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viernes, 28 de febrero de 2014

El Mundo Español

El Emperador Teodosio con San Ambrosio. Anton van Eyck, 1620

El catolicismo es lo que es gracias a España; suena casi herético y muchos piensan que exagerado, pero sin las espadas españolas rebanando protestantes por media Europa, sin los frailes humanos y humanitarios predicando por toda América, sin los monarcas españoles costeando, protegiendo y apoyando a Roma y sin el matrimonio artífice de España, Isabel y Fernando, echando a los últimos musulmanes del continente, ¿qué sería del catolicísimo? Y encima, tal día como hoy, de hace la friolera de 1634 años, un español (en este caso hispano, pero...) declaró y proclamó al cristianismo como Religión Oficial del Imperio y protegió decididamente la que, hasta días antes de un 28 de febrero de 380, era una religión proscrita, perseguida y asesinada por el poder romano.

El obelisco de Teodosio en Estambul

En la actual población segoviana de Coca nacía Teodosio. Fue el último emperador de Occidente y de Oriente, de una Roma todavía unida e indivisible. Frenó las invasiones bárbaras, pactó con los godos y los introdujo en el ejército romano, rehízo la división del Imperio, lo mantuvo unido, fue un mecenas de las artes, ingenió el conocido como Obelisco de Teodosio e impulsó el arte conceptual romano, basado en el orden, la simetría, la proporción y el decoro. Desde la perspectiva religiosa, redimió al cristianismo, combatió el paganismo y a la postre, consiguió que se convirtiera en religión oficial. Vamos, un Emperador digno de recordar, encima paisano nuestro.


¿Queda ahora alguna duda de que sin España, la Iglesia Católica no sería lo que es? ¿Queda alguna duda de que posiblemente, sin los españoles (e hispanos de Hispania, vamos), a lo mejor ni siquiera existiría? ¿Quedaba alguna duda de todo lo que este pueblo, a lo largo de dos mil años, ha sido capaz de darle a la Humanidad?

jueves, 27 de febrero de 2014

El primer cristiano de Granada

Esta historia cuenta la vida de un granadino muy especial y por varios motivos. Primero, porque desmiente esa imagen antisemita de los Reyes Católicos; segundo, porque nos habla de los primeros españoles que ocuparon tareas de gobierno en América. Y al cabo, porque su huella permanece aún en la memoria de Nueva España, en la historia de México y en lo curioso. Estamos hablando nada menos, que del primer cristiano que nacía en Granada, después de 781 años.

Gonzalo fue uno de los protagonistas de los primeros acontecimientos de la América española. Quizás decir eso es escueto y parco; fue uno de los actores principales de aquella Nueva España, que alcanzó fama, conoció el éxito y a su vez, vivió el fracaso, la derrota y hasta la privación de libertad. Hijo de judío y por tanto, cristiano nuevo, eso no importó para que le dejaran viajar al Nuevo Mundo, para ocupar un cargo del alto funcionariado y para ser el más mimado de los niños que nacieron en el año de 1492.

Aunque algunos apuntan que nació en Úbeda y su padrino de bautismo nada menos que Francisco de los Cobos, el posterior secretario personal de Carlos I, el poderoso Canciller Imperial, Gonzalo seguro se bautizó en Granada, un 6 de enero de 1492. El agua bendita volvía a una ciudad dominada por espacio de casi ocho siglos por el Islam. Si la sociedad española ha celebrado desde siempre la administración de sacramentos, aquel sería el bautizo más festivo que haya visto esta tierra. Los mismos Reyes Católicos lo colmaron de regalos y hubo fiesta en la corte. ¿Quién era su familia para que un hecho tan cotidiano fuese tan celebrado? ¡Aunque se tratara del primer cristiano de Granada, 8 siglos después!

Gonzalo era hijo del el doctor don Juan Fernández de Guadalupe, originario de Salamanca, nacido en 1464 y además en una casa hebrea. Su padre (el abuelo de Gonzalo), fue Alonso Fernández de Guadalupe, el último y celebérrimo miembro de aquellos Guadalupe originarios de Galicia que acabarían convertidos en los mejores médicos de España. Estudió en la Universidad de Salamanca, de ahí que naciera en aquella tierra su hijo. Su fama como médico aumentaba al punto que los Reyes Católicos lo convirtieron en el médico de la corte, consagrado al cuidado directo de la Reina y sus hijos. Los Guadalupe (el abuelo y el padre de Gonzalo) atendieron enfermedades, partos y el llanto de la muerte de los Soberanos, los infantes y prolongaron su trabajo al servicio del Emperador Carlos, que los llevó consigo en todo momento. Los Guadalupe atendieron las heridas imperiales en las batallas de Italia, los Países Bajos, y Alemania y en Yuste asistieron a los días últimos del artífice de Europa, el gran Carlos.

