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miércoles, 16 de julio de 2014

Granada en Nueva York

En julio de 1914 el periódico The New York Times anuncia que la Compañía Adams, dedicada a las entregas postales, estaba a punto de inaugurar su nueva sede, un coloso de 136 metros de altura y 32 plantas, proyectado por el arquitecto George K. Hooper. La planta número 22 fue arrendada a una banca privada y compañía de transacciones comerciales llamada Rojas and Niese Company INC. El dueño de la misma, el granadino, Julio Rojas, una de las figuras capitales de la bolsa y la economía neoyorkina de principios del siglo XX.

Retrato de Francisco Masriera Manovens

Era primo del primer marqués de Vistabella, José Martínez de Roda. Éste había nacido en Motril dado que su padre, médico reputado, había sido designado alcalde de la ciudad costera. El caso es que Julio Rojas llevaba desde 1910 operando con Guatemala, Colombia, Santo Domingo y Cuba. Exportaba e importaba todo tipo de acciones y un buen día, labra amistad con Francisca Aparicio Mérida, conocida en aquel momento como la Perla de Guatemala.

Francisca Aparicio Mérida el día de su boda. 
Retrato de Francisco Masriera, 1892. 

Las relaciones económicas y bursátiles de la compañía del granadino Julio Rojas le habían relacionado en su momento con la familia Aparicio de Guatemala. La hija de estos, casa con 17 años con el futuro Presidente guatemalteco y en menos de una década de matrimonio, Julio Barrios le deja a la bellísima Francisca Aparicio una viudez y 7 hijos. Años antes habían comprado un ático soberbio en la Quinta Avenida, elevándose por encima de Central Park. Allí, nuestro paisano empieza a frecuentar la sociedad bien de aquella ciudad que estaba a poco de convertirse en la capital del Mundo. segundo y más admirado, porque su fortuna se cifraba en más de 50 millones de pesetas de finales del siglo XIX, suficiente como para que la viuda guatemalteca pudiera construir una decena larga de rascacielos de la época. El flechazo tuvo que ser inminente y el matrimonio se celebró en la suntuosa casa de la Quinta Avenida, oficiada por el Obispo católico de Nueva York y con ilustres invitados: la madrina fue nada menos que la Reina Isabel de Rumanía.

Retrato de José Martínez Roda, Primer Marqués de Vistabella
Salvador Martínez Cubells, 1895

Los detalles del enlace los conocemos por Julio Rojas. El paisano del marqués se encargó de contar, como si fuera un enviado especial, los detalles de aquel banquete al Defensor de Granada y al Heraldo de Madrid. Mientras los primos viajaban a España para quedarse a vivir ya allí, en aquel palacete de la Castellana que conocería lo mejor y más granado de la aristocracia española en Madrid como el Hotel de los Vistabella, Julio cotizaba ya en la bolsa de Nueva York, vendía camas a Colombia y cargaba azúcar de Santo Domingo y de Cuba.

Julio Rojas amasó fortuna y se labró un nombre de garantías en aquel Nueva York. Su despacho, en Broadway, en el Edificio Adams, fue referencia obligada del comercio en habla hispana de todo Estados Unidos. Fue testigo de cuanto sucedió en aquel mundo en guerra. El 30 de julio de 1916, súbditos alemanes al servicio de su país cometían el atentado del Black Town. La isla, cerca del islote donde se yergue la Estatua de la Libertad, era un arsenal militar que saltó por los aires. El Adam Building donde nuestro paisano tenía su despacho, resultó gravemente dañado. Aquello supuso la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial.

Pero todavía Julio Rojas tendría que dar alguna que otra sorpresa. Con su capital privado, co-produjo proyectos cinematográficos de la Keystone, la productora de cine que había fichado a Charles Chaplin. Así las cosas, un granadino, Julio Rojas, emparentado con la nobleza española, estuvo presente aquel verano de 1914 cuando Charlot presentaba una de sus nuevas películas, The Property man...  


Otro granadino desconocido que conquistó Nueva York, años antes que lo terminara de hacer Federico García Lorca. 

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