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lunes, 31 de marzo de 2014

Horario de verano

Ayer mismo sufrimos el adelanto de la hora de forma que a las dos de la madrugada, de sopetón, perdíamos 60 minutos de vida, los mismos que ganamos el último domingo de octubre, para adaptarnos al horario de verano. La polémica medida viene siendo muy discutida en estas fechas por cuantos opinan que España necesita modificar sus hábitos y comportamientos y abandonar el huso horario que no le corresponde, adoptado por el franquismo hace algo más de 70 años y que es responsable de la poca practicidad de nuestros días, del exiguo aprovechamiento de la jornada laboral y escolar y en definitiva, de un modelo que ha de cambiarse. Pero esta hora aumentada hace que en breve, anochezca en el cielo español a casi las 22 horas del día, que el turismo internacional busque los cientos y cientos de horas de sol que sin interrupción van a brillar sobre el suelo patrio y que el clima mil veces bendecido y aplaudido de España, tenga una identidad propia. Estamos en el llamado horario de verano, que, aunque parezca extraño, tiene casi un siglo a sus espaldas.

Relieve del dios Sol del Altar de Pérgamo. 

El sol ha regido la vida de la humanidad, ha sido adorado como Dios, ha marcado el trascurso de la historia y ha constituido la más segura fuente de vida junto al agua. Por eso nadie crea que es algo nuevo el ajuste de horas, ya que egipcios y romanos adelantaban o restaban horas de su calendario para el mayor aprovechamiento de la luz natural. Roma  dividía el tiempo de luz en doce horas de igual duración (horas temporarias), de manera que en la estación veraniega, las horas de luz eran más largas que en el invierno, todo ello dependiendo de la latitud. Por ejemplo, la tercera hora tras el amanecer, (hora tertia) empezaba a las 09:02 y duraba 44 minutos en invierno, pero en verano empezaba a las 06:58 y duraba 75 minutos.

Galileo enseñándole al Dux de Venecia el uso del telescopio. Guiseppe Bertini, 1858. 

A un estudioso como Hiparco de Nicea debemos hace 2.200 años una división perfecta del día en 24 horas de igual duración, pero que nunca entró en vigor. De hecho, hasta los primeros relojes mecánicos más o menos fiables, en la Centroeuropa del siglo XIV, no se puede precisar con garantías los 1.440 minutos exactos de una jornada completa. Más aún, no será hasta los trabajos de Galileo Galilei en 1582 que se empeña en estudiar la cinemática del péndulo, cuando podamos hablar de un reloj preciso y fiable. Así que la Antigüedad formuló la duración de los días, sí, pero sin una base fidedigna.

Benjamin Franklin

Todo esto nos lleva a la figura capital de Benjamin Franklin que en 1784 publicaba una carta durante su estancia en París con una clara vocación de servicio público: lo que hacía era reprender a los parisinos e instarlos a que ahorraran en velas y en cera  levantándose más temprano, con la finalidad de aprovechar mejor la luz del sol. Esa mítica carta del Diario Journal de París, bajo el sugerente título de ECONOMÍA, es sin duda el primer intento del hombre de ajustar desde la perspectiva del ahorro y aprovechamiento energético nuestro día. En su ensayo, Benjamin Franklin pedía un impuesto especial para los que tuvieran contraventanas y de esa forma, fueran más propicios a holgazanear en la cama. Además, apuntaba que los campanarios parisinos debían ser los que se empeñaran en despertar temprano a la población y pedía racionar la venta de velas, insistiendo así en el ahorro. Es cierto, Franklin no propuso el cambio de hora, pero preconizó éste, así que es casi el padre del horario de verano.

El Mundo estaba cambiando. El transporte público era una realidad, las grandes ciudades lucían orgullosas su tren, era necesario fijar unos horarios de salida y llegada para la mejor organización de los pasajeros y desde 1814, cuando Richard Trevithick condujo la primera locomotora, hacía falta un control de horas. Los ciudadanos europeos cada vez en mayor número tenían relojes personales y a finales del siglo XIX, se desató en Inglaterra la moda entre las mujeres de llevar relojes de pulsera que luego popularizó entre los hombres la I Guerra Mundial.

