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miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Papa de Granada

Se cumplen hoy 32 años de la visita que cursaba a la  ciudad el Papa Juan Pablo II. Aquella fue una jornada histórica sin precedentes por la dimensión del ilustre visitante, algo que ha sido recordado en infinidad de ocasiones por la prensa local y que por la cercanía en el tiempo, no nos corresponde valorar. Pero la efemérides, nos recuerda algo increíble que sucedió en 1527 y que hubiera cambiado definitivamente el curso de la Historia de la Humanidad. Por enésima vez, Granada fue el centro del Mundo, al menos en las discusiones de las personalidades más importantes del momento: el emperador Carlos y el Papa Clemente VII.

"Retrato del Papa Clemente VII". 
Sebastiano del Piombo, 1526.

En mayo de 1527, después de una enésima traición del Papado a la Corona de España y de que se hubiera roto un nuevo acuerdo por parte de Francia, vencida hasta la saciedad y con su rey prisionero en Madrid, las tropas imperiales cercan Roma, la toman, la asedian, la saquean y el Papa se ve obligado a cambio de su libertad y de la de la Ciudad Santa, a pactar con España. El problema es que Clemente VII, que había vulnerado el Tratado de Noyón y conformado la llamada Liga Clementina para atacar las posesiones españolas, ya no era de fiar. No lo era en general aquel modelo de Papa guerrero, pendenciero, más parecido a un general que al Vicario de Cristo y que presentaba sin pudor hijos naturales mientras de manera despótica y a la forma de un sátrapa, gobernaba la Iglesia.

"Expulsión de los mercaderes del Templo". 
Doménikos Theotokópoulos, el Greco, 1609. 

Mintieron e incumplieron sus acuerdos, desde Alejandro VI a Clemente VII, un total de seis Papas, uno de tras otro, mientras España, la Católica Nación, seguía tragando y tolerando los desmanes de aquellos que se dedicaban a los bienes materiales y no a los espirituales. De forma que el Emperador Carlos, harto de tan estoica y meritoria paciencia, se planteó algo que habría de escandalizar a día de hoy al más pintado: suprimir la Sede Apostólica. En concreto, el mejor documento se conserva en El Escorial, una carta que escribe el canciller imperial y consejero personal de Carlos I de España, Mercurio Gattinara, en la que contesta un 8 de junio de 1527 a alguna misiva ciertamente subida de tono de nuestro glorioso emperador:


"Retrato de Mercurino Gattinara". 
Jan Conrnelisz Vermeyen, 1530. 

No dejaré de mencionar la opinión de ciertos criados de Vuestra Majestad que dicen que no se debería suprimir del todo la sede apostólica de Roma, porque en ese caso el Rey de Francia creará un patriarca en su reino y negará obediencia a la dicha sede apostólica, y otro tanto hará el rey de Inglaterra y los demás príncipes cristianos. Los consejeros de Vuestra Majestad opinan que habrá que mantener la dicha Sede Apostólica en tal estado de sumisión que Vuestra Majestad pueda siempre disponer de ella y darle órdenes”. El documento tiene un valor gigante habida cuenta del piadoso sentimiento de los Austria españoles. Si se suprimía la Santa Sede, ¿era para acabar con el Papado? Por supuesto la idea de Carlos I no era esa, sino evitar que desde 1492 a ese año de 1527, es decir, acabar con los 35 años de continuos engaños que seis papas habían cometido frente a España.

El Palacio del Emperador Carlos, en Granada. 
Su obra comenzó en 1527, el año del Saco de Roma y de la historia que estamos relatando.

Los ministros del Consejo de Estado y del Consejo de Italia, le habían recomendado que hiciera al igual que en su día Francia con el Papado: exigir que en asuntos temporales y administración de materias terrenas, no interviniera Roma, al tiempo que entonces, se le respetaría como la vicaría de Cristo en la Tierra. Y que al igual que en su día entendió la corona francesa, tal vez la única forma de acabar con el sobre exceso de los poderes temporales del Papa. O sea, trasladar la Santa Sede a una ciudad española para poder controlarla con facilidad y evitar los abusos en Italia que durante 35 años acometieron los 6 Papas que tuvo el Catolicismo. Un Aviñón español.

 "Visión de San Agustín"
Vittore Carpaccio, 1502. 

Y había una ciudad ideal, sobre la que desde la perspectiva urbanística se estaba diseñado el concepto de “christianopolisy que era el ojo derecho de Carlos, porque quedó conmocionado por su patrimonio y paisanaje y porque se sentía legítimo heredero del amor que le habían profesado sus abuelos: GRANADA. Si a esto sumamos que Carlos ya era el Emperador y que sus consejeros inculcaron en él el concepto de Translatio imperiim todo hecho. Este término fue acuñado en el siglo XIII por parte de los herederos del Imperio Germánico. La idea que patentaron fue que el poder del Imperio es mucho más antiguo que la Iglesia, por lo que el poder de este es superior al del Papa, refiriéndose con esto a una supuesta herencia directa del Imperio romano. Además, esta tesis se basaba en obras de San Agustín, que habla de la decadencia de cada pueblo, pero que su poder y derecho pasan a otro, renovados y sin los vicios anteriores. Los reinos medievales se consideran herederos del Imperio Romano, pero sin sus defectos paganos; igualmente se considera heredera la Iglesia, que se instala en Roma para redimir su pasado pecador. Pero como la Iglesia estaba viciada por efecto despótico de sus últimos papas, hacía falta renovarla... ¿Cómo? MUDANDO SU SEDE A OTRA CIUDAD


Año 1527... El año del Saqueo, del inicio de la construcción del Palacio Imperial que se llevó a cabo en la Alhambra de Granada; el año que todavía la corte imperial seguía residiendo en Granada. El año que se discuten los planos de la Catedral de Granada hasta tanto no quede conforme el Emperador con el proyecto catedralicio, destinado a ser el REAL PANTEÓN ESPAÑOL. Insisto, año 1527... ¿Y cuál fue el proyecto de los dos consejos de Su Majestad Carlos I de España y V de Alemania? Pues nada menos que TRASLADAR LA SEDE APOSTÓLICA, LA SANTA SEDE, A LA CIUDAD DE GRANADA. Era una ciudad que podía ejecutarse a placer, que se estaba diseñado espacial y urbanísticamente al gusto imperial. Una ciudad que contaba con los más avezados intelectuales y artistas al ser capital imperial en ese momento. Y la ciudad que el Emperador tenía en más estima al punto de mandar a ella el cadáver de su esposa y prever su enterramiento propio aquí, continuando la tradición de sus abuelos. Carlos jamás tuvo un Palacio personal de hechura exclusiva para él sino el de Granada y no dispensó tratos y cuidados como a Granada. Así que, cuando Clemente VII por enésima vez juró y perjuró lealtad a España y sus dominios, Carlos, decidió dejar las cosas como estaban y no efectuar el cambio. 

Hoy, se cumplen 32 años de la llegada a Granada de un Papa muy distinto. Muy santo y muy querido... de San Juan Pablo II. Y he creído oportuno recordar que, Granada pudo haber sido la capital del Mundo, el eje de la cristiandad y residencia formal del cristianismo en el Orbe

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