Fue tanto el acierto y tan buena su profesionalidad médica que los Guadalupe, judíos conversos, nada menos que acabaron declarados nobles, exentos de toda mácula y de sambenito, autorizados a usar escudo de armas y alternar entre lo más escogido de los caballeros españoles. Hace unos días se ha cumplido una efemérides, los 484 años de su ascenso a la nobleza. El Emperador Carlos los elevó a nobles, como señal de amistad y prueba del respeto y admiración que sentía hacia sus médicos, un 24 de febrero de 1530 en Bolonia.  

Antes de todo esto, Juan Fernández de Guadalupe, padre de nuestro ilustre granadino, ya era el protegido de los Reyes Católicos. Es posible que, de no ser cierta la teoría de su nacimiento en Úbeda, Gonzalo viera su primera luz en el Campamento de Santa Fe y bien en la Mezquita de los Conversos, hoy Iglesia de San Juan de los Reyes, o en el Oratorio del Mexuar, convertido en improvisada capilla cristiana dentro de la Alhambra, se convirtiera en el primer niño cristiano bautizado en Granada. Este hecho y lo mucho que los Reyes Católicos debían a su padre el médico real, explica tan fastuoso bautizo, tata celebración y echa por tierra cualquier atisbo antisemita de la Corona Española. Gonzalo fue paje de los Reyes, atendió a la futura Reina Juana y participó al lado del nieto de sus protectores, de Carlos I.


A la edad de 30 años, junto a su mujer y su hijo recién nacido, llegó a América muy bien acompañado: nada menos que por Alonso de Estrada, hijo natural del Rey Fernando el Católico. En suelo americano se puso al servicio de Hernán Cortés, lo previno de cuántas conspiraciones sufriera el conquistador y medró lo suficiente para alcanzar la gloria del poder administrativo. Ocupó diversos cargos entre los que destacaría el de factor, hasta alcanzar nada menos que el cargo de Gobernador de Nueva España, esa inmensa lengua de tierra de 7 millones de kilómetros cuadrados. Fallecía, en 1564, a los 72 años, tras una azarosa vida.

Pero ha pasado a la historia como el primer cristiano de Granada.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Los héroes olvidados

"La gloria póstuma". Ricardo Giráldez.

Para que unos pocos se lleven los méritos y las glorias que han de salir en los libros de la historia, otros muchos han de estar en la sombra, siempre en la sombra. Y eso mismo le ocurrió a los españoles que no tuvieron los honores que americanos e ingleses se llevaron aquel día D a la hora H, cuando al grito de Micky Mouse, se desató el golpe definitivo para la liberación de Europa en las costas normandas por parte del Ejército Aliado. En el Desembarco de Normandía, como en tantos otros sitios de aquella Europa atenazada por el horror en manos nazis, los españoles pelearon como los que más aunque su patria seguía siendo neutral. Tal vez por eso, los que cayeron en combate y los que ayudaron a exterminar el odio del Viejo Continente, nunca se llevaron una mísera palmada y no están en los grandes museos de la memoria de los héroes. ¡Alguien tenía que contarlo!

"Rocroi, el último tercio". Augusto Ferrer-Dalmau.

El sino de los valientes de España es vérselas cara a cara con la muerte por unos ideales. Desde los Viejos Tercios de Flandes, los cuerpos italianos, los conquistadores del Nuevo Mundo y los Últimos de Filipinas, al español se le ha mandado a los campos de batalla sin un triste maravedí, sin un lastimero real y abandonado a su suerte. En 1940, Inglaterra peleaba por no ser invadida, Francia resistía a duras penas mientras Vichy se vendía a Hitler y los polacos habían claudicado después de morir con honor a la vieja usanza, sobre los lomos de un caballo atacando los blindados nazis. Pero España, ¿qué podía y debía España argumentar para dejarse la vida a miles de kilómetros de casa? EL HONOR DE LAS IDEAS.

De uno y otro bando, los españoles sacrificaron la piel y la vendieron bien cara, enrolados en la División Azul o como los héroes anónimos que hoy contamos, sufriendo y soportando estoicamente a los boches en la Francia ocupada. Sin nadie que les pasara un sueldo, sin patria que les reconociera méritos y sin el beneplácito de la Comunidad Internacional. No habría medallas ni condecoraciones, como mucho, volver a casa de una sola pieza. Fueron los españoles, protagonistas directos del Milagro de Dunkerque, cuando la Fuerza Expedicionaria Británica liberó a 200.000 soldados británicos y más de 100.000 franceses. Y entre estos últimos, casi un millar de españoles peleaban junto a la La Legión Extranjera francesa.

