Visitas

miércoles, 30 de julio de 2014

El Teatro del pueblo

El Realejo desde las huertas y claustro del Convento de Comendadoras

Emilio Pérez del Pulgar fue un personaje clave en la historia cultural de esta ciudad que ideó a fines de 1863 el proyecto más renovador e interesante que por aquellos días tuvieron a bien vivir sus paisanos. Era propietario de las  huertas de Almaxarra, que un día fueron patrimonio de la Corona Nazarí y durante siglos, de la Orden de Predicadores. De su herencia familiar conservaba toda esta almunia dentro ya del casco histórico que eran las huertas de la Plaza de los Campos Eliseos, que comunicaban con su residencia, el Cuarto Real. Aquel realejeño va a protagonizar una disputa muy afortunada y provechosa para la ciudad.

Las huertas y almunias reales de Almanxarra, propiedad de Pérez del Pulgar

Ese mismo año de 1863, Emilio Pérez del Pulgar tiene un desafortunado encuentro con la dirección del Teatro Cervantes, el único espacio escénico que tenía por entonces Granada y que cometió el desliz de no reservarle el palco habitual que desde hacía años, ocupaba para toda temporada. Como quiera que las soluciones que le ofrecían los propietarios del Cervantes no terminaba de satisfacer a Pérez del Pulgar, éste tuvo una feliz idea para los granadinos y su historia: construir un teatro propio que ofertara una programación interesante y rivalizara con el Coliseo granadino. Y así, a finales de 1863, comienza a construir el segundo de los teatros y el único que ha pervivido, al menos en el nombre, en nuestra historia: el Isabel la Católica de la Plaza los Campos. ¡En el Realejo!

Obras de derribo del Teatro Cervantes, el más antiguo que tenía Granada

Lo edifica bajo el pretexto de utilizarlo exclusivamente para uso privado; a las autoridades locales les explica que su intención en organizar espectáculos y  funciones musicales y teatrales para sus familiares y amigos, y como recordaba el incidente que le obligó a dicha empresa, carecería la construcción de palco, tal vez, haciendo bueno el refrán español que asegura que “quién evita la ocasión, evita el peligro”. Esto motiva que el Ayuntamiento no ponga ningún reparo ni la empresa explotadora del Cervantes vea rivalidad alguna en esta nueva construcción, pero lo cierto es que lo que nace como teatro para disfrute particular, terminará convirtiéndose en el foco de la cultura local y en el referente realejeño de la pasión musical y teatral.

Hazaña de Pérez del Pulgar, del que descendía el visionario empresario granadino

Aquel espacio fue diseñado con dimensiones más que notorias: tenía capacidad para 500 entradas principales y 700 de paraíso y desde que estaba en obras, comenzó a levantar las sospechas de los propietarios del Cervantes y del propio Ayuntamiento, que se extrañaba que un teatro de uso privado, tuviera las dimensiones tan sorprendentes que desde la calle podía apreciarse. Lo que nadie barruntaba es que un 14 de julio de 1863, Emilio Pérez del Pulgar había solicitado a la mismísima Reina Isabel II, la autorización pertinente para colocar las armas reales sobre la portada, ponerle nombre de teatro de Isabel la Católica y abrirlo al público. En el Palacio de Oriente, lo primero que llamó la atención fue el aristocrático e histórico apellido del que demandaba este favor real y es que, en efecto, nuestro protagonista era descendiente del héroe que llevó a cabo la hazaña del 18 de diciembre de 1490, don Hernando Pérez del Pulgar, lo que tuvo que abrirle más que rápido, las puertas del despacho real.

Las Armas Reales en tiempos de Isabel II que se colocaron en el Teatro Isabel La Católica

El 30 de julio de 1863, es decir, justo hoy 151 años, desde Madrid se autorizaba por varios motivos que aquel fuera el TEATRO REAL de Granada, en el Realejo. El Ayuntamiento recibía además una solicitud de permiso de apertura. Si la mismísima Reina había dado el visto bueno a aquel proyecto, el consistorio no tuvo más remedio que acceder a la propuesta, que estaba muy bien argumentada... Emilio Pérez venía a decir que ya que en Granada únicamente existía un único teatro, el  suyo haría posible que las clases menos favorecidas pudieran acceder a la cultura, que sus precios serían muy baratos y que la programación que había pensado, serviría para exaltar los valores de la monarquía. Y en aquellas fechas, la Corona no atravesaba sus mejores momentos, basta recordar que cuatro años después, Isabel II sería destronada. Así que para la temporada 1864, abría sus puertas, el TEATRO ISABEL LA CATÓLICA, hace por tanto, 150 años.

Decoración del teatro granadino

La prensa lo calificó como un “local majestuoso por su extensión, de de pocos pero elegantes adornos y con un escenario nunca visto, por su tamaño. Además, pensemos que estaba en un sitio privilegiado, en la zona del Realejo más cercana al centro, muy accesible por las actuales Cuestas del Progreso o de Aixa y que aquello era casi una obra de caridad, un proyecto social adelantado a su tiempo, pensado para el disfrute de los que no podían costearse una entrada en cualquiera de los teatros españoles de la época, pensados para clases altas y exquisitas formas. Aquel, de golpe y porrazo, fue el primer teatro del pueblo y para el pueblo. Obra de José Contreras (conocido, por sus labores de restauración, como “el arquitecto de la Alhambra) y decorado por José Dardalla, en 1914 estrenó luz eléctrica y amplía a 1.700 localidades su capacidad.


Después del incendio republicano, se levantó el actual Hotel Carlos V

Un 10 de marzo de 1936, sin que la guerra civil hubiera empezado, revolucionarios de la CNT asaltan el teatro, lo queman y lo destruyen. En aquel momento era propiedad del Conde de Guadiana, quizás por ese motivo, la izquierda radical granadina, redujo a cenizas el único teatro español que nació para los más pobres, a efectos de llevar la cultura a todos. Ese fue el fin de nuestro teatro pionero que, en 1952, reaparecería su nombre, en lo que fue el Casino Principal, estrenándose el actual Teatro Municipal de Isabel la Católica... En su lugar, el edificio pseudo historicista que se destina hoy a hotel, el Carlos V. Pero la barbarie, nos costó un edificio histórico que ahora estaría cumpliendo más de un siglo y medio. 

No hay comentarios: