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martes, 17 de junio de 2014

Apperley

Fue el último viajero romántico que pisó Granada y con ella España. El último de los seductores seducidos, el último representante de una saga de intelectuales y artistas que decidió echar raíces a miles de kilómetros de casa. Nació tal día como hoy de hace 130 años pero la efemérides real es la que nos recuerda que vio por vez primera Granada, en 1914, hace 100 años. Y desde que la conociera, como él mismo intentaba explicar en la última entrevista que concedió, poco antes de morir: “La ciudad me gustó y creo que fue cuestión de suerte. Han sido dos cosas las que me han retenido: ciudad y mujer. Creo que aquí estaba mi destino. No sé cómo explicar esto. Es muy difícil”.

"La Alhambra desde mi estudio". 

Encarna al mejor paisajista del primer cuarto del siglo XX español. Fue un retratista del costumbrismo con ecos de lo romántico. Nadie como él plasmó las calles de Granada en una paleta colorida y brillante y para colmo, fue el más albaicinero de los que se decidieron a rebautizarse en el viejo barrio. Tuvo un taller en la Cuesta de los Chinos pero su verdadero hogar y refugio, estuvo en la Plaza de San Nicolás.

Su pintura se ofrece en el Victoria and Albert de Londres o en el Reina Sofía de Madrid. El rey Alfonso XIII sintió predilección por sus obras y lejos de querer emparentarlo con Julio Romero de Torres, el suyo fue el pincel de los tipos granadinos, mejor que el de los pintores locales. Jorge, porque fue Jorge desde que paseara por las calles granadinas, bautizó un pastel de la confitería de su amigo, el pintor López Mezquita

"Gitana con abanico". 
Una de sus modelos predilectas fue la albaicinera apodada "La Chonica". 

Conquistó Granada en 1917, el día que expuso en el Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, con motivo de las fiestas del Corpus, compitiendo con Gabriel Morcillo, Ismael de la Serna, Juan Cristóbal, Ruiz de Almodóvar, Marino Antequera o Manuel Ángeles Ortiz. Fue premiado por el Ayuntamiento y el Centro Artístico ganando el primer premio, un avance de su triunfo al año siguiente, en 1918, en el Palace de Madrid ante los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, para ganarse la amistad y confianza de Mariano Benlliure y los artistas que tuvieron algo que decir en la España de la época, sin olvidarnos de Federico García Lorca.

"Calle Gumiel de San Pedro"

Crítico y contestatario, sintió en su alma Granada y se lanzó en su defensa cono no hicieron los propios. Esto le valdría un atentado en su propio hogar en tiempos de la II República, de manera que puso sus ojos en Tánger pero no quiso culminar su exilio y conservó, visitó y residió de tanto en vez en aquel Mirador frontero a la Alhambra. De Granada decía con amargura y crítica reflexiva que era “una ciudad martirizada desde hace años por la codicia desenfrenada de unos cuantos, el mal gusto de la mayoría y la apatía de todos”.

Como buen pintor, le preocupaba la luz. No sólo en sus cuadros, sino en las calles del Albaicín, encabezando la enérgica protesta contra la iluminación pública que se instaló al fin en el barrio. No se calló ante el avance de la piqueta y la destrucción urbana de espacios albaicineros y alzó su voz protestando por plazas, rincones y miradores que eran violados y acaso por los derribos de viviendas cuyos solares acababan en escombreras. Una de ellas es la actual plazuela de la Gloria, donde con escaso interés local, se alzó un escueto monumento escultórico a la figura del más grande de los retratistas del barrio.

"Puente de las Chirimías"

Sus interiores son hoy verdaderos testimonios históricos, documentos gráficos del costumbrismo. Sus bodegones estaban intencionadamente compuestos por todo lo que supiera y encarnara lo granadino, sin olvidarse de la cerámica de Fajalauza, el metal a la manera nazarí e incluso las flores propias de los cármenes de esta tierra.

"Puerta de San Gregorio". 

Su pintura se caracterizará por el color y por la luz con la que baña de manera incisiva los puntos de fuga de sus composiciones. Después de los paisajes granadinos y el excelente trabajo de plasmación de rincones, monumentos y urbanismo de la ciudad, dedicará especial atención al desnudo femenino, a la composición casi simbólica de temas con la mujer como protagonista y al amor por el cuerpo femenino, ausentándose en su obra cualquier referencia masculina que no fueran sus propios hijos.

"Ídolo eterno". 

Destiló sensualidad. Amó a su mujer, la granadina que lo encandila tanto o más que la ciudad. Rechazó la vanguardia pictórica, se codeó con Soria Aedo, Rodríguez Acosta, López Mezquita o Gabriel Morcillo. Hizo de su Carmen, vivienda, taller y hogar, el punto de encuentro de los intelectuales de aquella Granada. Fue el esteta que defendió como pocos lo típico, lo tópico y lo propio. Escribió al punto de ser criticado y amenazado por defender sin pudor el patrimonio histórico y la identidad granadina.

"La saeta". 

Pocos supieron valorar que durante 17 años ininterrumpidos pero por espacio de 43 años, un inglés que rezumó calidad pictórica como pocos, decidiera instalarse en Granada para pintar a Granada. Pero lo que molestó es que alguien que ya era tan albaicinero o más que los propios vecinos, se preocupara con desvelos de hijo por el barrio, por la ciudad y por lo que compone y significa GRANADINISMO. El Gobierno de España entendió que estaba ante un artista descomunal al otorgarle medallas y distinciones.

"Semana Santa en el Albaicín". 

Moría  a los 76 años de edad en Tánger, pero tal vez lo hizo en la Granada de 1933, la que él había escogido como su verdadera tierra, la de su mujer y su s hijos, pero que la intolerancia de los republicanos granadinos le robó un día: hasta entonces había soportado los robos, las amenazas anónimas que deslizaban bajo su puerta pero la colocación de una bomba, que arrancó el portón de su casa, desbarató una carrera algo más allá que la estrictamente artística: la carrera de un granadino que nació en Inglaterra, que tenía sangre celta por sus venas pero que dio la cara por Granada como pocos. Por su Granada.


"Calle del Albaicín". 


Y esta ciudad, de una u otra forma, sigue en deuda con él. 

"Andaluza". 

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