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miércoles, 29 de octubre de 2014

Bibataubín: de Castillo a Palacio

Recreación de una puerta de entrada granadina. 

Con más de ocho siglos de historia a sus espaldas, el que hoy recibe el nombre de Palacio fue una imponente construcción defensiva levantada para la protección de una entrada ciertamente arriesgada y fácil de vulnerar de aquella Granada del siglo XIII, la de la Puerta de los ladrilleros, Bab al Tawwin, posiblemente la que ofrecía mayores facilidades para que los enemigos la vulneraran y entraran a la capital del Reino.  Fue Ibn-al Hamar el que se decantó por fortificar esta zona de la ciudad en la que habían proliferado los morabitos, las ermitas en el rito musulmán que ocupaban los místicos granadinos de la corriente del sufismo, quizás la más ascética y culta de las ramas del Islam. Durante la dominación almohade, esta zona de las riberas del Genil fue extraordinariamente apreciada por los eremitas granadinos, prueba de ello, la única construcción de aquel tiempo que nos ha llegado a nuestros días, la ermita de San Sebastián.

Granada nazarí

La extraordinaria defensa granadina llego a su cénit en tiempos nazaríes. Cuando la inmensa tropa de hasta doce nacionalidades distintas que habían conseguido reunir los Reyes Católicos se apostó en los alrededores de Granada, unos y otros sabían que la única forma de vencer al contrario, sería por el asedio. Así que con la fortuna de unas capitulaciones que nos vuelven a recordar la extraordinaria sensibilidad y el acierto como gobernante del último emir, Boabdil, los monarcas castellano-aragonés entraron a una ciudad que podía presumir de ser la mejor guarecida de Europa y que, entre otras, tenía su punto flaco todavía, en este lugar, a pesar de que en tiempos nazaríes a la puerta en recodo se le sumó una segunda muralla. Pero eso no evitó que don Gonzalo, el Gran Capitán, la burlara antes de que Granada definitivamente, cayese en manos cristianas.

La fotygrafía demuestra cómo hasta el siglo XX conservó su aspecto de castillo. 
El círculo rojo destaca las almenas de su carácter defensivo. 

Aquel hecho, infundió temores en los Reyes Católicos que se dispusieron a fortificar este sitio con baluartes para artillería, encargándose de este trabajo Ramiro López, quizás el más preparado en su tiempo, autor de las singulares defensas de Santa Fe y de la propia Alhambra. Cuando se terminó la construcción, estábamos ante un verdadero castillo medieval,  con un profundo foso, un puente levadizo y torres almenadas. Lo poco que quedaba en el siglo XX, desapareció durante la década de los setenta, junto al vecino Teatro Cervantes y a tantas otras tropelías urbanísticas de la última época del franquismo, que resultó ser más dañino para Granada que la mismísima Guerra Civil.

La reforma de 1932 suprimió las particulares y personalísimas imágenes de los granaderos y el busto de Carlos III

En el siglo XVIII,  una rebelión interna era imposible y el temor a un ataque externo, improbable. Así que en 1718 se ciega el foso, se hace la suntuosa torre esquinera y se remodela la fachada al gusto barroco. Pero debajo de toda esa máscara que le dio aspecto de palacio, continua existiendo un baluarte con troneras para los cañones. Lo último en hacerse fue la portada, digna de un Palacio regio, gracias a sus airosas y solemnes columnas salomónicas, nada menos que las que se desecharon de la portada de la Iglesia del Sagrario Catedralicio, de José de Bada. Remataba el conjunto, el busto de Carlos III y la imagen de dos granaderos.
Bibataubín en 1885, cuando todavía era un cuartel. 

En 1932, el sistema defensivo nazarí, luego castillo medieval, luego palacio, se convirtió en sede de la Diputación. Se eliminó la decoración geométrica de la fachada, por ostentosa y recargada. Se suprimieron las imágenes de los granaderos por jarrones decorativos dentro de los nichos y el busto de Carlos III pasó al interior del palacio. Estábamos en tiempos republicanos y no hace falta decir que el respeto a la historia, guste o no, no ha sido precisamente el fuerte de la España de aquel tiempo.



Hoy, Bibataubín sigue ofreciendo un aspecto imponente y elegante, una desconocida joya para los granadinos que alberga  tras de sí, la historia misma de la ciudad y que desgraciadamente, pasa desapercibido para el viandante.


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