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domingo, 20 de julio de 2014

República Independiente de Granada

Cuando el 11 de febrero de 1873 España proclamaba la I república de su historia, nadie entonces auguraría que iba a vivir uno de los experimentos políticos más desastrosos. La primera experiencia republicana no llegó a durar 11 meses, durante los cuales vivió cuatro gobiernos distintos (suficiente ejemplo de la inestabilidad y la inoperancia de la misma) y a la postre, protagonizaría una de las más bochornosas situaciones a nivel histórico y mundial: la división, la ruptura, la esperpéntica disolución del Estado en 28. En efecto, como las pequeñas taifas cainitas y alocadas de la Edad Media, España llegó a vivir la proclamación de 28 estados independientes y auto-llamados “libres” en un mes y medio. Aquello lo conocemos como la rebelión cantonal y hoy día, saca la risa, la sonrisa y la incredulidad del más pintado.

No era cosa de profeta augurar que el fin de la I República estaba cerca. De hecho, el primer estado republicano español nació muerto. El problema de base es que la Monarquía no había estado a la altura y los republicanos no lo estarían tampoco. El principal escollo a salvar fue definir un Estado Federal o una República Unitaria. O lo que es lo mismo, permitir que España fuese gobernada sin necesidad de Rey o que cada pueblo (ojo, no cada región, no cada conjunto de poblaciones con identidades e historia parecida) se declarara suficiente e independiente. Y en efecto, cuando alguien plantea que está en condiciones de ser autosuficiente, el mensaje cala en otros y se llega a lo ocurrido en el verano de 1873, en el que incluso pueblos que no alcanzaban los 700 habitantes proclamaron su legítima autoridad e independencia, como si de micro estados feudales se tratara. Si se dan cuenta, 141 años después seguimos repitiendo los errores en el panorama actual.

El calendario de toda esta locura que sólo pudo haberse dado en un pueblo como el nuestro, a manera de hoja de ruta de la independencia española, fue el que sigue. Aquí les dejo por orden cronológico, las 29 declaraciones de independencia que vivió España, entre los meses de julio y agosto. En aquel curioso verano, por ejemplo, Camuñas, un pequeño pueblo de Toledo que contaba con poco más de 700 habitantes, ideó a través de su alcalde la idea de crear “la Ginebra manchega”. Los dislates y disparates darían para la obra esperpéntica más  simpática nunca antes escrita, como en el caso toledano, donde entre un maestro, un barbero y el verdugo local, expulsaron al párroco de la población y declararon formalmente su independencia del Estado Español. Así las cosas, así se vivió el verano de hace 141 años, verano de las repúblicas independientes de:

9 de julio: Alcoy.
12 de julio: Cartagena.
14 de julio Murcia.
17 de julio: Valencia.
19 de julio: Almasa
19 de julio: Cádiz
19 de julio: Sevilla.
19 de julio: Tarifa.
19 de julio: Torrevieja.
20 de julio: Alicante.
20 de julio: Granada.
21 de julio: Castellón.
22 de julio: Andújar.
22 de julio: Bailén.
22 de julio: Béjar.
22 de julio: Málaga.
22 de julio: Motril.
23 de julio: Córdoba.
23 de julio: Gualchos.
24 de julio: Salamanca.
Agosto: Camuñas.
Agosto: Huelva.
Agosto: Jaén.
Agosto: Jumilla.
Agosto: Loja.
Agosto: Plasencia
30 de agosto: Orihuela.

Pues bien, de las 28 ciudades que llegaron a la conclusión que les iría mejor como República Independiente con capacidad de gestión completa y exclusiva, una de ellas fue Granada, la undécima en concreto. Sucedía un 20 de julio de 1873, hace justo hoy 141 años. Los regidores granadinos decidieron imitar de los cantones de Murcia y Cartagena y empezaron a legislar la República independiente de Granada. A más de uno, en este mismo instante se le escapará una sonrisa de incredulidad, quizás de sorpresa, puede que de vergüenza. El caso es que los “presidentes republicanos” y máximas autoridades de la nación granadina, propusieron ciertas medidas estrambóticas. entre las diferentes tensiones federalistas-unionistas y los incipientes movimientos obreros.

Granada como el resto de España se halla envuelta en medio de continuas as revueltas y sucesos violentos que distraen la atención de los dirigentes. La corta y exigua república granadina no tiene tiempo de centrarse quizás en lo importante, los asuntos económicos, pero pronto se da cuenta que si no satisface lo primordial, la financiación, la duración del ESTADO INDEPENDIENTE granadino será efímero. Así que la primera medida,  fue requisar los bienes al Estado Central, que incautados, pasaban a ser propiedad de la República granadina.

A la postre, se subían los impuestos. Por supuesto, los ricos sufrirían una mayor tasa impositiva. En medio de una demencia sin igual, aquel Senado del pueblo granadino que no era otra cosa que nuestro Ayuntamiento, decide dar a  conocer una traumática orden que a la postre, era un atentado contra la cultura, el patrimonio de todos y el arte. Pero la historia se ha encargado de contarnos que los republicanos saben mucho de la destrucción patrimonial, y los republicanos granadinos, deciden la demolición de todos los templos de Granada y la socialización de todas las campanas, o lo que es lo mismo: su fundición con destino a acuñar una moneda propia del Cantón.

En efecto, víctimas de aquellas medidas fueron diversas supresiones parroquiales, derribos (entre ellos, la última acometida de San Gil, Convento de la Victoria...) y una moneda hecha de cobre y de tan mala calidad, que ni siquiera contentó a los fervientes cantonalistas granadinos que se las prometían felices con lo que el futuro depararía a la Granada Libre e Independiente. Pero la realidad se conocía poco después, cuando se emitía una suerte de Constitución republicana de Granada con los siguientes artículos:



1.- Imponer una contribución de cien mil duros contra los ricos.
2.-Derribar todas las iglesias.
3.-Establecer una fábrica de moneda.
4.-Incautarse de la administración de Hacienda y de todos los bienes del Estado.
5.-Dejar cesantes a todos los magistrados de la Audiencia. El comité del cantón se declaró soberano y única autoridad de la provincia, pero municipios como Baza y Loja no lo aceptaron.

La radicalidad de los voluntarios republicanos era gigante; un miliciano secuestró y encarceló al Arzobispo Su Excelencia Bienvenido Monzón Puente.  El "terror revolucionario" y republicano echó de Granada a un buen puñado de ciudadanos de las clases más pudientes, aterrorizados con lo que les podía pasar. Y el último despropósito de nuestra ignominiosa república, fue declararle la Guerra a Jaén. A fin de cuentas, se trataba de controlar cuánto más terreno mejor. Parece que en definitiva, a los independentistas les aterra otros como ellos. Así fue como a comienzos de agosto de 1873, Jaén y Granada, “entraron en guerra”.

Al fin, el 12 de agosto, tras 22 días de experimentos frustrados, el General Pavía ponía fin a aquella locura propia del surrealismo de Dalí, el esperpento de Valle Inclán o la más alocada cinta de Woody Allen. En menos de un mes acababa aquel cantón que trajo muerte y dejó más tocada si cabe, la situación económica que pese a todo imposible, empeoró aún más.


Pero lo triste, es que 141 años después, se siga insistiendo en soluciones parecidas desde cualquier rincón de España. 

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