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martes, 13 de mayo de 2014

La Cuadra Dorada

Cuando los descendientes de la familia real nazarí inician las obras de su señorial vivienda realejeña, nada hace presagiar que la ciudad será testigo del nacimiento de uno de los más nutridos focos de la cultura y el patrimonio que habría de ver la dilatada historia granadina. Acababa de iniciar sus casi cinco siglos de vida, el Palacio-Fortaleza de los Tiros, enigmática construcción con almenas, cantos a la Antigüedad, cañones asomando por sus matacanes y un lema que sigue encandilando al ciudadano: “el corazón manda”. Acababa de surgir la Casa de los Granada Venegas, o lo que es lo mismo, la Casa de los Tiros.

En la fachada, héroes de las novelas de Homero y de la mitología griega escoltan al dios Mercurio; inscripciones jeroglíficas envolvieron de misterio la vivienda palatina, las artesas de su zaguán se pintaron con luchas de fieras y aquí nació el segundo museo romántico más antiguo tras el de Madrid. Desde sus salas se gestó el turismo de la ciudad, la colección histórica, a manera de gran museo de asuntos granadinos, sigue siendo reclamo para investigadores y amantes del arte y en una de sus salas, se perpetró y fundó una de las tertulias literarias más afamadas y ricas de España. Fue dentro de su más noble sala, la llamada Cuadra Dorada por el resplandor de los estofados y dorados de la decoración en relieve de sus cuarterones, donde los Diego Hurtado de Mendoza (autor de El Lazarillo de Tormes), el cultísimo Juan Latino o los poetas locales, crearon la Poética Silva, la reunión de literatura más contundente del sur de España a lo largo de todo el siglo XVI.

Es en esta sala donde la magia se da la mano con la historia. Su artesonado, compuesto por una galería donde se recoge la mismísima historia de España, es un alarde de policromado que viene a constituir la mejor colección en escultura de la historia de la Península Ibérica, la mejor biografía que nunca se ha esculpido del sur de Europa. Allí, encontramos al Emperador Trajano, al rey godo Alarico, a San Hermenegildo, Fernando III el Santo, la Reina Isabel la Católica o el Emperador Carlos. Están el Gran Capitán, Garcilaso de la Vega, el mítico Pelayo o heroínas de la antigüedad como la Reina de Asiria, la fundadora de Babilonia, la triunfadora de la Guerra de Troya o una mujer de bandera y de arrestos, María Ponce de León, que fue vital en la Reconquista cristiana. El techo exquisito de la Cuadra Dorada, es el mejor ejemplo de paridad que se haya logrado nunca.

Para colmo, el suculento trabajo artístico está cumpliendo en este 2014 la nada desdeñable cifra de 475 años. O sea, a su lección de historia y su valor artístico suma toda una profunda enseñanza moralizante, una alegoría de virtudes culturales y heroicos de hombres y mujeres que desde la Antigüedad, han sostenido con su ejemplo al Mundo. Sin duda, aumenta la leyenda, lo mítico y sorprendente de un palacete como este que fue mandado hacer, casi cinco siglos ya, por los descendientes de la dinastía nazarí, cristianizados, convertidos a lo castellano y la españolidad y representantes de una de las familias más cultas y nobles que pisó aquel Imperio español.


Y que desde esta Sala, desde nuestra legendaria Cuadra Dorada, fundaron y sostuvieron la más altiva tertulia literaria de su época... Para hacer de una cuadra, el oasis de la  cultura. 


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