Así las cosas, nos detenemos en el año 1905 y en otro visionario, el constructor inglés William Willett que se había convertido en un maniático del golf. Tal era su afición por este deporte que madrugaba especialmente en días festivos para practicarlo, de manera que de regreso del campo pensó en la cantidad de paisanos que dormían en verano siendo ya de día y en 1907 se convierte en el primero que hace pública la idea de aprovechar mejor las horas de luz adelantando o retrasando el horario. Está claro que nadie es profeta en su tierra, porque los británicos hicieron oídos sordos a su propuesta, pero no así los alemanes que se convierten en los primeros ciudadanos del Mundo en emplear el horario de verano. Era un 30 de abril de 1916 y como quiera que medio mundo se batía en la Gran Guerra, no tardaron los países en copiar a los alemanes. Así, antes de que acabara aquella Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos se hacían eco de la propuesta y en 1918 incluían el horario de verano.

La Cámara de los Comunes del Parlamento Británico

Cuando William Willett hizo pública su propuesta de instaurar un horario de verano, fue secundada al instante por el rey Eduardo VII o el futuro Primer Ministro, Winston Churchill, además del Director del Banco Nacional, pero tuvo en contra al entonces Primer Ministro, al Astrónomo Real o al Director de la Oficina Meteorológica. Se llevó al Parlamento Británico y la propuesta fue rechazada por estrecho margen, aunque aquellos que la secundaban, siguieron empecinados en lograr el horario de verano y la propusieron 1911, 1913 y 1914; Parece que el pueblo anglosajón no fue muy dado a aceptar dicha medida, que si fue controvertida en Inglaterra, en Estados Unidos llegó a tintes de drama nacional. Propuesta por un congresista del Estado de Massachusetts en 1909, el rechazo de la Cámara estadounidense fue rotundo.

El Presidente estadounidense Woodrow Wilson, que tumbó la propuesta varias veces

Y aunque les parezca grotesco, si algo bueno tuvo la Primera Guerra Mundial fue que se convirtió en responsable del cambio de mentalidad: el horario de verano supuso un ahorro de carbón, mitigó los apagones nocturnos para dificultar los bombardeos y la rápida aceptación de los alemanes, fue secundada casi de inmediato por el Reino Unido, que apenas un  mes después, el 21 de mayo de 1916, adoptaba el horario veraniego.


"Los agricultores". Vincent van Gogh, 1885

Así, en 1918, todo el Mundo Occidental comulgaba con el adelanto y atraso de la hora para el aprovechamiento de la luz del sol. Sólo un colectivo fue reacio durante décadas: los agricultores. 

domingo, 30 de marzo de 2014

Cuando Alaska fue española

Fue un 30 de marzo pero de hace 147 años. Rusia estaba cansada de los problemas que le acarrea el improductivo territorio de Alaska, imposible de colonizar por lo inclemente de su meteorología, decide vendérselo a los Estados Unidos por la modesta cantidad de 7.200.000 dólares en oro. De este modo evita justificar un gasto militar en la defensa de la soberanía de un terreno que la mayoría de la población rusa ve como baldío, y que, probablemente, hubieran tenido que defender cuando los canadienses se independizasen de los ingleses.

Pero el primer dominio sobre Alaska, fue de los españoles. Con la Bula de un Papa y los descubrimientos de españoles y portugueses, se repartió el Mundo. Y en esa partición, la actual Alaska le tocaba en el lote a la Corona de España. En 1774, una expedición al mando del capitán Juan José Pérez Hernández tomaba posesión de la Isla Nutka y otras posteriores, bordeando la costa de California, dieron a España el dominio sobre el hielo permanente de Alaska. Así hasta que en 1789, Carlos III ordenó ocupar todo lo hallado ante la continua presencia de rusos. Justo cuando desembarcaban los galeones hispanos, cómo no, la zona estaba plagada de corsarios ingleses.

Una vez más y aunque les duela recordarlo, España se antepuso a los británicos y les ganó la batalla naval. La Fragata Princesa comandada por Esteban José Martínez, apresó a los ingleses, pero lejos de ser felicitado, el capitán recibió una sonora reprimenda, puesto que a lo mejor, los hijos de la Pérfida Albión se mosqueaban. Lejos quedaba la hombría y el honor de don Blas de Lezo, en una España que le quedaba poco para abandonar el siglo XVIII y con él, el último atisbo de grandeza. Todo lo que consiguió el grandioso ejército español fue devuelto a Inglaterra por una clase política acobardada y lejos de dialogante, torpe. No hay más que darse cuenta de los recursos que en petróleo y otros, ha dado aquello.