La Primera Compañía española poco antes del Desembarco de Normandía

Librados y liberados, los españoles se negaron a ponerse bajo las órdenes del General de Gaulle; pero los británicos impedían que los extranjeros formaran parte de su Ejército, así que buscarse un lugar desde el que seguir combatiendo el nazismo iba a ser difícil. Así que los lugartenientes de Churchill decidieron que aquella “legión de desarrapados, de desheredados, de apátridas que nada tenían que ganar y tal vez, tampoco que perder”, formara un cuerpo independiente. Ese día, nació la Spanish Company Number One, la Primera Compañía Española, dedicada a la construcción de carreteras, a la realización de fortificaciones, a la preparación de zanjas y todo lo concerniente a la intendencia de guerra. Eran los zapadores de los británicos, los primeros en acudir al campo de batalla y vivir en carne propia el peligro de la artillería nazi.

La Primera Companía Española

En Inglaterra primero, los españoles, relegados a peones, reconstruyeron cuanto había destruido la Luftwaffe; al fin, necesitados de manos y del valor, los ingleses reconocieron a los soldados españoles y se convirtieron de facto en miembros de la Royal Pioneer Corps. Y junto a los hombres movilizados por Patton, ese día del 6 de junio de 1944, los españoles regresaban a la Europa Continental para luchar por sus ideales en las playas de Normandía. En los últimos compases, en las últimas operaciones de la batalla de Normandía, la Primera Compañía Española se las vio con el fuego de ametralladora de las poderosas tanquetas alemanas que recorrían las costas normandas y fueron abriendo camino a los aliados. Desde allí, España se sumó al triunfo de la libertad frente al nazismo y un 25 de agosto de 1944, se producía la mayor gesta que a lo largo de toda la II Guerra Mundial ha visto un soldado español: la Liberación de París.

El tanque al mando de un español que fue el 1º en pisar París Liberado. 

Justo detrás del Regimiento francés, entraban en la ciudad de la luz los españoles; pero quizás han olvidado los aliados algo fundamental: cuando la División Leclerc (franceses), derrotaba definitivamente al ejército del a esvástica, el primer tanque que acababa de pisar suelo liberado, el primer blindado que lograba entrar triunfal a París, estaba al mando del teniente Amado Granell, un valenciano de Burriana que se convertía en ese mismo instante en el primer soldado aliado que pisó el París liberado.

Desfile del Ejército Aliado el 26 de agosto de 1944 por París

Cuando Hitler se disparaba en su búnker berlinés, cuando Estados Unidos lanzaba el mal en Hiroshima y cuando a Churchill le temblaban los dedos de tanto hacer el signo de la victoria, los españoles fueron olvidados; nunca estuvieron invitados a las ceremonias del aniversario de la batalla de Normandía, nunca vieron sus nombres en los muros de mármol de los héroes, nunca recibieron un franco, una libra, un dólar o una peseta por pelear a favor de la libertad y nunca lucieron en el pecho una medalla de honor.

"División Azul". Augusto Ferrer-Dalmau.

En la Spanish Company number one o en la 9ª del general Philippe Leclerc, un puñado de olvidados, de anónimos, de desheredados, vencieron el mal. No los ha recordado nadie, pero ellos no lucharon por los humores de la victoria ni los laureles de la gloria. Lucharon, como durante cinco siglos los tatarabuelos de sus tatarabuelos, por unos ideales. El Quijote que todo hijo de España lleva dentro, ya sea en América, en Flandes, en Italia o en Filipinas. Bajo pabellón real español o bajo la Union Jack.

Y en este caso, muy pocos han contado la verdad. Y alguien tenía que decirlo

martes, 25 de febrero de 2014

Las Brujas de Salem

En 1526 Lutero dejaba su testamento vital, aunque aún le quedaran muchos años de vida. Subió al púlpito de su reformada iglesia y dejó bien claro que en el mundo había brujería y que la llevaban a cabo mujeres. Siglos después, Europa había quemado a 110.000 mujeres, especialmente en la Alemania protestante, la Suiza calvinista, las Islas Británicas anglicanas y la Francia de los hugonotes. Pero además, hace ahora 322 años, en el futuro Estados Unidos, en la América de los puritanos, se iba a llevar a cabo la más horripilante historia de caza de brujas centrada en Massachusetts. Comenzaban en febrero, los JUICIOS DE SALEM.

