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viernes, 3 de octubre de 2014

El Monumento a los granadinos ilustres

En una populosa calle del céntrico Barrio de la Magdalena de Granada, hay un guiño a un político destacado de la ciudad, un honrado, culto y sagaz hombre que ingenió mil formas distintas de aportarle lustre a esta tierra. Era José María Jáudenes, Gobernador Civil de Granada, enamorado de la flora y la botánica hasta el punto de convocar concursos para la publicación de estudios de las plantas granadinas, que después recompensaba con escribanías de plata. Generoso pero de su propio peculio, ayudó a las órdenes religiosas dedicadas a los necesitados, caso de la Hospitalaria de San Juan de Dios o las Mercedarias motrileñas. Fue destacado miembro e impulsor de la Real Sociedad de amigos del País y se mantuvo en el cargo dos décadas, en las que hizo frente a la enfermedad del cólera, los terremotos mortales de la navidad de 1884 y legó un informe tan detallado y exhaustivo que a día de hoy se ha convertido en un verdadero testimonio gráfico insuperable.

El señor Jáudenes fue el que denuncia continuamente la necesidad de una cárcel digna y justa para los presos que se hacinaban en la Prisión de Belén, que hubiera sido el Convento de Mercedarios de la ciudad. Apoyó las iniciativas científicas y se destacó por sus continuos viajes a Madrid, recabando todo tipo de apoyos para el crecimiento y dotación de la Universidad. Don José María consiguió que el casi ruinoso Hospital de San Juan de Dios se salvara de la piqueta y continuara fiel al espíritu de su fundador, el “padre de los pobres”, poniéndolo bajo la tutela de la Diputación.

Era una persona activa y de lúcida mente, capaz de convencer y de arrastrar a la población con sus encendidos discursos. Entre el 14 y el 15 de octubre de 1879, fabulosas lluvias en Murcia se vinieron a conocer como los naufragios del Segura. Desde el Palacio Arzobispal, el Gobernador de Granada llamó a todos los granadinos bajo un sugerente discurso: “socorramos Murcia”. Peleó por las estaciones telegráficas, el servicio de correos, el aumento de asilos y fue pionero en la renovación de los cultivos agrícolas, siendo el que se empecinara en encargar conferencias a ingenieros y expertos comprobados para que explicaran los beneficios de la plantación de remolacha en la vega, que como se pudo ver con los años, salvó la industria agrícola y dinamizó la economía granadina. La huella de la misma, quedó patente en la Gran Vía de Colón.  

Bordado de encaje de bolillo granadino del siglo XIX, propiedad de la Universidad Complutense de Madrid, regalado por la Diputación Granadina. 

Cuando el Gobernador de Granada se encaraba con los competentes de Madrid, éstos le temían. Durante años, repitió hasta la extenuación la necesidad del trazado de una línea de ferrocarril entre Granada y Motril, con una desviación a Salobreña. Las promesas incumplidas lo llevaron a sugerir un tranvía para el transporte de mercancías. Huelga decir que a día de hoy, Madrid (y desde hace años, Bruselas), hacen oídos sordos a las necesidades de la provincia. Sus empecinados estudios sobre el azúcar en Motril, son de una modernidad sorprendente, calculando incluso los kilos de azúcar que habrían de obtenerse por marjal de tierra cultivada.

Sorprendería por ejemplo sus empeños en el cultivo de cáñamo, los datos económicos que arrojaba sobre la provincia (casi cuatro millones y medio de pesetas anuales de presupuesto en 1879) o que Granada tenía 77.000 habitantes, seguida por Motril con 13.500 o que si a día de hoy, hay 168 municipios, en los años de su mandato, el número ascendía a 205. Pero lo interesante sucede tal día como hoy, hace 135 años. Era un 3 de octubre de 1879 cuando José María Jáudenes crea una Junta encargada de llevar a cabo la erección de un monumento que se consagrara a la memoria de los granadinos más ilustres en materias científicas, artísticas o literarias.

La comisión habría de apuntar estos nombres, entre otros muchos:

*Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) escritor y diplomático.
*Fray Luís de Granada (1504-1588) filósofo, teólogo y escritor.
*Álvaro de Bazán (1526-1588) mejor marinero español de la historia.
*Francisco Suárez (1548-1617) teólogo, filósofo y jurista.
*Alonso Cano (1601-1667) el artista más prolífico de la Hª de España.
*Mariano Álvarez de Castro (1749-1810) capitán general, héroe Independencia.
*Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862) poeta, dramaturgo y Presidente del Gobierno.


Tampoco se realizó, en 1874, este Monumentoa Cervantes que luego pretendió llevar a cabo nada menos que la ciudad de Nueva York

El monumento contó con diseños presentados por Francisco Morales que años antes había trabajado con su maestro Manuel Marín en la obra escultórica a Mariana Pineda y se ubicaría al principio de la Carrera, en la zona conocida como del Embovedado. Aquel proyecto, como el de tantos otros granadinos esforzados y pensativos, no pudo llevarse a cabo. Era una obra faraónica a la manera del Monumento a la Constitución de la ciudad de Cádiz. Una colosal y gigante obra en la que se hacía referencia al pasado científico, cultural, artístico y muy especialmente, a la historia propia de una tierra que durante años fue epicentro del Mundo conocido. Muchos de los nombres que en su día se llevaron a debate, acerca de la idoneidad de su inclusión en tan bárbaro proyecto, continúan en el olvido de los ciudadanos. Muchos de ellos y otros tantos anteriores y posteriores, han sido relegados de la memoria colectiva.


Pero los esfuerzos de Jáudenes quedaron. Por eso a su muerte, una céntrica calle que lame los entornos de la vieja Magdalena, lleva su nombre. Para que no olvidemos que también hay gestores comprometidos y capaces que se desvelen por cumplir con escrúpulos, celo y razón, su trabajo. Además de amar su tierra. Como José María Jáudenes, Gobernador Civil de Granada en la recta final del siglo XIX y cuya herencia ética e intelectual, recogería, Antonio Gallego Burín. 

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