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lunes, 11 de agosto de 2014

El triunfo, 204 años antes

También los franceses escogieron el Campo del Triunfo para llevar a cabo las sentencias a muerte. España invadida, dominada por las tropas napoleónicas y el patíbulo frontero a la Puerta de Elvira, viendo desfilar a patriotas empeñados en defender a los suyos. La mañana del 11 de agosto de 1810, los granadinos, atemorizados y a sabiendas que los soldados franceses los vigilaban y podían tomar represalias, desfilaron en torno al garrote vil que todavía llevaba el olor a muerte de uno de los más grandes héroes de la Guerra de la Independencia. Se cumplen hoy 204 años del asesinato del Capitán Vicente Moreno, defensor de España y los españoles.

Todos nuestros héroes, todos nuestros valientes fueron sencillos hombres del campo, curas que nunca antes habían empuñado un arma, mujeres aguerridas capaces de demostrar que el sexo no entiende de honor y de valor. Vicente Moreno no iba a quedarse de brazos cruzados observando a los corsos de Napoleón expoliando el país, asesinando con impunidad y destruyendo la soberanía, legitimidad y tradición de España. Así que decidió irse a la complicada y dificultosa Sierra Morena y en medio año, sus hazañas le habían valido el grado de Capitán. Gobernó el regimiento de su tierra, el Málaga nº 35. Peleó en Ocaña, en Jaén, dirige una guerrilla y comanda la resistencia contra los franceses cuando se proponen conquistar Málaga. Ya había caído Granada, Loja y todo el camino hacia la capital costera quedaba expedito. Peor Vicente Moreno no estaba dispuesto a que el francés asesinara sin esfuerzos a sus vecinos.

Resistieron. Nuestro capitán sólo tenía ya una cosa: honor. Pero la superioridad numérica y táctica de los franceses fue contundente. En cuanto entran en la ciudad, demuestran la verdadera cara y sus intereses reales: aquello era una sucesión sangrienta de rapiñas, una voracidad más propia de bárbaros de la Antigüedad que de soldados del Imperio francés. Las mujeres son violadas incluso muertas, por las calles, los niños caen abatidos por disparos y los fusilamientos de los pocos soldados que quedan, se repiten junto a las murallas de la Alcazaba. Pero el ladrón de Horace Sebastiani, gobernador del territorio del Reino de Granada, busca un escarmiento ejemplar. Todavía recuerda cuando en julio, apenas un mes antes, sus hombres acabaron todos muertos por la tropa de Vicente Moreno en Riogordo; así que se le ocurren dos cosas: o lo convence para que luche del lado napoleónico, o lo asesina.

Antiguo Convento de la Merced de Granada, ya convertido en Cuartel. 
En segundo plano, a la izquierda, el Campanario de San Ildefonso

Sebastiani lo tienta con una oferta que cualquiera en la circunstancia de Vicente Moreno Baptista hubiera aceptado: su libertad y el grado de coronel. Sólo tenía que jurar lealtad al rey José I y prometer fidelidad a Francia. Y ante los asesinos galos, en las dependencias del Gobierno Militar de Málaga, dice: “el honor de un patriota español no se vende”. Sebastiani arde en cólera y lo conduce a la capital del reino, a Granada. Allí, en prisión, torturado y forzado a que en público, reconozca su lealtad a Francia y rechace cualquier españolidad que mantenga los ánimos de granadinos y malagueños, vuelven a requerir un juramento y a prometerle prebendas y títulos. Vicente Moreno prefiere la muerte al deshonor. Desde la Real Chancillería los franceses lo conducen a él y a los seis compañeros que quedaron vivos hasta el Convento de la Merced, que han convertido en cuartel de infantería y que usan además de prisión para sublevados, guerrilleros y soldados. En el patio, ahorcan ante Vicente Moreno a sus seis compañeros y vuelven a intentar que renuncie a su inquebrantable españolidad. ¡Sin éxito!

El último intento fue exponerlo ante su mujer e hijos. No varió un ápice su convicción patriota y su honor. La sentencia llegaba aquel sábado 10 de agosto de 1810. El patíbulo, en la placeta frontera a la Puerta de Elvira, lucía el garrote vil. Vicente había pleiteado para ser fusilado, la sentencia a muerte que le correspondía a un soldado, no agarrotado como un criminal o delincuente. Los franceses no se amilanaron y le quitaron el honor que le correspondía. Subía al patíbulo mientras el verdugo escoltaba el instrumento de tortura. Sentado en el escaño, el Capitán Vicente Moreno Baptista gritó sus últimas palabras: ¡Por España! Segundos más tarde, su garganta estaba estrangulada.  

Obra del granadino Pablo Loyzaga. 

En la jornada siguiente, la Hermandad de la Caridad de GRANADA lo enterraba en el Cementerio de San Ildefonso. El Párroco tuvo valor para rellenar los libros parroquiales sin olvidarse que el cadáver, era de un capitán español. Un patriota natural de Antequera que era honrado por esta ciudad el 29 de junio de 1908, cuando en la fachada del cuartel de Infantería, que hoy sirve a la Universidad de Granada, se colocaba una lápida conmemorativa del escultor granadino Pablo Loyzaga, en la que había esculpido la alegoría femenina de la Victoria colocando sobre el pecho del Capitán, una corona de laurel... En “homenaje a su heroísmo”.


El asesino y ladrón, Horace Sebastiani

Sebastiani salía con el resto de franceses año y medio después, esquilmando el patrimonio histórico granadino. Un suculento botín que hemos contado muchas veces en esta Alacena. A día de hoy, hay acciones que no se pueden dejar de recordar. A día de hoy, hay valores inmutables que forman parte del pasado... 

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