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sábado, 4 de octubre de 2014

La Iglesia de San Gil de Granada

Restos de la portada de San Gil, anterior a 1560, diseñada por Diego de Siloe y tallada en piedra de Sierra Elvira por Juan de Maeda. 

Es una triste efeméride la que cuento en esta ocasión. Un 4 de octubre de 1868, las autoridades competentes permitían la muerte del patrimonio de Granada y de la historia de sus ciudadanos y paisanos. Tal día como hoy y de esto pasan ya 136 años, la ciudad perdía una de esas Iglesias por las que en la fecha actual, capitales europeas suspirarían como incremento de su patrimonio: una interesantísima arquitectura renacentista que tendría ahora 471 años y que vio cómo se dieron cita en su traza y en la configuración de sus bienes muebles, lo mejor del renacimiento hispano de la época. Tal día como hoy, empezaba la demolición de la Iglesia Parroquial de San Gil.

Arcada renacentista de capillas laterales. 

Llevamos unos meses siguiendo con interés los debates acerca de la titularidad y uso de la Catedral de Córdoba. El recelo y el miedo se dan la mano en este tema, habida cuenta que ese importantísimo tesoro histórico del Califato y del cristianismo, nos ha llegado hasta hoy, preservado y celosamente custodiado por los que entiendo (yo al menos, no quiere decir que lleve razón) son sus legítimos dueños. Y no he podido resistirme a comparar los desmanes que en 1868 se cometieron, en nombre de la progresía y libertad, con el patrimonio. Estamos en la España revolucionaria que depone a Isabel II y que trasgrede día a día las normas de convivencia que entonces estaban vigentes. Las insurrecciones militares eran sucedidas por turbamultas populares que ubicaban el epicentro del mal en el mismo sitio. La Iglesia, bajo los ojos de los exaltados (la mayoría sentados en despachos mediante la usurpación), había de claudicar.
En primer término, San Gil. A sus espaldas, la Chancillería. 

Desgraciadamente lo que claudicó fue el arte, la historia, el patrimonio, la singularidad y la personalidad de los pueblos. En 1543 se había levantado este templo que contaba con trazas de Diego de Siloe, tallas de Maeda y Toribio de Liébana, esculturas de los Mora y Risueño, frescos barrocos, interesantes trabajos mudéjares y una prestancia indiscutible. La Iglesia medía 42 metros de longitud por 21 de anchura. A su nave central se sumaban las dos de capillas, un crucero y un sobresaliente presbiterio rematado en cabecera octogonal. Alto y con donaire, su campanario dominaba las alturas estéticas de la zona. Se entraba a ella por la Placeta de San Gil, junto a los Hospitalicos y su Altar Mayor se dirigía hacia Plaza Nueva y la Chancillería. Su lado del Evangelio es el que hoy ocupa el Restaurante-Bar León y había acogido a los síndicos espirituales de los médicos, los zapateros y otras profesiones que garantizaron el esplendor histórico y estético que alcanzó San Gil.

Fachada y portada antes de su derrumbe 

Los siglos fueron testigos de cómo las viviendas se alzaban sobre su coro, se levantaban casas anexas y la feligresía disminuía. En 1842 decidió el Arzobispado que San Gil sería ayuda parroquial de Santa Ana, perdiendo así su condición anterior y esto termina por precipitar su ruina. Con menos fondos y sin posibilidad de preservar su dilatada historia, la Junta Revolucionaria que se había hecho cargo de Granada, dominando el Ayuntamiento y coaccionando la vida pública y administrativa, emite un informe sobre la idoneidad de su derrumbe y el aprovechamiento del solar para viviendas y la “alineación y configuración de un urbanismo rectilíneo tan en boga entonces”. Afortunadamente, la Comisión de Monumentos de Granada entra al quite y pone todos sus empeños en salvar cuánto de meritorio y de histórico alberga. Para fines de 1868, llegan a Santa Ana las esmeradísimas pinturas, elegantes ornamentos e indiscutibles Imágenes que conserva por fortuna esta Iglesia. Mientras tanto, bajo los criterios del arquitecto municipal, se desmontan portadas y se regalan las históricas campanas de bronce entre la catedral y los pueblos de La Zubia o Churriana, donde siguen a día de hoy.

Tondo de altorrelieve de Diego de Siloe anterior a 1550 de las pechinas de la Capilla Mayor. 

Pero el presupuesto es escaso y el interés va de la mano. Todo tipo de elementos pétreos, yeserías, conjuntos decorativos y en definitiva, de historia y de arte, son derruidos. Aquel día muere con San Gil, parte de Granada. Aquel día la cultura, recibió un revés inaudito. Aquel día, triunfó la libertaria idea de la revolución, pero con independencia de uno u otro credo, todos fuimos más pobres. El Museo de Bellas Artes se quedó con parte de sus armaduras y salvó algunas de sus tejas vidriadas, piezas que a día de hoy son excepcionales y únicas. Pero el grueso de las techumbres, puertas talladas o de la rejería, fueron víctimas del odio contumaz a lo eclesiástico. Como si el arte entendiera de credos.

Imagen titular de San Gil de Toribio de Liébana, anterior a 1560.

Un año después, desde Madrid, el Director de Instrucción Pública hace llegar a Granada una carta severa y dura. Es una reprimenda monumental por la ineficacia monumental que los responsables del patrimonio granadino han demostrado en la salvaguarda y protección, al menos, del arte de San Gil. La Comisión de Monumentos de Granada se defiende aludiendo a la falta de medios que disponía, pero lo cierto es que la Junta Revolucionaria, la misma que bajo el sobrenombre de la Gloriosa se jactaba de deponer a los Borbones, gastaban en fastos ceremoniales y pomposas comidas, lo que hubiera significado la salvación de la memoria de Granada y de su cultura.

Virgen de San Gil, de 1562, obra de Baltasar de Arce.
En este estado se encuentra. ¿Si siguiera en su ubicación estaría así?

Hoy, San Gil es sólo un mal recuerdo. Como San Luis, como San Nicolás, como... San Cecilio, San Andrés o San Miguel Bajo, resisten. El párroco realejeño de San Cecilio encuentra en los Hermanos de su Cofradía y en un puñado más, las fuerzas y medios para preservar la sobresaliente muestra de arte del Patrón de Granada. San Andrés se condena a cada paso de los años y de no ser por los hermanos de la Cofradía de la Aurora, el Albaicín sería hoy menos patrimonio mundial. Así que hay siempre dos caras de todo proceso histórico que nos llega envuelto en glorioso. Aquella “Gloriosa”, acabó con el concepto urbano de Granada, destruyó su patrimonio y miró para otro lado cuando le tocó custodiar los bienes de todos. Y me temo, que la gloriosa política andaluza, cometa semejante tropelía en Córdoba.


Quién sabe si dentro de 136 años, en vez de San Gil en Granada, alguna “Alacena de las Ideas del futuro”, no hable de la Catedral cordobesa, con el mismo dolor y la agonía por lo que se perdió, que ahora hago yo... 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Interesante entrada.
¿Esa arcada de la foto es las de la iglesia de San Gil? ¿ Donde se encuentra? Gracias