La histeria colectiva se desató. Alucinaciones, acusaciones infundadas y hechos inexplicables sirvieron de abono. Ciento cincuenta personas fueron detenidas. Huelga decir, que mayoritariamente mujeres. Antes de que se celebrara ningún proceso judicial, ya habían muerto en prisión unas pocas. La pequeña y puritana comunidad de Salem condicionó a los jueces que se dejaron llevar por el miedo atroz que recorría el condado. Hasta Boston llegaron las voces y antes de que un jurado emitiera su veredicto, los ahorcamientos y quemas habían asesinado a la mayor parte de detenidos.

Sólo se llevaron a cabo 31 juicios y de éstos, los tribunales condenaron a 3 personas por “EVIDENCIA DE BRUJERÍA”. Eso dio igual: el fanatismo religioso no esperó a una sentencia justa y se cobró sus miedos y falacias por medio del fuego y la horca. Después de los 150 acusados, se siguieron sumando nuevos casos, quizás hasta 200. Apresamientos indebidos, sentencias ilegales, jueves condicionados. Nada puede explicar qué llevó a una población tan pequeña y de una ortodoxia religiosa absoluta a cometer tales crímenes. Algunos dicen que el pan de centeno excesivamente fermentado provoca alucinaciones parecidas a las que produce el consumo de LSD. Pero la población analfabeta se peleaba por la tierra, con la amenaza indígena todavía sobre sus comunidades. A parte, dos familias pugnaban por el control y esto desató una oleada de acusaciones de uno a otro bando. Al fin, había que someter, coartar y estrangular a la mujer. No se podía tolerar que la libertad de la que disponían en otras zonas de Norteamérica llegara a sus totalitarias comunidades.

Todo esto fue suficiente. Una suma de factores y de locuras humanas que acabaron con decenas de vidas. La mujer como culpable, la brujería de la que Lutero es muy responsable y una nueva visión del cristianismo, supuestamente reformado y mejorado, que acabó con cientos de miles de vidas en el Mundo Occidental bajo la premisa de la brujería. En nombre de Dios se han cometido las mayores atrocidades del Mundo. El catolicismo no se libra, pero que nadie olvide que el fanatismo cristiano, ha tenido como madre a la reforma protestante.


¡Y siempre pagó la mujer! ¡Alguien tenía que decirlo!

lunes, 24 de febrero de 2014

Niqui

El 24 de febrero de hace 65 años, Estados Unidos acudía al estreno de una cinta que centraba toda la atención en la figura estelar de Humphrey Bogart. Era una de las primeras películas dirigidas por Nicholas Ray, que años antes era un prometedor arquitecto que incluso, llegó a recibir una invitación nada menos que de Frank Lloyd Wright para que trabajara bajo sus órdenes. Pero al joven Nicholas le tiraba más el mundo de la interpretación y sumido casi en la mendicidad, consigue costearse las clases de “teatro de improvisación” que impartía en Nueva York nada menos que Elia Kazan. Gracias al terrorífico empeño del consumado director húngaro, Ray se pone un día delante de las cámaras y convence al alabado Bogart para que protagonice este drama que él mismo producirá. Hace hoy, 65 años, no sólo se estrenaba en Estados Unidos una obra de culto, sino el origen de un vocablo que todavía hoy, repiten los más castizos.

La película narra la trayectoria de un abogado surgido de los barrios bajos, que se abre camino en el mundo de la ley desde la pobreza y a la pobreza vuelve para asumir la defensa de un joven delincuente acusado de asesinar a un policía. El chico, llamado Nicky  aparecerá en cualquiera de los planos, de los fotogramas y de las secuencias, enfundado en una camiseta a manera de jersey. Bogart encarna al abogado que peleará para convencer al jurado de la inocencia de un niño, casi un niño, problemático y con un historial delictivo digno de considerar.

Años después, las salas de cine de España proyectaban la película bajo la traducción de “Llamad a cualquier puerta”. No había cuajado el sobrenombre del largometraje en Hispanoamérica “Horas de angustia”. Los españoles, se encontraban con un Nicky que vestía una prenda desconocida en aquella España de posguerra, pero Bogart martilleaba los oídos de los españoles de aquel tiempo diciendo sin cesar el nombre de su defendido. Nicky, Nicky, Nicky. Y a fuerza de tanto oírlo, semanas de proyección en los cines de barrio de sesiones continuas y gallineros rebeldes, aquel jersey nunca antes visto, aquella prenda humilde del delincuente inocente que el tipo duro de Hollywood defendía, se asoció indisolublemente a la cabeza de todo un país: acababa de nacer, sin que el director Nicholas Ray, el protagonista Humphrey Bogart ni nadie de la lejana meca del cine lo supiera, una prenda española: el niqui.