Hace 240 años Alaska pasaba a ser oficialmente española. Luego, fue entregada sin recibir nada a cambio a Inglaterra, que por  el mero hecho de conseguirla a su enemigo histórico, le bastó, dándola por olvidada. Rusia se hacía con aquella tierra helada y hace 147 años, la vendía. La lección es contundente y tiene a Melilla o a Ceuta como ejemplos muy actuales. De Gibraltar, mejor ni hablar. Porque la moraleja es que, en este país, el pueblo ha sido siempre el que ha tenido que sacarle las castañas del fuego a la Patria.

sábado, 29 de marzo de 2014

La columna salomónica

Detalle del Libro de las Horas de Étienne Chevalier (1450) de Jean Fouquet- 
Toma de Jerusalén por el Rey Herodes el Grande.  

Si hay una pieza de la historia del arte que tiene mucho que ver con Granada, esa es sin duda la Columna Salomónica, que nació de una interpretación de un pasaje del Antiguo Testamento, en concreto del primer Libro de los Reyes donde describía como era el Templo que construyó Salomón en la ciudad de Jerusalén y que lleva una primera alusión a esta tierra, al menos al elemento que la viene representando desde hace cientos de años: “Los capiteles sobre las dos columnas tenían 200 granadas en dos hileras” (I Libro de los Reyes, 7).

La columna salomónica nace como derivación de la famosa Columna de Trajano concluida en el año 114. Realmente se trataba de una inmensa columna de fuste helicoidal que servía para narrar historias, ésta en concreto de los triunfos militares del Emperador Hispano. Por tanto, la columna helicoidal será un precedente de la salomónica y que caló en el arte románico.

Aunque jamás fue olvidada, como demuestra la “Anunciación” que pintó Simone Martini en 1330, gracias a la descomunal figura de Rafael Sanzio, como buen renacentista y recuperador de la tradición cultural y estética de la Antigüedad el que define la columna en sí cuando realiza los cartones que han de servir a la ejecución de los tapices que encarga el Papa León X para decorar las estancias vaticanas. Dichas obras de Rafael son de 1515-16; en concreto, el Cartón de "La curación del ciego" de Rafael, escenifica el milagro de Cristo en un espacio o sala cuyas cubiertas son sostenidas por columnas salomónicas. Son las primeras del arte, ya que hasta el momento, no podemos más que hablar de "helicoidales": 

"La circuncisión". Giulio Romano, 1522.

Los artistas del Renacimiento se lanzarán a copiar a los grandes maestros y bajo el influjo de nombres determinantes como Leonardo, Miguel Ángel o Rafael, irá perfilándose un estilo que preconiza ya el barroco y que hemos venido a titular manierismo. Autores descomunales son los que "a la manera" de los grandes, copian sus ideas y modelos y es así como va ganando en representaciones la columna salomónica, como vemos en el lienzo de Gulio Romano, "La circuncisión" de 1522, que casi reproduce el complejo arquitectónico que ya había pintado unos 7 años antes Rafael, para situar el asunto pictórico. Cómo no, la columna salomónica a imitación de Sanzio, aparece en escena. 

La Columna Salomónica por Vignola, 1562

En 1562, Jacopo Vignola ha terminado su "Tratado de los cinco órdenes de la Arquitectura", quizás el más contundente e influyente libro que hasta el siglo XIX estará en vigor en todo Occidente. El afamado arquitecto y tratadista tendrá un especial capítulo para la columna salomónica, a la que dedica dibujo de planta y alzado para explicar cómo llevarla a cabo. Sin duda, este elemento ha cobrado ya fuerza en las artes, aunque a excepción de la pintura, todavía no se hubiera puesto en práctica en la arquitectura u otros. 

Baldaquino de San Pedro Vaticano, Lorenzo Bernini 1624

Y así llegamos a la figura capital de Lorenzo Bernini que recibía el encargo de ejecutar una pieza singular para el presbiterio de la Basílica de San Pedro. Será así como se le ocurre proyectar el Baldaquino de la Basílica Vaticana, sostenido por columnas salomónicas de airosos pámpanos que supondrá el definitivo empuje a este elemento, su consagración en el arte y la difusión absoluta que conocería. 

Hay un precedente de la columna salomónica en España que gracias al Tratado de Vignola, hace que se use por vez primera en nuestro país en el fabuloso Tabernáculo de la Catedral de Sevilla, pieza clave de la orfebrería española y elemento importantísimo para entender la arquitectura del barroco, aunque se trate de una obra de plata y oro que el orfebre Juan de Alfaro realizó entre 1593 y 1596. 

