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lunes, 5 de octubre de 2015

Braveheart y Granada

Cuando hace 20 años se estrenó la cinta de Mel Gibson, la historia del cine aplaudió una obra épica, llamada desde un primer momento a entrar en el Olimpo del séptimo arte y capaz de inspirar los sentimientos patrióticos de cualquiera. Algunas de sus secuencias han sido usadas por clubes deportivos, las escenas principales han servido como estímulo a campañas nacionalistas e incluso ha inspirado a peñas futbolísticas. No hay duda que el largometraje es uno de los más influyentes de todo el cine y que sus 10 nominaciones y 5 Óscar lo sitúan como pieza fundamental. A pesar de sus errores históricos, Braveheart es hoy una de las películas de culto del cine de acción y sus casi tres horas de duración han quedado grabadas con excepcional recuerdo en la memoria del espectador. Es más, la cinta dio un respaldo involuntario al movimiento nacionalista escocés gigantesco, ya que después del estreno de Braveheart, el mencionado partido escocés dobló su número de escaños.

Bien, antes de que nos enfrasquemos en que Mel Gibson pervirtió la figura del héroe William Wallace, que el guión exageró dramáticamente la historia de su esposa Marian (ni fue asesinada, ni casó con ella en secreto, ni existía el derecho de pernada...) o que se dieron irreales y épicos tintes a la famosa batalla, consagrada ya como una de las escenas cinematográficas más famosas de la historia, por no hablar de la falsedad del romance con la reina inglesa (en la vida real, cuando sucede todo esto, tenía 3 años), vayamos a lo que interesa para esta Alacena. ¿Qué hay detrás de todo esto y por qué Granada tiene mucho que decir en la historia de la historia de Braveheart?

Monumento a Roberto I de Escocia en Stirling

La cinta evoca igualmente la vida de Roberto I, considerado el mayor héroe de la historia del país y que se nos presenta en la película como Robert the Bruce. Descendiente de reyes y  candidato al trono escocés, juró fidelidad a Eduardo I de Inglaterra para después unirse a la rebelión escocesa. Fue finalmente coronado rey, sufrió derrotas, se libró de su cautiverio, consiguió recuperar el territorio perdido y derrotó definitivamente a los ingleses en la batalla de Bannockburn, la famosa escena final de la película. En su testamento pedía que su corazón fuera llevado a Tierra Santa. Para ello, los suyos debían pasar por la Península Ibérica. Hemos de situarnos entre 1330 y 1333, ya que Roberto de Escocia murió en 1329, y el resto de protagonistas, el rey castellano Alfonso XI reinó entre 1325 y 1350 y Muhammad IV, Rey Nazarí, Emir de Granada, hasta 1333.

Mirador de Ismail en el Palacio del Generalife.

Pues bien, de no ser por este último, no habría a día de hoy película, o no al menos una historia detrás que avalara la legendaria cita de "Corazón Valiente" que fundamental el lema "Braveheart del escudo de William Wallace. Y es que Muhammad IV de Granada, jugará un papel fundamental. Para situarnos, hemos de contar algo de este rey que tuvo el difícil cometido de suceder a su padre Ismail, el Emir que dejará una huella única tanto en la historia como en el arte. De la primera, la fabulosa victoria granadina sobre una aplastante coalición de soldados castellanos y de cruzados europeos reclutados por las bulas del Papa Juan XXII, que fueron aniquilados por la infantería granadina. Hablamos de la Batalla de Sierra Elvira, que fue conocida por los cronistas castellanos como El desastre de la Vega. En cuanto al arte, el Emir Ismail nos dejó nada menos que EL GENERALIFE. Así las cosas, su hijo hereda un reino amenazado por las ansias de venganza de la corona de Castilla, que había visto como morían hasta el mismo nieto del Rey (San) Fernando. La guerra a lo largo del sultanato de Muhammad XI estuvo servida.


El Monarca Alfonso XI, conocido como el Justiciero
Por otro lado estuvo Alfonso XI, deseoso de devolvérsela a los granadinos. Aunque al principio, la relación fue de amistad, teniendo en cuenta que en 1336, los granadinos lo ayudarán frente a los ingleses y portugueses que trasladaron a Castilla sus intenciones bélicas y obligaron a los castellanos a entrar en la Guerra de los Cien Años, en el fondo de su corazón, corrió siempre la necesidad de vengarse del Reino de Granada. Así que, volvamos al fallecido rey Roberto de Escocia. Los suyos cumplían su deseo de trasladar su corazón al Santo Sepulcro de Jerusalén. El órgano iba embalsamado en una pequeña urna de plata, colgando del cuello del jefe de la expedición, James Douglas. Y para pasar a Tierra Santa, el camino más corto sería a través de la Península Ibérica.

Monumento-Lápida conmemorativa del suceso en Teba, Málaga

Alfonso XI de Castilla acababa de conseguir que el Papa autorizara y ayudara en una cruzada contra el reino de Granada. La expedición escocesa que porta los restos de su rey, se entera de la inminente marcha y acuden a Sevilla, para comunicarle al rey castellano su intención de participar en la misma. En la actual Málaga, se encuentran los ejércitos cristiano y granadino, bajo el escenario del Castillo de la Estrella, en Teba, del Reino de Granada. Las tropas granadinas vencieron a las cristianas y en la batalla muere toda la expedición escocesa.

La Abadía escocesa de Melrose.

Cuando Muhammad IV fue informado de la nacionalidad de ciertos cadáveres enemigos que se dirigían a Jerusalén con la “reliquia” regia, mandó que los cuerpos de los escoceses junto con el relicario, llegaran a su patria y escoltó hasta la frontera con Castilla mediante su Guardia personal los honoríficos cadáveres. Hoy día, los soldados de Escocia descansan en sus capillas y el corazón de Roberto I, lo hace bajo el Altar de la Abadía de Melrose, donde es reverenciado como el más puro y escocés de los corazones de la Patria y es objeto de visitas nacionalistas que lo siguen recordando como el mayor héroe de su historia y el más importante de sus patriotas.


Y este es el verdadero corazón valiente o Braveheart del que hablan las crónicas escocesas y que fue tomada como título de la película; este fue el que inspiró la cinta de Mel Gibson, de modo que los granadinos y sin pretenderlo, cambiaron parte del curso de la historia. Y en esta ocasión concreta, el del séptimo arte. 

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