Los lectores más fieles de esta Alacena, recordarán que no sería la primera vez que el séptimo arte marcaba moda y tendencia y la agudeza e ingenio del español, bautizaba de la manera más sencilla una prenda de vestir. Ocurrió igualmente con el film de Hitchcock “Rebeca”; Hollywood estaba cambiando la forma de vestir y de nombrar la moda de toda España.


En la imagen, "Rebeca" de Hitchcock. 
Aquí para ver el origen:

A día de hoy, 65 años después, sólo los más castizos, se compran  un niqui. Pero es una delicia saber que detrás de algo tan pueril, estaba nada menos que Bogart. 

domingo, 23 de febrero de 2014

La mujer inventó el arte

ALTAMIRA

Altamira, Altxerri o El Castillo. Son las pinacotecas rupestres más antiguas del Mundo, los restos de arte con mayor edad en este planeta. Cuevas que entre 39.000 y 14.000 años, sirvieron a ese hombre de las cavernas para realizar conjuros mágicos, expresar deseos y reflejar una mentalidad y una forma de ser el más racional de los animales de la naturaleza. Son paredes con signos que ahora nos resultan extraños e incomprensibles y que responden a la necesidad milenaria de las personas de comunicarse, atraer la suerte mediante amuletos y recrear la vida.

NERJA

La cueva de Nerja alberga las pinturas más antiguas de la humanidad, las únicas hasta el momento que además fueron realizadas por neandertales. La Cueva de Altamira y sus ciento cincuenta pinturas, recorren muros, bóvedas naturales y techos hasta que en su cámara de 5 metros, “nació la perspectiva” aprovechando las protuberancias la superficie rocosa para dar relieve a las figuras humanas y animales. Sus 18 bisontes son hoy, eternamente conocidos.

ALMERÍA

El Mediterráneo español conserva decenas de cuevas en donde las pinturas se caracterizan por un realismo impresionante, proponen la abstracción y representan por primera vez hombres vestidos con pantalones, guerreros con plumas y arcos, escenas de caza y mujeres. Y aquí la gran revelación para la historia del arte:

Desde la Universidad de Pensilvania, se llegó a una conclusión fundamental, épica, tan reveladora como necesaria de difusión: el arte nació de manos femeninas y fueron las mujeres las primeras en reflejar un deseo de inmortalidad, de miedo a lo desconocido, de concitar a través de esos amuletos dibujados, un credo y una religión que hiciera más llevadera la vida de hace casi 40.000 años, cuando el hombre no era una amenaza para la vida, sino una vida amenazada por lo que lo rodeaba.

El tamaño de los dedos, el volumen de la mano, todo ello indica que 24 de las 32 manos analizadas eran femeninas. Y que se representaran escenas de caza no quiere decir que el artista del Paleolítico fuera varón, porque la mujer era parte activa de estas cacerías y la verdadera responsable del transporte,  despiece y cocina. Y tras aquellas correrías alimenticias, ella era la que dejaba en paredes, muros, techos y grutas, ese testimonio histórico, antropológico y artístico.


El arte nació en manos de la mujer pero el varón se lo arrebató. Hoy, regresa a quién es “origen del mundo”. 

sábado, 22 de febrero de 2014

Francisco de Paula Valladar Serrano

Busto en los Jardines del Salón, foto de "La Murga de Nito".

Se cumplen 90 años del fallecimiento de uno de los más preclaros, intelectuales, eruditos e imprescindibles ciudadanos que vieron la luz en Granada, que más han hecho por esta ciudad y que más olvidados los tiene esta sociedad poco dada a lo que huela a cultura. Se cumplen hoy 90 años del que nada más y nada menos, fue funcionario del Ayuntamiento, Presidente de la Comisión de Monumentos, Delegado Regio de Bellas Artes, Presidente del Patronato del Generalife, Cronista de la Ciudad, Cronista de la Provincia de Granada, Presidente de la Asociación de la Prensa, Académico de la Real de la Historia (Madrid), Presidente del Centro Artístico y Literario, miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, fundador y director de la Revista La Alhambra, escritor, ensayista y dramaturgo.

Valladar encarnó la figura culta y granadina. Pocos han nacido en esa tierra, con la preocupación que Gallego Burín o él demostraron por su patria chica. En su revista y por espacio de 40 años, desfilaron los más importantes artistas e intelectuales del Mundo en habla española, divulgó nuestra historia y nuestro patrimonio y se preocupó de dar a conocer las excelencias de Granada. En 1890 editaba “Novísima Guía de Granada”, antecedente de las guías que luego harán Gómez Moreno o Gallego Burín e imprescindible en la investigación histórica y patrimonial. Trabajó como redactor jefe del Diario “La Lealtad” e igualmente en el prestigioso Diario “El Defensor de Granada”.  