Retablo Mayor Santos Justo y Pastor de Granada (1630-1660)

Y así aparece ya Granada, que se convierte en la primera ciudad española en el uso de la columna salomónica en un Retablo y pionera en su empleo desde la perspectiva arquitectónica, gracias al Retablo Mayor de la Colegiata (hoy Parroquia) de los Santos Justo y Pastor que entonces, era el Altar Grande de la Casa Grande de los Jesuitas. Fue diseñado en 1630 y no está exento de controversia, ya que algunos retrasan este hecho fundamental al terminarse el mismo en 1660, lo que no quita que su proyecto original, 30 años antes, lo convierta en PRIMERO EN EL EMPLEO DE LA COLUMNA SALOMÓNICA EN ESPAÑA.  

Retablo Mayor Santos Justo y Pastor de Granada (1630-1660)

El mismo año de 1630, Bernardo Cabrera y Gregorio Español proyectaron un retablo para la Capilla de las Reliquias de la Catedral de Santiago de Compostela, con la inclusión de columnas salomónicas. Así pues, sería junto al Retablo de Granada, los primeros en el uso de este elemento, pero como quiera que un incendio lo destruyó en 1921 y era como poco, tan antiguo pero no más que el granadino, sigue siendo éste el pionero en España.

Retablo Mayor de la Capilla de Santa Elena de la Catedral de Zaragoza. 

Con una antigüedad similar, España va a ser testigo de grandes proyectos de Retablos en los que se empleará la columna salomónica, como el tristemente desaparecido Retablo Mayor de la Cartuja de la Defensión de Jerez de la Frontera, que fue previsto por José de Arce entre 1636 y 1639, en el que colaborará el granadino Alonso Cano y que por culpa de la Desamortización de Mendizábal, fue destrozado y quemado por partes en las panaderías jerezanas con el fin de extraer de él el oro que lo recubría. También es de fechas muy tempranas, el Retablo de la Capilla de Santa Elena en la Seo de Zaragoza.


Dibujo de una portada de Alonso Cano, de hacia 1635. 

El Retablo granadino será igualmente anterior a los tratados del fraile benedictino Juan Andrés Ricci de Guevara, pintor, arquitecto y tratadista barroco español que en 1663 sacaba a la luz el “Breve tratado de arquitectura acerca del Orden Salomónico”. Pero si alguien contribuyó definitivamente a la extensión de la decoración salomónica y del empleo de esta columna fueron Alonso Matías, autor de retablos míticos como el Mayor de la Catedral de Córdoba y por supuesto, Alonso Cano. Ambos representaron el cambio de gusto de la retablística española. Discípulo del granadino, del gran fénix de las artes, fue en Madrid Sebastián Herrera Barnuevo, que patentó en Castilla y todo el centro peninsular la columna salomónica con proyectos como el del Tabernáculo de San Isidro Labrador en Madrid, de 1645 a 1655. 

Ya ven, otra de las cosas en las que Granada fue pionera, adelantándose al resto de España. 

viernes, 28 de marzo de 2014

Museo del Hermitage

El mundo militar tiene en España a una pionera, inventora por ejemplo de la Infantería de Marina o la que tiene la academia militar más antigua del Mundo en funcionamiento. También puede presumir y presume de que la Policía Local de Granada es el cuerpo más antiguo de su género, fundado por los Reyes Católicos en 1492. Tendríamos ahora que acordarnos de los desaparecidos serenos, de la élite de la seguridad que tiene a los SWAT de Estados Unidos como referente y de la recientemente aprobada ley que da impulso y carta de libertad a los guardias de seguridad españoles. Pero si hay un grupo de vigilantes particulares, únicos y extraordinarios en este planeta, sin duda son los que se encargan de la protección del Museo del Hermitage de San Petersburgo, en Rusia, que este 2014, cumplen 250 años al servicio de la pinacoteca más grande del Mundo.

Dos millones y medio de personas visitan anualmente el complejo museístico del Hermitage, una gigante colección de arte que se distribuye en 5 edificios que fueron residencia de los zares rusos, entre los que destacan joyas de Miguel Ángel, Leonardo, Zurbarán, Velázquez o Monet. Todo empezó en 1764, cuando Catalina la Grande adquirió una colección de 225 obras de pintura flamenca y holandesa, principalmente formada por lienzos de Rubens y Rembrandt.

