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sábado, 28 de noviembre de 2015

El turismo es un gran invento.

Monumento a Chorrojumo en Granada
¿El primer guía turístico de Europa?

España despertaba un inmenso interés para los intelectuales europeos y norteamericanos del siglo XIX. Era una tierra anclada en el continente Europeo pero a su vez, la llave de África. Era el lugar perfecto para encontrar exotismo y la mezcolanza justa entre Occidente y Oriente y en estas se empeñaron escritores, poetas y pintores que atravesarían la piel de toro con fruición y ávidos de conocer nuevas cosas. Incluso llegaron a inventar España, sí. Se imaginaron un país exótico y potenciaron esa imagen hispana que sólo estaba en su cabeza. Hubo viajeros que se enfadaron profundamente al ver que en la España del siglo XIX no había musulmanes, o que el tren había conquistado parte de la piel de toro. Como si el progreso le restara encanto y misticismo a ese ideal romántico que subyacía en los cuentos orientales, con los que los literatos y pintores europeos se habían hecho su particular imagen española.


"El Generalife de Granada". 
Eduard Gerhardt, 1862.

Los destinos preferidos fueron los del Sur y dos ciudades coparon muy por encima del resto, las apetencias descubridoras de los viajeros románticos: Granada y Sevilla. La ingente cantidad de ilustres visitantes que una y otra atesoraron a lo largo del siglo XIX y las frases de admiración que dejaron para la posteridad refrenda que las dos grandes capitales del sur de España fueron las “mecas culturales” hacia donde decidieron peregrinar nuestros protagonistas. Por el contario, Barcelona era una ciudad admirable pero muy europea, Madrid carecía de personalidad y Málaga se resolvía como la piedra angular del clima benigno. Acababa de nacer el turismo español, quisiéramos o no los españoles.

"Viajeros al Edén". 
Monumento al viajero romántico en Granada, del escultor Ramiro Megías. 

La literatura romántica, los cuentos del embajador norteamericano Washington Irving sobre la Alhambra y una imaginación sin freno, moldearon una España que ya no existía. Afortunadamente, entre el 4 de septiembre y el 23 de diciembre de 1862, recibimos una de las visitas más ilustres y que más provecho aportarían, la del REY DEL CUENTO, que dejó honda repercusión; el afamado Hans Christian Andersen. De regreso a su Dinamarca natal, publica las memorias de cuanto recorrió en su libro, Viaje por España, que vio la luz en 1863. El recorrido del danés, que en aquel entonces era el autor literario más famoso de Europa, fue este: Barcelona-Valencia-Alicante-Murcia-Málaga-Granada-Gibraltar-Cádiz-Sevilla-Córdoba-Madrid-Toledo-Burgos-San Sebastián. 

"Juramento del Marqués de la Romana". 
Manuel Castellano, 1850.

Andersen vino a España buscando lo pintoresco. Quería ver las tierras de moros, al Cid, los caballeros andantes como el Quijote y rememorar a los soldados españoles que estuvieron, durante las campañas napoléonicas, en su ciudad natal; y se encontró una realidad totalmente distinta al tópico que había soñado. Antes de entrar en España, para él iba “al país del sol y del verano”, y se topa con una nación que no conoce su obra (hemos de decir que Andersen, era tan buen literato como vanidoso), que los hospedajes cuestan muy caros y que esa imagen africana de país cálido, es errónea, pues le toca vivir uno de los otoños más fríos de la historia.  

"Fortaleza de la Alhambra". 
David Roberts, 1838.

De los cuatro meses de estancia en sueño español, donde más tiempo se detuvo fue en Granada, y en esta ciudad residió desde el 7 al 28 de octubre de 1862, atraído por las visitas que otros escritores o arqueólogos daneses habían hecho antes a la capital de la Alhambra con anterioridad. El celebérrimo autor de cuentos se alojó en una posada de la Alhambra, retrató la ciudad y coincidió con la Visita de Isabel II. Habló sobradamente del impacto exótico que le produjo la ciudad del Darro y la opinión del que en ese momento era el escritor más afamado de Europa, es muy válida. En su libro Viaje por España, Granada es la ciudad que más veces cita y la que ocupa más páginas. El danés dejó para la historia frases como esta: "Granada, al igual que Roma, ha sido para mí una de las ciudades más interesantes del mundo; un lugar donde creí poder echar raíces…” Estuvo 21 días, 3 semanas completas, en medio del alboroto por la estancia real de Isabel II, el rey consorte, el futuro Rey Alfonso XII y para colmo, el 30 cumpleaños de la Reina, con el regalo de una corona de oro que le hizo la ciudad de Granada. No, no escogió el momento más adecuado para visitar Granada de forma tranquila.