Fue cronista de Granada y desde 1903 también de su provincia y nunca cobró por ese trabajo. Jamás escribió de sí mismo o de sus intereses, ni de sus amigos ni conocidos. Se empeñó en redescubrir San Jerónimo, indagó sobre la Fiesta del Corpus y publicó una historia de la música. A fin de cuentas, su padre, músico y que de él quiso hacer carrera, le dejó la afición que cultivaría hasta el final, llegando a ser director de orquesta y profesor de música.

Inauguración de su busto, obra de Navas Parejo, en su primera ubicación en el Triunfo.

En el mes de enero de 1924, un mes antes de su muerte, estando en Méjico en labores de difusión e investigación de la Hispanidad, dejaba escrito una especie de testamento vital, un resumen perfecto de todo lo mucho que le dolió Granada, el fin último de todos sus desvelos, cientos de investigaciones, prodigiosos ensayos y objeto del esfuerzo de 40 años al frente de “La Alhambra”, la revista más docta y nuestra que jamás haya visto la luz esta tierra. Decía así: “Por amor a Granada escribo estas líneas; allá en Méjico y en las repúblicas íbero americanas tengo quien me lea y haga justicia a mi noble propósito. Luego... que cada cual proceda como su conciencia y su verdadero o falso interés por Granada, le aconsejen”.


Hoy, hace 90 años, murió uno de los granadinos que más hicieron por la única patria que conocemos los hijos de esta  tierra. ¡Y con él murió un poco Granada!

viernes, 21 de febrero de 2014

Museo Arqueológico de Granada

Es el segundo Museo Arqueológico más antiguo de España., creado como “Gabinete de antigüedades” por el egregio Gómez Moreno en 1842 y sólo superado por el de Barcelona. Por delante del Nacional, por delante del de Valladolid, primero del sur de España y oficialmente fundado en 1879, sus primeras piezas provinieron de la ciudad emiral  de Medina Elvira. Fueron años en los que, bajo la tutela de la Comisión de Monumentos y del Ayuntamiento de la ciudad, el Palacio de Carlos V pudo exhibir dos secciones claras de su antiquísimo y pionero museo: los restos de Arqueología y los de Bellas Artes.

¡Qué sería de esta ciudad sin las fotos de Mayte Martínez Caro!

En 1917 se compraba la Casa de Castril, entonces en manos de los herederos del arabista Leopoldo Eguilaz y Yanguas, convirtiéndose a lo largo de este último siglo, en la sede del Arqueológico provincial de Granada. El Palacio del siglo XVI fue la casa familiar de los Zafra, descendientes del Secretario Personal de los Reyes Católicos. Su fachada, de Sebastián de Alcántara sobre modelos del inigualable Diego de Siloe, se acabó en 1539 y es el mejor ejemplo del plateresco granadino. Tan soberbio palacio renacentista además, se erige en uno de los más históricos enclaves urbanos de la ciudad, nada menos que a las orillas del Río Darro y en lo que fue el legendario barrio de los Axares, destinado al placer, a la salud y al bienestar desde finales del siglo XIII, cuando nació como arrabal del Albaicín.

Siete salas recorren la prehistoria y la historia. Desde el Neolítico a los primeros compases de la cultura musulmana en la Península, las piezas de las culturas prehistóricas se mezclan con iberas, fenicias, romanas y de los primeros siglos de la dominación musulmana. La Sala I abarca el Paleolítico, la cultura argárica y la edad de Bronce; la Sala II recorre la huella de la Humanidad hace 5.000 años, con el Neolítico y la cultura del Cobre en Granada. La III se llena de lo acontecido entre el 1900 y el 1200 antes de Cristo. Y la IV pone de manifiesto que esta ciudad se fundó hace 2.700 años, la huella del mundo Ibero en la provincia y las culturas fenicias y cartaginesas en nuestras costas. Así, la Sala V concita un inmenso interés basándose en Roma y aportando fondos escultóricos y elementos de primer orden para cerrar el Mundo Antiguo con las salas VI y VII.

El Museo es la mejor presea de lo que fue Granada y su provincia en la Antigüedad. Miles y miles de año de recorrido por la humanidad a través de miles de piezas, expuestas o conservadas. Se cumple en 2014 los 30 años que la Junta de Andalucía decidió tutelar el Museo y 4 años que, incomprensible, injusta y taimadamente, decidió cerrarse. Cuatro años de ignominia en los que desde Sevilla se dice que el Gobierno Central no ha cumplido con el envío de fondos económicos y 4 años que algunos ciudadanos nos preguntamos para qué se quisieron entonces las competencias que las autonomías no son capaces de llevar a cabo.