El zar Pedro I mandó traer gatos de Holanda. Su hija, la zarina Isabel, le tenía pavor a los ratones, que pululaban a placer por el Palacio de Invierno. Pero cuando Catalina la Grande decide formar una colección de arte en los palacios imperiales, se da cuenta que los ratones que provienen del río Neva, próximo a los Palacios, roen sin tapujos los bastidores de su preciada colección, decide que los gatos que su antepasado llevó a Rusia, tengan una función especial: proteger los fondos pictóricos rusos.

Corría el año 1764 y desde entonces, los gatos del Hermitage llevan 250 años al servicio del arte. Esta patrulla gatuna ha sido testigo del asesinato de la familia imperial, de la llegada del comunismo, de la Primera Guerra Mundial y hasta del Sitio de Leningrado (la actual San Petersburgo) que después de casi  900 días, desde 1941 hasta 1944, estuvieron a punto de acabar con ellos. El hambre empujó a los ciudadanos a acabar con los gatos y tras el fin de la II Guerra Mundial, pasada la amenaza, la fiel patrulla defensora de los cuadros del Hermitage volvió a ocupar su puesto de trabajo.

La emperatriz Catalina II, dio orden de seleccionar a los mejores gatos cazadores de ratones y les dio el estatus privilegiado de custodios de las riquezas imperiales. Desde hace dos siglos y medio, las tres millones de piezas dependen de una cuidada patrulla formada por 65 gatos que vigilan especialmente las obras de arte no expuestas, ya que el Museo sólo tiene capacidad, a pesar de sus gigantescas dimensiones, para exponer 90.000 obras, es decir, el 3% del total de los fondos.  

Algunas de las anécdotas que han protagonizado fue su exceso de población hacia 1970, cuando se reprodujeron de tal modo que campaban a sus anchas por todas las dependencias del museo. Desde entonces, no menos de 65 y no más de 70 forman uno de los cuerpos de vigilancia más antiguos y singulares del Mundo, que cuando excede de este número,  se dan en adopción. Son gatos callejeros jerarquizados en tres niveles que recuerdan su pasado aristocrático: aristócratas, casta media y casta baja, divididos así dependiendo de su zona de actuación. Cuentan con  documentos oficiales con su fotografía acreditando su condición de guardia oficial del museo.


Cada 28 de marzo, el Hermitage celebra el día del Gato. Los más fieles amantes del arte que existen en el Mundo. 

jueves, 27 de marzo de 2014

Isidoro Máiquez

Se celebra hoy el Día Mundial del Teatro y tal vez sea una buena oportunidad para recordar la figura del que quizás haya sido el actor más característico, importante y de calidad de la historia de España, un cartagenero que si embargo, adoró a Granada y en ella moriría. Precisamente hace 9 días, conmemorábamos los 194 años que hace de su muerte, acaecida el 18 de marzo de 1820 en nuestra tierra y en donde desde 1839, tiene monumento, memoria y ofrenda floral incluso, que cada año, un día como hoy, se encarga de perpetuar la vida del primero y principal hombre del teatro español, de un granadino de adopción grande y sin igual.

"Retrato de Isidoro Máiquez". Francisco de Goya, 1807.

Isidoro Máiquez (1768-1820) fue el mejor actor de su época, predilecto de la escena española desde que en 1801 estrenara “El celoso confundido” y un enamorado del teatro de Shakespeare y de la tragedia francesa. Fue pensionado por el Gobierno Español para que estudiara las técnicas interpretativas en París y se especializó en las obras del inglés, como “Otelo” o “Macbeth” y consiguió éxitos aplastantes con “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca y “Numancia” de Miguel de Cervantes. Fue un reformador del teatro, se trajo a España lo aprendido en Francia, caso del cuidado del vestuario y de los decorados y fue un admirado del rey intruso José Bonaparte.

En 1818 redactaba un Reglamento de teatros con el que conseguía el reconocimiento del autor, la administración  de los ingresos o la manera de anunciar y editar los carteles. Gracias a Isidoro Máiquez nacieron en España las representaciones nocturnas, pero sus ideas liberales le trajeron no pocos problemas, al punto de ser desterrado a Granada, ciudad que conocía bien y en la que había residido con anterioridad. Aquí murió loco, incomprendido y apartado del mundo que fue su vida.


Pasaron 19 años de su muerte, para que tres importantes personas del mundo de la escena, residentes en aquella Granada de 1839, se propusieran rescatar del olvido al que fue el más importante actor y padre del teatro moderno español. Fueron Matilde Díaz y los hermanos Florencio y Julián Romea, que se encargaron de erigir un monumento-homenaje para recordar su memoria, que ejecutó el escenógrafo y arquitecto granadino José Marcelo Contreras

La Plaza de Bailén o de Mariana Pineda en 1880.

