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domingo, 8 de junio de 2014

La Maestranza de Granada

Plano de Granada en 1768 donde se ve el lugar exacto donde estaba la primera Plaza de Toros. 

Granada ha sido ciudad de toros desde su Reconquista. Las plazas mayores y distinguidas de Birrambla, del Paseo de los Tristes o del Campo del Príncipe, dieron testimonio del sentir granadino por la ancestral cultura del toro; desde tiempos de Carlos III los caballeros ofrecían el arrojo y capacidad en el Salón y pronto, la Real Maestranza de Granada, una de las pocas del Mundo, pidió los permisos correspondientes para poder realizar un coso que, con independencia de las necesidades de tráfico y comercio, les permitiera a lo largo de todo el año adiestrarse con el caballo, la espada y la vara. Así fue como nació la tercera Plaza de Toros más antigua de España, la granadina que algo más abajo del Hospital Real, fue el coso por excelencia de Granada.

Proyecto de alzado de la Plaza de Toros de Granada de Nicolás Agustín Moya (1763), que no se realizó. 

Se inauguraba en 1768 y un pavoroso incendio acababa con su regio porte en 1879, tras 111 años de historia. Aquel mítico edificio que perpetuó las fiestas granadinas, fue el panteón de las ilusiones de quienes quisieron triunfar y el Olimpo de los que sí que lo consiguieron. La Arcadia de algunos y el Cielo de otros. Aquella primera de las tres plazas de toros que construyó la ciudad, la Maestranza de Granada, vio por vez primera el horror, tal día como hoy de hace 213 años. Era, día de Corpus.

Diseño del Anfiteatro para los maestrantes por Diego Sánchez Sarabia. 

Francisco Gracia “Perucho” había venido al mundo en la localidad gaditana de Setenil de las Bodegas en 1740. Tomó la alternativa en Madrid, en abril de 1778, concedida por Juan Romero y desde entonces, andaba en boca de los aficionados, compartiendo gloria con Costillares, inventor del volapié, Pepe-Hillo, torero pinturero, el primer matador del arte y con Pedro Romero, que lidió más de 5.000 toros. Perucho era de aquella escuela Rondeña de estilo sobrio y austero, pero que había de tirar de valentía ante esa falta de técnica que lo colocaba siempre debajo de Pedro Romero o Pepe-Hillo, los auténticos pilares de la tauromaquia.

Planta del coso por Ambrosio Antonio de Arias (1768)

Fue uno de esos pioneros encargados de desbancar del toreo antiguo a los nobles que a caballo, eran los únicos privilegiados para lidiar en el coso a las reses bravas. Fue uno de esos desheredados, pobres de Dios y de España que a pie, cambiaron el curso de la historia y se vistieron de alamares y grecas de tresbolillo para mirar al toro frente a frente. Así las cosas, a Perucho le dejaron como verdadero mérito, el que fuese uno de los primeros toreros de la historia en morir en la plaza. Pero a lo mejor muchos olvidan que el gaditano de Setenil, Francisco García, fue uno de los primeros espadas de la historia de la tauromaquia.

Diseño definitivo adoptado y aprobado por la Maestranza, obra de Vicente Sánchez (1763)

Era un 8 de junio de 1801. Fiestas del Santísimo Corpus Christi de la Ciudad de Granada. La ganadería utrerana de Juan José Bécquer traía astados de trapío que ofrecían las garantías de valor y de embiste. El primero del cartel era el diestro de Setenil, con más de 1.000 corridas en su ya dilatada carrera. Por encima de andanada se alzaba el pilar majestuoso en el que descansa aún la Virgen de la Concepción, primer monumento del Mundo a la Inmaculada. Perucho no pierde detalle de la puerta de toriles por donde se oye el resoplido de Barbero, un toro de Utrera negro, bragado y corniveleto que se le lanza encima casi al instante. No ha desplegado aún el capote, según las crónicas, lo mejor de su toreo, cuando Barbero le da una cornada en la axila derecha causándole una terrible herida.

Foto de 1878 sobre un daguerrotipo original, que demuestra cómo la primitiva Plaza estaba a continuación del Hospital Real. 

Por mucho que se procura taponar aquella sangría, la medicina de hace más de dos siglos se ve impotente y Francisco García, aquel diestro acostumbrado a actuar con asiduidad en el coso de Madrid, ve como se le escapa la vida en la Granada del 8 de junio de 1801, convirtiéndose tal día como hoy de hace 213 años, en el primer torero que perdía la vida en Granada, en aquella vetusta y distinguida plaza de la Real Maestranza de Caballería que lloró, a los pies de los 25 faroles de la Virgen del Triunfo, la primera muerte taurina. 

1 comentario:

Rafael Fandila Lozano dijo...

Buen trabajo de investigación, DAVID, eres una maquina.