Lo de menos es la pelea entre signos políticos. Lo importante, la privación durante 4 años del nexo de unión de Granada con su pasado, del estudio de los pueblos que hicieron posible el nacimiento de nuestra tierra, de que no merecemos este olvido, esta dejadez y esta vergonzosa inutilidad de los responsables a la hora de mantener por 4 años cerrado, un Museo que justifica por sí solo la evolución del hombre.

El 24 de febrero de 1982 se descubría una de las piezas más singulares y valiosas del Museo, el “Togado de Periate”, una escultura del emperador Romano Claudio II el Gótico y una de las mayores obras de bronce encontradas en España. 32 años después, por el Palacio que dio lugar a la famosa expresión granadina “llueve más que cuando enterraron a Zafra” y que es en sí, motivo suficiente para visitar el enclave, no digamos ya su vasta y riquísima colección, Junta de Andalucía y otros servilismos políticos parecidos se lavan las manos, privando a Granada de cultura mientras los recursos autonómicos se usan a veces en fines menos loables.


Mañana a las 17:30, todo amante de la cultura, tiene una cita en el Museo, para reclamar de manera ostensible su reapertura. Una valiente convocatoria en fechas próximas al hallazgo del Togado de Periate, un símbolo de cómo los políticos inoperantes pueden hacer callar lo que 1.700 años no consiguieron. 

jueves, 20 de febrero de 2014

El Cine Regio

El mes de febrero está asociado en todo a uno de los míticos espacios que tuvo la ciudad de Granada, un oasis de cultura, radiografía de la sociedad y refugio de aquel pueblo que se nos marchó con nuestros mayores. Fue en febrero cuando abría sus puertas, hace un siglo, el mítico, el genuino, el inolvidable (hasta para quienes no lo conocimos) Salón Regio. Fue en febrero cuando se adelantó a media España y proyectó la primera película sonora y fue en febrero cuando de manera mezquina y violenta, unos enfermos lo incendiaron, hace de esto 30 años.

La Sala Regio se inauguraba coincidiendo con la visita de operadores de la Casa Gaumont, pionera en el séptimo arte, que tomaba imágenes con aquellos aparatos que todavía llevaban impreso el sello de los hermanos Lumière en nuestra ciudad. Aquellas cintas de cuidada estética se centraban en asuntos andaluces, tal era la voluntad de los franceses, por “retratar” el tipismo del sur de España. Granada, Sevilla y Málaga fueron sus escenarios aquel mayo de 1914, cuando Regio había abierto sus puertas como teatro.

El 20 de febrero de 1914 se hicieron las primeras proyecciones de cine en el Regio, pero sería un lunes 30 de noviembre de 1914 cuando el cine cobrara vida con acentos granadinos, al proyectar el Regio el trabajo artístico de la Gaumont: “Pepita la gitana”. El argumento discurría entre los amores de un joven granadino de postín y una gitana, recortados en las vistas de la Alhambra, el Generalife, las riberas del Genil, el Carmen de Benalúa, las imponentes escenas que se tomaron desde las Vistillas de los Ángeles o por el Tajo de Canales. Los secundarios eran granadinos, ciudadanos que hace un siglo se convirtieron en protagonistas de la primera película granadina como Francisco Vergara o Fernando Vílchez.

Años después, también en febrero pero esta vez de 1928, el representante de la Casa Hispano que explotaba una novedosa  técnica, exponía en el Regio el fonofilm. Luego, y volvemos al mes que nos ocupa, un 6 de febrero de 1930, el empresario y dueño del cine, Martín Flores, abría la sala para la primera película plenamente sonora que se visualizó y oyó en Granada, mucho antes que en otras ciudades incontestables de España. Fue “El arca de Noé” interpretada por Dolores Costello y George O`Brien.

El Cine Regio se levantó en la Calle Escudo del Carmen promovido por el empresario Ricardo Martín Flores. Fue inaugurado tal día como hoy, un 20 de febrero de 1914. Se cerró el 11 de febrero de 1984, a punto de cumplir 70 años, por un suceso que luego contaremos. Era el primer espacio cubierto, permanente y fijo para el cine que dispuso Granada, pues la primera localización desde donde se proyectaron “imágenes en movimiento”, fue el cinematógrafo de Pathè, un pabellón efímero que protegía el aparato, instalado en 1900 en el Embovedado.

