda la prohibición, ya estaba condenado desde el siglo V), el emperador murió dos años antes (1558) y las pinturas son de hacia 1730, no tiene sentido alguno que por influencia y protección de la Corona Española se integraran estas figuras heréticas nada menos que un sitio tan visible y reconocible. Y debajo de la máxima expresión del paganismo, donde todo lo que más destaca o se ve, como en la cabecera, no tiene nada que ver el catolicismo.



Como resumen de todo, digamos que San Jerónimo, aparte de ser una obra de arte única, un contenedor cultural y patrimonial de primer orden, un espacio renacentista como pocos hay en toda España, es por definición, la Iglesia más pagana de todas, el Monasterio más infiel. Y TODO ESTO LA HACE, LA MÁS ESPECIAL QUE YO AL MENOS HAYA VISTO. 



2 comentarios:

Ángeles Anaya dijo...

Sigo con interés tu blog, y me hace ilusión esta entrada pues hace años realicé un trabajo sobre las figuras escultóricas de las bóvedas sobre las tumbas del gran Capitán y de su esposa, en ellas se mezclan tanto las figuras mitológicas como las cristianas. De hombres para él y de mujeres para ella. Y tienes razón es una iglesia única, tanto por la exaltación del poder de este matrimonio como por su iconografía.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Gracias Ángeles por todo. Ojalá la difusión de un contenedor patrimonial, cultural y devocional como este fuera mayor. Es probablemente una de las más incógnitas Iglesias que existen y a la fuerza, nuestra misión es contarlo. Un saludo.