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lunes, 2 de junio de 2014

Domingo Cecilio Sánchez Mesa

Mi infancia y mis orígenes son muy sencillos, aunque ahora al recordarlos no dejo de reconocer que hay en ellos algo de original e incluso excepcional”.

Pintura con modelo en Artes y Oficios de Granada. 

Domingo Cecilio Sánchez Mesa nacía en la localidad granadina de Churriana de la Vega, distante sólo 7 kilómetros de la capital de la Alhambra. No vino al mundo en el seno de una familia de artistas sino en un hogar sencillo y modesto dedicado como casi todo habitante de principios del siglo XX de la Vega granadina a las tares agrícolas. Su padre, Antonio Sánchez Molinero, era administrador de una empresa relacionada con las tareas de labranza, Durán Canal, y su madre, Natalia Mesa Montero, la heroína callada de una familia numerosa de la España rural de la época que trajo al mundo siete hermanos. Domingo era el tercero de ellos y al nacer el 1 de febrero, fiesta de San Cecilio patrón de Granada, recibirá como segundo nombre el del mártir romano.

Talla artística en Artes y Oficios de Granada. 

Hizo sus primeros y rudimentarios estudios en la Escuela Nacional del pueblo, causándole gratísima memoria y entrañable recuerdo aquel maestro de la más tierna infancia que fue el primero en descubrir en el pequeño Sánchez Mesa dotes artísticas muy por encima de lo normal. El adusto y cariñoso Joaquín Jiménez Uceda comenzó a plantearle al padre de Domingo la posibilidad de que el pequeño se iniciara en los mundos del arte. “Recuerdo que mis juguetes, hechos por mí, eran los que mejor funcionaban. Mis cometas eran envidiadas y mis dibujos, por todos reconocidos”.

Publicación usada por Sánchez Mesa. 

De su abuela tendrá siempre presente el acervo religioso que le inculcó y la curiosidad que desde los 7 años empieza a despertársele: “Cada altar y cada escultura era para mí un sinfín de preguntas. ¿Cómo estarán hechas?”. Pero a pesar de su entrañable cariño por aquella Churriana natal, al futuro escultor Granada le parece el oasis al que ha de llegar. Recuerdo [...] lo que me impresionaba el paisaje que se veía de Granada desde la Torre de la Iglesia”. Aquella curiosidad en crecimiento lo empujará a coquetear con la creatividad artística. A los 8 años, “[...] yo ya hacía mis primeras esculturas con el barro de la acequia...”.

Paso diseñado (luego realizado) de Sánchez Mesa en Arjonilla. 

Así las cosas, entre el maestro Joaquín Jiménez Uceda y un amigo y compañero de trabajo de su padre, Juan Muñoz, convencen a la familia que aquel niño de 10 años debe recibir una formación educativa que el encantador pero pequeño pueblo de Churriana no le podrá ofrecer. Y en 1914, pisa Granada y el Colegio de los Escolapios, en donde cursa tres años puesto que en 1917 su padre no puede seguir costeando los estudios del joven Domingo. Aquellos durísimos años de principios del siglo XX nos recuerdan y nos indican que todo artista no sólo debía demostrar su dotes y valías, sino que nos hacen reflexionar acerca de todos los genios que nos hemos podido perder porque estos no recibieran la educación debida.

Pero quizás que nadie pudiera ayudar a que el joven Domingo siguiera estudiando fue al cabo, una bendición, puesto que como el mismo autor nos recordaba en su semblanza “[...] ya que el cupo de becas estaba agotado, pasé como aprendiz al taller del escultor imaginero Eduardo Espinosa Cuadros, discípulo de Ojeda, a quien siempre agradecí su amabilidad y corrección de buen caballero”. El taller de Espinosa Cuadros a la postre, le daría una de las formaciones que en la actualidad se escapa en el academicismo de nuestros imagineros que no han tenido la fortuna de saber qué era un taller al estilo de los obradores barrocos, multidisciplinares y prolíficos, en los que se formaba a artistas bajo la tutela de la tradición. El joven Sánchez Mesa comparte aprendizaje con el sobrino del maestro, Eduardo Espinosa Moreno, el ensamblador Manuel Aguilar, el tallista y ensamblador Romero, además de autores contrastados como Manuel Roldán de la Plata, Luís de Vicente o Francisco Muñoz. El ambiente del taller es el más propicio para modelar realmente los conocimientos y aptitudes de un futuro artista. Podría haber aprendido de manera académica el oficio, pero se hubiera aprendido secretos de taller que se conservaban desde siglos atrás, el nivel de experiencia y las diversas disciplinas que le posibilitó el espacio de trabajo de Espinosa Cuadros y la oportunidad de enfrentarse a encargos reales y a clientes ciertos. Todo eso no se consigue en un aula.

La dureza de aquellos tiempos habla por sí sola. Como en sus tiempos de escolar del Centro de las Escuelas Pías, Domingo cubre la distancia entre Churriana y Granada a pie la mayor parte de las veces. Come en una pensión de la Plaza de la Trinidad, Tibidabo, un menú que le supone 1,5 pesetas diarias y al terminar la jornada cerca de las ocho de la tarde, cobra 3 pesetas, por lo que intenta ahorrar la mitad de ese exiguo sueldo para ayudar en casa. Y a pesar de todo se interesó por seguir aprendiendo y captar toda la enseñanza que pudiera ofrecerle la Escuela de Artes y Oficios de Granada, pero su trabajo en el taller de Espinosa sólo le hubiera permitido asistir a las clase nocturnas. No accedió el padre, debido a su corta edad.

En 1922 recibe clases de dibujo del afamado Joaquín Capulino, quizás el docente que más ha marcado a los artistas plásticos granadinos del siglo XX y que fue el que no dudó en recomendarle que se dedicara en exclusivo a la imaginería, alabando su capacidad de modelado, del que con sobresaliente estilo, conseguía sorprender a un docente como él. Corría el año 1924 y al aprendizaje en el taller de Espinosa Cuadros y las clases en Artes y Oficios sumó un nuevo trabajo para ayudar a la maltrecha economía familiar.


Y si sigues interesado en la obra, en la vida y la trayectoria de Sánchez Mesa, te invito a que asistas a la Conferencia de esta noche, homenaje especial por el 25 Aniversario de su fallecimiento... 

1 comentario:

José A. Maldonado dijo...

David, gran entrada, aunque mejor fue la conferencia con la que nos ilustraste anoche. Mil gracias