Pero el Regio abrió con la solemnidad y grandeza que para sí hubieran querido otras ciudades. Tenía una capacidad sorprendente de 690 butacas y El Defensor de Granada se deshacía en elogios, especialmente porque “el Señor Flores pretendía que todos los espectáculos fueran de escrupulosa moralidad”. La inauguración corrió a cargo de la artista de varietés Marina Sansano. Luego, “se exhibirían escogidas y variadas películas de asuntos morales e instructivos”. Tomó parte la canzonetista hispano-italiana Mary Bruni y costó la entrada en butaca 50 céntimos. La Cuaresma se echaba encima y el propietario escogió cintas religiosas de la Pasión para que durante el mes de marzo, Regio estuviera acorde con las fechas. Pero también se incluyó una peliculita “La voz de oro”, que recogía el incendio en marcha de un aeroplano, que hizo las delicias de los asistentes, la mayoría de “entrada general”. Pagaron por ella, 10 céntimos.

Antes de que llegara la Semana Santa, Flores hizo un 20 de marzo de 1914, el titánico esfuerzo de traer nada menos que “Espartaco”, un film de la casa Pasquali de Turín interpretado por Mario “Ausonia” Guaita, una superproducción (y el primero de cuántos “Espartaco llegarían, aunque la mayoría recuerde el de Stanley Kubrick de 1960, protagonizado por Kirk Douglas) para la que se pensó en una sesión extraordinaria a las 16:30 destinada a los colegios de Granada.


Fue hábil Ricardo Martín Flores en seleccionar lo que iba a proyectar. Se ganó a las autoridades por la selección cuidada que realizó en todo momento y al público, que empezó a disfrutar de otros lugares como el rimbombante Olympia de la Gran Vía. Pero Flores ofrecía caramelos, rifas y todo tipo de acicates extraordinarios a los del cine que conquistó al público. El Regio era el cine fetiche de Granada, publicitado mediante las curiosas farolas-carteles que en la Plaza del Carmen, se iluminaban anunciando la cercanía y proximidad del Regio.

En 1923 se le instalaba una calefacción a vapor; durante la II República paso llamarse Salón Nacional; recuperando el nombre original en 1937. Había desbancado al resto, que languidecieron progresivamente. Un pianista desde el patio de butacas, pregones para vender frutos secos y dulces a cargo del castizo “Chato”, que se ganó la vida desde el gallinero del cine... Parece mentira que el primer espacio dónde Granada vio cine fuera el de la imagen de arriba, junto a las Angustias, instalado por la Pathè.  

Un buen día el cine se reinventó. Ricardo Martín Flores tenía más de 80 años y de nuevo en 1954 reabrió el Regio para, remodelado y provisto de todos los adelantos técnicos posibles, presentar al público “Los cuentos de Hoffman” película inglesa de 1951. Estaba en taquilla el empleado Enrique de Federico y serían los años del cine dorado estadounidense que se colaba hasta el mismísimo corazón de Granada.

Fue especialmente llamativa, en esos días de “re-inauguración”, ver cómo los granadinos se agolpaban por la calle Escudo del Carmen, aguardando con expectación títulos como “El hombre tranquilo”, una de las pocas veces en las que John Wayne no haría de vaquero del Oeste. En 1972 fue reformado con nuevo primor. Había muerto ya su creador, el verdadero padre de la industria cinematográfica y Regio había acabado con casi todos, aunque todavía la gran pantalla era el gran divertimento de los españoles.

Y así fue como un 11 de febrero de 1984,  iba a vivir su último día, tras 70 años dejando huella en Granada. Se estrenaba una controvertida película, “El caso AImería”, del director Pedro Costa Musté. La dirección había sido advertida por grupos extremistas que si proyectaban la polémica cinta, pagarían las consecuencias. El largometraje narraba la muerte de tres obreros a manos de la Guardia Civil, confundidos con miembros de ETA. Y ese 11 de febrero, un incendio provocado por el grupo fascista “Hombres de España”, arrasa Regio. El incendio había adquirido tales proporciones que hubo necesidad de desalojar a todos los vecinos. Muchos apuntaron a Al Capone, un viejo conocido de la extrema derecha local que fue candidato al Congreso por el partido del ex teniente coronel golpista Antonio Tejero, Solidaridad Española, en 1982.

Regio había muerto. Con él, la historia del cine, en mayúsculas. No sólo el francés o el americano, sino como hemos visto, el mismo cine hecho en Granada. Con él murió un trozo de historia local, sueños, divertimentos y la intrahistoria de tantos paisanos que vivieron momentos inolvidables en los intestinos de aquel moderno, cuidado y pionero Teatro-Cine, que hoy hubiera cumplido 100 años.