Pero en Granada no todo es fácil, y desde que Julián Romea solicitara al Ayuntamiento de Granada que se instalara en la entonces conocida como Plaza de Bailén, ocurrieron varias vicisitudes.  El entonces alcalde de la ciudad se negó por tener prevista allí la colocación de un monumento homenaje a Mariana Pineda, que ejecutó finalmente Miguel Marín y su discípulo Francisco Morales, entre 1869 y 1870. Es curioso, esta Plaza que hoy lleva el nombre de la mítica Mariana, empezó a proyectarse en 1833 por el Capitán General de Granada Francisco Javier Abadía, se acabó en 1843 y la idea de ubicar en su centro un monumento a Pineda nació en 1841, de manera que cuando los actores Romea y Matilde Díaz presentaron su proyecto al Ayuntamiento, ni siquiera estaba en mente este Monumento-Homenaje a Mariana Pineda, que al igual que Isidoro Máiquez, fue otra víctima de la represión fernandina y adalid de la libertad, luego, ¿desde un primer momento hubo una manipulación de una figura como la de Pineda? 

Vista de Puerta Real-Embovedado-Campillo hacia 1880

Visto lo visto, los promotores del monumento a la memoria de Máiquez tuvieron que soñar con un nuevo espacio, que consiguieron al fin. Su primer destino fue la Plaza del Campillo, que durante algunos años se llamó Plaza de Isidoro Máiquez, hasta que en 1854, fue trasladado al cementerio de la ciudad para, posteriormente, ser llevado al Paseo de la Bomba. En 1920 sería nuevamente mudado, a los jardines adyacentes al río Genil y, por fin, en 1942, se instaló definitivamente en la entonces conocida como Plaza de los Tiros, hoy plaza del Padre Suárez, frente a la Casa de los Tiros.

Desde 1942 se levanta en la Plaza del Padre Suárez, frente al soberbio palacio renacentista que fuera uno de los primeros museos románticos del Mundo y residencia de los sucesores de la Casa Real nazarí, LOS TIROS. Allí, un pedestal soporta la columna estriada en cuyo fuste se enrosca, a manera de filacteria, la banda con la inscripción GLORIA AL GENIO. Se remata en un vaso funerario y lleva inscritos los nombres de las obras que se convertirían en grandes éxitos teatrales de Máiquez. 


Además, la ciudad honra por partida doble la figura de tan insigne artista con un teatro, el de la Obra Cultural de Caja Granada, alojado en el interior del fantástico edificio del Museo de la Memoria que llevó a cabo Alberto Campo Baeza en 2006-2009. 

miércoles, 26 de marzo de 2014

Iglesia de los Santos Justo y Pastor

La Compañía de Jesús fue desde su creación por el español San Ignacio de Loyola, el referente de la Iglesia culta, el brazo armado del catolicismo instruido. Cuando se crea la provincia del sur de España, el primer asentamiento se produce en 1554, correspondiendo a la vez, a Sevilla y Granada. Curiosamente la primera casa del sur es la de Granada y en su provincia se fundará la última, la Residencia de Motril, en el año 1738. El caso es que su Casa Madre será la Iglesia del Colegio de San Pablo, elevada a Colegiata y hoy bajo la dedicación de los Santos Justo y Pastor, que sigue aireando no sólo su historia sino su determinante calidad artística y su valiosa aportación, inmueble y patrimonio mueble, a la historia del arte. Tal día como hoy, HACE 440 AÑOS, hace 439 años empezaban las obras de la actual Iglesia Parroquial de los Santos Justo y Pastor. Corría el año 1574.

Pero lo cierto es que el proyecto de la Iglesia estaba ya en 1562, aunque fue desechado al tiempo que se encargó nada menos que al prestigioso maestro mayor de obras de la Catedral, Lázaro de Velasco, junto al hermano jesuita Martín de Baseta, que dieran con el diseño definitivo de templo. Ayudó y supervisó otro maestro catedralicio, Juan de Maeda, en 1589 estaba casi conclusa la Iglesia, en 1596 es posible cruzar la que entonces era su puerta primera y es hoy portada lateral, sustituida por la barroquísima y elegante portada principal de 1740 y al fin, en 1712 se eleva su potente cúpula, que tiene como característica singular que fue ejecutada a semejanza de la cúpula de San Lorenzo del Escorial. Casi doscientos años de trabajos en los que nació un modelo de Iglesia que fue exportado a otras casas de la Compañía de Jesús  y que patentó el “estilo jesuítico” tal y como se puede ver en el Gesú de Roma.