Arco de Triunfo levantado en la Calle Tablas para la visita de Isabel II junto al Convento de la Trinidad.

Y es que Andersen vivió una Granada a rebosar del séquito de autoridades, desde el Nuncio de Su Santidad hasta el Embajador de Inglaterra, pasando por ministros, aristócratas y militares. En dos capítulos sale la ciudad retratada y especialmente en el noveno capítulo de su libro de viajes, bajo el título "Granada", aunque ya en el capítulo décimo, que titularía "De Granada a Gibraltar", describiese la partida de Granada y los recuerdos que de ella se llevaba.

Barcelona por Alfred Guesdon (1852)

España se convirtió en una obsesión que perduró durante la mayor parte de la vida de Hans Christian Andersen, el autor inmortal de cuentos nos dejó sus impresiones de manera fiel y sin caer en la literatura fantástica de los viajeros románticos. La suya puede que sea la primera gran guía española. Primera parada, Barcelona. Le "impresionan los grandes y lujosos cafés” y de la que destacó su gastronomía. Frío le dejó Valencia "sin descubrir nada nuevo ni extraordinario" para poner rumbo a Alicante donde se topó con compatriotas daneses. El siguiente alto en el descubrimiento español fue Murcia, de la que destacaría su Catedral y donde se nos da cuenta de cómo la Huerta murciana, es algo muy novedoso, si tenemos a bien leer lo que sigue: "Jamás vi un paisaje tan asolado y agreste como aquel". Partió en barco hacia Málaga, la ciudad que más le cautivó. Málaga figuraba en el itinerario de los dos viajeros como el punto de partida hacia Granada, donde ya hemos contado que es el destino donde más tiempo está y donde mejor se cumplió su ideal hispano. "En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga”.


Y le tocó el turno a Granada.  “En Granada, el traje de fiesta de los hombres es de pana: ¡Caray con la cantidad de pana que gastaban aquellos campesinos! Llevaban pantalones y chaquetas de ese material, unos color violeta, otros azul; polainas de cuero ceñían decorativamente sus pantorrillas; los pantalones, a la altura de las rodillas, tenían una abertura…”. “Veintiún días de sol y buena vida”…. “Granada, al igual que Roma, ha sido para mí una de las ciudades más interesantes del mundo; un lugar donde creí poder echar raíces […] en ambas ciudades me sumí en un estado de ánimo de esos que los afortunados menos sensibles llamarían morboso”.

Sevilla por Alfred Guesdon. (1853)

Rumbo a Gibraltar y luego Cádiz, que al parecer “nada digno de mención ofrecía al forastero". Y al fin, Sevilla, a la que llamó “la reina de las ciudades". Prosiguió su camino pero mala impresión le tuvo que causar Córdoba, puesto que de ella dice "mala ciudad de provincia, triste”… [de la que sólo elogia la mezquita-catedral]. "La ciudad parecía sin vida, abandonada”… Tocaba llegar a la capital de España. Con Madrid fue especialmente duro, diciendo que "no tiene carácter de ciudad española, y mucho menos de capital de España". "Madrid es para mí un camello derrumbado en el desierto”. Con cierta tibieza nos describe Toledo, "lugar que de extraño modo despertó nuestra simpatía" y al fin, su mayor sorpresa fue San Sebastián: "Nadie nos había mencionado esta ciudad de modo especial, ni se nos había dicho que mereciese la pena de una visita larga, la cual sin duda merece.  Es una ciudad genuinamente española, con un paisaje maravilloso".

Madrid por Alfred Guesdon (1854)

Tras casi cuatro meses de estancia en España, se mostraba contento y satisfecho, "de tan buen humor como al volver de una fiesta en la que me había sentido feliz y me lo había pasado estupendamente". Había cumplido su sueño: "El mapa nos muestra a España como la cabeza de doña Europa; yo vi su preciosa cara y no la olvidaré nunca". Y publicó su Viaje por España un año después. El rey del cuento, uno de los mejores literatos de la historia europea contemporánea, apreció tres ciudades: Málaga, Sevilla y Granada. Fue el primero que no inventó la España que tenía alojada en su cabeza y que nos ofreció una imagen aséptica y limpia de nuestro país.

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