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lunes, 30 de junio de 2014

Las "Pasaeras" del Darro

La historia moldea los pueblos y consigue que brote aquello que hemos venido a llamar, identidad. Es una suma de personalidad, carácter y por supuesto, una suerte de acciones que dan identidad propia y diferencian los lugares. El respeto a las tradiciones no es el intento en vano de que sobrevivan actos y acciones del pasado que pueden dejar de tener sentido en nuestro tiempo, sino el intento por conservar aquello que ha ido moldeando y forjando lo que hoy día somos. Lo particular, lo peculiar de cada pueblo, es un bien a proteger que en la mayoría de los casos, corre el riesgo de extinguirse.

David Roberts, 1833.

Así ha sucedido lamentablemente en demasiadas ocasiones para Granada, que a duras penas ha sabido conservar el sabor de su historia, la única capaz de explicar el por qué de sus gentes y traducirlo a los siglos pretéritos como el libro abierto de la idiosincrasia granadina. Así se nos fue un día, no hace mucho desgraciadamente, una fiesta íntima, muy nuestra y muy popular que concitaba a los vecinos del barrio de la Churra, es decir, a los que llenaron las calles aledañas a la Parroquial de San Pedro, en unas fiestas vecinales concurridas y muy particulares que tenían lugar el 29 y 30 de junio de cada año.

Santa Rita de Casia de José Risueño (1718), 
del mismo autor y en el mismo año que la Virgen de la Esperanza

La jornada se abría con una solemne misa a la que sucedía, a horas vespertinas, la multitudinaria procesión que por los entornos de San Pedro y especialmente a través de la Carrera del Darro, ponía en la calle las Imágenes de los Santos a los que se les dedicó el fabuloso complejo eclesial de la Iglesia de Pedro y Pablo. A ellos se les sumaba la gran devoción a Santa Rita de Casia, una Imagen que realizó José Risueño en 1718, el mismo año que gubió la excepcional Virgen de la Esperanza y que recibió culto en un principio en el Convento de los Agustinos, en el mismo lugar donde también estuvo el portentoso Crucificado de San Agustín.

Como los lectores recordarán, esta Imagen de Santa Rita de Casia acabaría protagonizando la fundación del que a la postre, sería la primera entidad bancaria de España, el Monte de Piedad de Granada, que se levantó en 1743 a instancias de un fraile agustino casi enfrente de la Parroquia de San Pedro. Aquel proyecto medio bancario medio caritativo, llegó a atender y socorrer en sus 20 primeros años a más de 130.000 granadinos y a día de hoy, es Caja Granada, conservando por tanto su antigüedad y el privilegio de ser la primera fundación bancario-ahorrista de España, como en este enlace pueden recordar de nuevo. AQUÍ

Por supuesto, la Santa de Casia presidió la Capilla de aquel Monte de Piedad y con los años, terminó recibiendo culto en la Iglesia de San Pedro. Cada 29 de junio, los vecinos procesionaban a los Titulares de su Parroquia, Pedro y Pablo. Ella, la centenaria santa y monja agustina recoleta, cerraba el cortejo en una procesión que inmortalizó el 29 de junio de 1923 la revista Granada Gráfica, la de la foto de arriba.

Y el día 30 de junio (aunque también se realizaba el día de antes, la fiesta de los Santos Pedro y Pablo) se celebraba la fiesta por antonomasia de los vecinos, la celebración más personal, con más identidad y más ligada al Río Darro, a las calles de la feligresía y a todo lo que significó aquel río de oro para Granada y por ende, para los que desde la misma Reconquista, habían ocupado aquel entramado urbano de la vieja Granada: LAS PASADERAS.

Se trataba de una fiesta concentrada en el tramo del Río Darro que corre bajo el Paseo del Rey Chico, es decir, en las lindes que desde el Puente de la Cuesta de los Chinos iba hasta el Puente de las Chirimías, justo a las espaldas de la Iglesia. Allí, se colocaba un tablón que previamente había sido apoyado sobre dos grandes piedras del mismo Darro. El tablón, untado generosamente con jabón, tenía que ser cruzado por los valientes jugadores que protagonizaban graciosas escenas y caídas contundentes en su empeño por no resbalar. El que conseguía tal hazaña, era premiado con un bocadillo de jamón y el que no, para divertimento de media Granada, se pegaba un refrescante chapuzón en las aguas del Darro, que habían sido medianamente estancadas para esta fiesta, gracias a unos improvisados diques hechos con piedras que permitían la celebración de la fiesta.

Aspecto de  la Fiesta, un 29 de junio de 1928

Hasta no hace tanto, San Pedro era celebrado con sana alegría y ganas de divertimento por los vecinos del Darro, por los parroquianos de San Pedro. Aquello parece ecos de otros tiempos y sin embargo, son bastante cercanos. Una fiesta inocente, popular y muy saludable que explicaba primero, la identidad y personalidad de un pueblo, que sin necesidad de mucho gasto concitaba a los más jóvenes en un día de risa y camaradería y que desde luego, sin pretenderlo, rendía homenaje a un Darro que ha sido trascendental en la historia de Granada. Recuperar la tradición, desde luego, es casi una obligación que además, supondría muy poco.


Una fiesta que hasta 1972, fue muy concurrida. 

La ganancia, no sería otra que mantener todo aquello que forma parte de lo que ha sido, es y debe ser, el granadino. A fin de cuentas, de eso se trata. 

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