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domingo, 28 de septiembre de 2014

Fragmento del XXI Pregón de Nuestra Señora de las Angustias, Patrona de Granada



Coplas de pie quebrado al acontecimiento devocional más importante que ha visto Granada: 


Con cuánta pena se iba
el sol de julio esa tarde
de Granada.
Con qué devoción cautiva...
-“¡Angustias que Tú nos guardes!”,
La dejaban.

Salía el pueblo por la puerta
de la Casa de las Casas.
Nueve y media;
a la Carrera desierta
julio, veintiséis y Ánimas.
¡Sin tragedia!

Tocaron fieles los bronces
de los cipreses de piedra:
las campanas.
Y en la Sacristía entonces,
el cura, casulla yedra,
se quitaba.

Lo último en apagarse
aunque Ella nunca se apaga:
Camarín.
Manuel García va a darse
con resplandores de flama
y el hollín.

Auxilio, fuego, auxilio
que en su santo tocador
se extienden
las llamas como un exilio
que prenden alrededor
y ascienden.

Por Dios, aprisa, gritaba
mientras el santo senado
ya ardía.
Manuel García llamaba
bajo el humo cobijado
que crecía.



La cúpula del Palacio
del Senado Virginal
de María
ardiendo en fuego despacio
y torciéndose el cristal
que partía.

Desde el óculo dorado
del techo senatorial
de su cuarto
hay un ímpetu quemado
que en apetito infernal
no está harto.

Aprisa va el campanero
más aprisa el sacristán,
sacerdote...
La Virgen es lo primero
(en pensar no tardarán)
cuando explote.

Repicando en amenaza,
volteando por el trance
las campanas
anuncian la circunstancia
telegrafiando el avance
de las llamas.

¿Minutos? Quizás segundos.
Y hasta menos lo que tardan
en llegar
los devotos más profundos
que ante la puerta se espantan
de pensar...

De pensar lo doloroso
de imaginar que se pierda
lo primero
De soñar con el penoso
suceso que extinguiera
su lucero.



Cuando llegan los bomberos
Granada ya ha traspasado
los umbrales
Cuando llegan los bomberos
el pueblo ya había cruzado
los reales.

Entró la gente a tropel
y más de cien granadinos
sin pensarlo
se volvieron un bajel
que iba abriendo los caminos
incendiados.

Pineda, Lopera y Luis
con la sangre de rubíes
¡A la calle!
Zegrí, Millán y Martín
con las manos carmesíes
de cristales.

De repente un italiano
un circense, no lo duda
 y a caballo
de su Circo del Campillo
fue el héroe de una hazaña
de caudillo.

Granada fue una cadena
de quemaduras y manos
que la amaba.
Y Frasquito Yerbabuena
granaínas y fandangos
le cantaba.

No había tenores altivos
no hubo voces de sopranos
que sobraban,
que tenía a los nativos
y a su hijos más cercanos.
¡Le bastaban!



A la puerta de la Iglesia
entre ampollas cenicientas
de los suyos,
La Virgen de las Angustias
se asoma entre las tormentas
y barullos.

Mientras los vidrios explotan
y el fuego no se detiene
la Señora,
a Granada la pivotan
y Granada la sostiene
sin demora.

Un mar de hijos se suma
un mar de manos camino
a Catedral,
como el sol entre la bruma
era un buque con destino
virginal.

La procesión de traslado
fue la más grande ocasión
antes vista.
Y el corazón traspasado,
de la Gloria a la Pasión
bien prevista.

Junto al Conde de Guadiana
los braceros de la vega
por igual.
Y la Mejor Ciudadana
entre el Condado de Agrela
va triunfal

A una, todos a una,
por título, todos Hijos
de Angustias
Os pido que hagáis la suma
de las amplias y prolijas
mil liturgias.

A una, todos a una,
y en todos Granada entera
la labor
que nunca, nunca y ninguna
y en otra ocasión se diera
tanto amor.

Aquel 26 de julio
nueve y media de la noche
mi Granada.
Salvó su mejor peculio
con un fraternal derroche
de su alma.

Aquella noche el tesoro
más preciado y preferido
de Granada
la joya con más decoro
del joyero más querido
fue salvada.

Y a casi un siglo de aquello
no sé si os daréis cuenta
¡quién lo duda!
se dio el suceso más bello
que la historia nos recuerda
con ayuda.

Y sigue por granaínas
cantando nuestro Frasquito
Yerbabuena
que repiten las esquinas
como ahora yo repito
“en mi Alacena”:


La Virgen de las Angustias,
la que más Altares tiene,
porque no hay un granadino

que en el pecho no la lleve... (7).

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