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martes, 22 de julio de 2014

El Alcázar del Genil

Almunia de la Vega de Granada en la Plataforma de Vico, 1604. 

Hubo un tiempo que la zona comprendida entre el actual Camino de Ronda y Jardín de la Reina fueron los espacios preferidos del verano granadino, el lugar de referencia, de lujo y de refinamiento en la ciudad, el veraneo elitista con jardines y construcciones náuticas que dejarían la Alhambra coetánea en vergüenza. Por supuesto que nos referimos al Alcázar del Genil y la época a la que hemos de retraernos, el siglo XIII. De hecho, este Palacio fue construido por los almohades, no por los nazaríes, siendo por tanto anterior a la Alhambra. Lo mandó edificar el noble almohade Sayyid Ishaq, gobernador de Granada por expreso deseo del Imperio Almohade.

La Buhaira en Sevilla

Comenzó a construirse en el año 1218 después que la máxima autoridad política de Granada viajase hasta la corte almohade en Sevilla y fuera recibido en los palacios de la Buhaira que el primer califa almohade Abu Yaqub Yusuf había mandado construir como su residencia y corte al arquitecto Ahmad Ben Baso y que no llegaría a ver acabados cuando muere en 1184. Aquel espacio extramuros (se sitúa en el actual Barrio de Nervión, que más de 800 años después sigue estando a considerable distancia del centro histórico) a manera de una cuidada almunia sedujo sobremanera al Gobernador granadino que regresaba a su tierra sorprendido por la fastuosidad de aquel palacio de retiro en donde lo había agasajado su señor el califa Yusuf II.

Maqueta de Naucler que recrea el Palacio, Jardines y la Naumaquia del Alcázar del Genil

Sayyid Ishaq pretendió construir un jardín de las delicias en forma de almunia siguiendo en su traza el concepto de jardín oriental que de los persas habían traído a la Península los musulmanes y que quedaría destinado a recreo y residencia de invitados ilustres. Se serviría de las aguas de la acequia de  Arabuleila, la encargada de regar la margen izquierda del Genil. En 1238 Granada proclama de nuevo su independencia como Reino con la figura del primer nazarí, el mítico Alhamar, que tuvo alojado aquí al infante Don Felipe, huido de la corte sevillana de su hermano Alfonso X el Sabio en 1273.

El famoso condestable Álvaro de Luna estuvo en él con motivo de la batalla de la Higueruela, para servir después de alojamiento a su sucesor Miguel Lucas de Iranzo, que representó a Castilla ante el Emir Muley Hacén. En aquellos tiempos en los que Granada fue capital Imperial y sede de la corte del Emperador Carlos, el embajador de Venecia Andrea Navagiero lo visitó y luego, fue del Ducado de Gor.

Interior del Alcázar del Genil tras la reforma de Yusuf I (hacia 1340)

Antes, cuando subió al trono de granada Yusuf I, que reinaría de 1333 a 1354, el Alcázar del Genil iba a recibir el aspecto actual que conocieron todos estos ilustres huéspedes y especialmente se enriquecería su decoración, basada en los motivos nazaritas que se usaron para la Alhambra. Aquel palacio de recreo veraniego pasaría a ser posesión personal de la Sultana Aixa al-Horra, la madre de Boabdil, que tendría por tanto su residencia fija en el Albaicín, en el espléndido palacio de Dar-al-Horra y el veraniego aquí. La reconquista cristiana enajena los bienes nazaríes y mientras que el palacio y sus pabellones auxiliares los conserva la Corona en nombre de los Reyes Católicos, los jardines, almunias y huertas quedan en manos de un prestamista judío castellano que había sufragado mediante adelanto económico, parte de la empresa bélica de Castilla. Aquel espléndido y muy extenso espacio conoció diversos dueños hasta que pasara a propiedad estatal.

En 1922, el Gobierno mediante una Real Orden de Alfonso XIII convierte el Alcázar del Genil en monumento nacional; el error consistió en no declarar todo el conjunto, sino sólo el edificio. Así, cuando en 1931 comiencen las obras del Camino de Ronda durante la II República, el trazado de éste arruina la inmensa alberca que un día, fue uno de los reclamos de la aristocracia y el más deslumbrante recreo de Granada: se trataba de una inmensa piscina de 121,4 metros de longitud, 28 metros de anchura y casi dos metros de altura, capaz de contener más de 6.700 metros cúbicos de agua. Para hacernos una idea, el aljibe más grande de Granada, el del Rey, era 22 veces más pequeño.

En esta alberca descomunal se llevaban a cabo representaciones de batallas navales y concursos de destreza en el manejo de pequeñas embarcaciones. A veces, no eran más que demostraciones de la armada granadina, que la hubo y fue notoriamente importante. Otras veces, eran recreaciones de victorias nazaríes sobre embarcaciones castellanas y en definitiva, juegos de naumaquia como ya hicieron los romanos del Imperio que servían de distraimiento a la realeza, la corte y la aristocracia granadina de la época. Cientos de espectadores acudían a los palacios de la almunia del Genil durante los veranos del siglo XIV y XV.

Pero si durante la II República el gran escenario destinado a las batallas navales quedó arruinado, sus restos arqueológicos serían destruidos y violados desde 1975 a 1988, cuando se construyeron las urbanizaciones en torno al Palacio que acabaron por borrar cualquier recuerdo del que fue, sin duda, una de las más logradas obras de ingeniería musulmana en Granada y una de las pocas muestras de naumaquia de toda la Península Ibérica. Más de siete siglos de historia y de esplendor y refinamiento al traste con sólo la voz de una concejal, María Izquierdo, defendiendo Granada.


Interior del Alcázar del Genil tras la reforma de Yusuf I (hacia 1340)

Hoy el palacete permanece encajonado, embebido, constreñido entre bloques impersonales y anodinos habiendo perdido sus dos estanques, el circular y el rectangular, aquel gigante y enorme escenario, casi sueño, de la Granada sin pero con un improvisado puerto. Bajo el Camino de Ronda lo poco que de él se conserva, se integrará en la estación Alcázar Genil del metro de la ciudad, a fin de que sea visitable. Por lo menos, hará del Metro granadino el único “medio de transporte-museo”, aunque el consuelo sea tan pequeño.   

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