Todos los detalles que hemos dicho convierten a la Vieja Casa Grande de la Compañía en uno de los más atractivos ejemplos del manierismo y del barroco de la arquitectura del sur de España. Su declive empezó con la expulsión jesuítica en 1767; hasta 1851 fue Colegiata y desde entonces, la Parroquial. Conserva obras de los hermanos García (atención especial merece el Ecce Homo de estos protobarrocos granadinos), de Alonso de Mena (los angelotes de los cornisones son suyos), de José de Mora (destacamos el Nazareno o la fabulosa Inmaculada del Retablo Mayor), de Diego de Mora (el San José del Crucero) o Torcuato Ruiz del Peral (los Arcángeles San Miguel y San Rafael). La serie de lienzos representa lo mejor del barroco granadino y de la pintura de los propios hermanos de la Compañía.

EL RETABLO EN SU ESTADO ORIGINAL

Pero es sin duda el Retablo Mayor de la antigua Colegiata de los Jesuitas el que polariza la atención de la Iglesia, no ya desde la perspectiva de la calidad artística, porque es difícil que el espectador no atienda a la inmensa cantidad de patrimonio labrado desde finales del siglo XVI para el estímulo devocional. El Retablo Mayor fue trazado en 1630 y es a todas luces, el que mejor supo entender la función de estas inmensas máquinas arquitectónicas destinadas a sorprender al fiel. Esta pieza se convierte en el primero de toda España en usar la columna salomónica y además, abunda en un concepto claro contrarreformista: convertirse en una pieza didáctica, evangelizadora y capaz de polarizar la atención del fiel.

EL RETABLO PARA OCASIONES SOLEMNES

El barroco es un continuo movimiento destinado a la fascinación del espectador, un estilo en donde predomina un lenguaje de poder y la idea de lanzar un mensaje al que contemple su arte de manera que quede subyugado por el “horror vacui” y otros mecanismos creados por este estilo. Fue el predilecto de la Iglesia en su Contrarreforma, o tal vez fue hijo de ella, pues supo conmocionar por su ostentosidad y capacidad sugestiva como ningún otro. Así que este Retablo aterriza en Granada como el más didáctico y claro ejemplo de qué es una pieza de este tipo: todo gira, todo cambia, de manera que se puede dar la vuelta al tabernáculo, a los relicarios o al mismísimo lienzo del remate. De un lado, los relicarios se convierten en lienzos pintados por Pedro Atanasio Bocanegra, del que celebramos en 2014 los 325 años de su fallecimiento. Se ocultan unos para dar paso, mediante un mecanismo, al Bautismo de Cristo, la Flagelación o asuntos de la vida de San Pablo. El útlimo lienzo, que remata el conjunto, la Conversión de San Pablo, se gira para exhibir si así se quiere, un crucificado.

El Retablo es único en España, un artilugio que conseguí que apareciesen por sorpresa, dependiendo de las fiestas, relicarios o cuadros, aportando una espectacularidad didáctica. De repente, en las grandes solemnidades, los fieles veían cómo  a la manera de las tramoyas del teatro, como la escenografía de las mejores óperas del Mundo, salían a la luz los cuadros de “San Pablo curado por Ananías”, “San Pablo en éxtasis”, “San Pablo Flagelado” y “San Pablo Predicando”. Y al contrario, la “Conversión de San Pablo” del ático, de re`pente daba paso a un crucificado. Pero además, son una de las pocas series pictóricas españolas que continúan en su lugar original, tal vez junto a las de Alonso Cano del Retablo Mayor de la Catedral de Granada o a las de Zurbarán en la Sacristía de Guadalupe.  



440 años de una joya no sólo del arte, no sólo de la historia... Una joya incluso de la mecánica, de la sugestión y de la ilusión óptica. UNA MÁQUINA PARA LA CATEQUESIS CATÓLICA






martes, 25 de marzo de 2014

La seda granadina

El pueblo musulmán extendió el cultivo y manufacturado de la seda en toda a Península Ibérica, pero por alguna extraña razón la granadina era infinitamente mejor que la de cualquier zona de al-Andalus. Desde los puertos de Almería y Málaga, la seda granadina viajaba rumbo a Oriente Medio, a Génova o Venecia. Después de la reconquista cristiana, cayeron las sedas de Córdoba o de Almería, pero la granadina siguió reclamándose y siendo apreciada por los embajadores alemanes y venecianos, caso de Münzer o Navaggiero entre otros.

Los paños se vendían en el Zacatín y se confeccionaban en la Alcaicería. Si en la época de la Granada musulmana, nuestra seda recorrió todo el Mediterráneo, con los Reyes Católicos fue la primera en desembarcar en el continente americano y echar raíces al otro lado del Atlántico. Era la seda alpujarreña la más meritoria, alimentada con extensos bosque de moreras y morales, las moreras negras y blancas que daban un perfecto alimento al gusano de seda. La calidad ambiental y del agua de nuestra Alpujarra daba  una seda inmejorable y se prefería la morera blanca con la que el gusano era capaz de realizar una seda más fina;

Murcianos y valencianos se lanzaron a la revitalización de sus cultivos y confecciones de seda después del fabuloso mercado americano que apareció ante los españoles con el Descubrimiento. Pero la morera blanca granadina seguía siendo la responsable de la calidad de nuestra seda por encima de las demás;  durante el verano, se recogía de los capullos. En el invierno tocaba su hilado y posterior torcido y teñido. Fue en 1511 cuando se crea en Granada la Casa del Arte de la Seda o Gremio de Sederos puestos bajo la protección de la Natividad de Nuestra Señora, en la calle Cobertizo de Santo Domingo. Desde allí se garantizaba la calidad de las sedas, negocio que prospera a ritmos insospechados: Granada era capaz de sacar adelante tanta seda que en el siglo XVI había 300 tornos de raso, felpas y brocados. en 1568, la seda daba trabajo a 4.000 tejedores, más los casi 500 dedicados a la compraventa, los hiladores, torcedores, tintoreros, bordadores y sastres. Eso suponía que el 20 % de la población activa de la capital, vivía de la seda.


Ésta no haría más que aumentar su prestigio, su calidad y su empresa. En el siglo XVII funcionaban ya unos 3.000 telares y los tafetanes, damascos, terciopelos, pañuelos o guantes granadinos corrían por media Europa. Agradecidos por ello, los torcedores de seda levantaron una cruz en el Camino del Sacromonte en 1604, en honor a la fe disparada que los hallazgos de reliquias y testimonios del pasado cristiano de Granada estaban sucediendo. Levantaron después su propia casa de acogida para los torcedores pobres y un hospital para sus enfermos.

Peor el negocio se va a resentir por culpa de la sublevación y luego expulsión de los moriscos, las cargas fiscales, la competencia de otras regiones, o la reconversión de las tierras con otros cultivos. Aún quedaba lugar para Granada en el universo de la seda internacional y gracias a los telares y fábricas de José López Barajas Pantoja y Moya, la seda granadina arrasaba en América que demandaba su exquisita labor, limpieza de los tintes y exactitud de la longitud de las piezas. No era de extrañar que en el siglo XVIII, más de 5.000 personas vivieran directamente de la seda. Pero ésta estaba siendo golpeada irremisiblemente al punto de que desapareció. No será hasta el reinado de Alfonso XIII que se quiera recuperar la que fue una de las industrias más importantes de España durante siglos y se pensó en el cultivo, recolección y tejido de seda.  

Así, en 1921, nació la Escuela de Sericicultura de Granada, con un responsable que dependía directamente de la Comisaría Regia de la Seda. Y su Comisario regio será el que protagonice el último gran proyecto sedero granadino. Se llamaba Federico Bernades y Alavedra y a sus manos llega en 1928 la seda obtenida por los alumnos de aquella Escuela Real desde Granada. Valoró la calidad de la misma e instó y animó a los granadinos encabezando un proyecto: regalarle un manto a la Virgen de las Angustias con esa misma seda, poniendo a la Comisaría Regia Nacional y a sus talleres bajo la protección de la Patrona de Granada.


En 1929 se entregaba. Con un originalísimo diseño, el “Manto de los gusanitos” o de LA METAMORFOSIS fue el responsable de que renaciera la idea de promocionar la producción, manipulación e industrialización de la seda y que Granada recobrara el título de CAPITAL DE EUROPA Y AMÉRICA en estas lides; pero no pudo ser y hoy nos queda como recuerdo, que un día, los gusanos granadinos y las moreras alpujarreñas, dieron como resultado, la industria más próspera de la España del momento y la forma de vida de todo un reino.