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jueves, 10 de abril de 2014

Premio Pulitzer

Ya está todo listo y preparado para que el próximo lunes 14 la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York entregue los premios más prestigiosos del periodismo mundial, que en sus 21 categorías distintas, alcanzan la edición número 97 y son un referente universal. Pero si detrás del Premio Nobel hubo un arrepentimiento y una duda moral de ese creador que se hizo rico por su invento de la dinamita, estos prestigiosos galardones nacieron igualmente de un acontecimiento poco loable y mediante un potentado de los medios de comunicación estadounidenses que fue de todo menos honrado, ético y honesto. La historia del casi centenario y más importante de los reconocimientos periodísticos, arrancó mediante una maniobra de desprestigio, descrédito, sensacionalismo y ataque frontal a España.

Su creador fue Joseph Pulitzer, nacido tal día como hoy hace 167 años en Hungría, o mejor dicho, lo que en aquel año de 1847 era el Imperio Austro-Húngaro. Tuvo desde siempre vocación militar pero el Ejército Imperial lo rechazo por su débil constitución, su mala visión y una salud tan frágil que lo incapacitaba para formar parte de ningún cuerpo militar, lo que no fue óbice para que el judío de Hungría decidiera emigrar a Estados Unidos; a diferencia de millones y millones de europeos, no sólo soñaba con una vida mejor... él quería ser militar a toda costa, aprovechando la Guerra de Secesión estadounidense para cumplir sus anhelos militares. Llegó hace hoy, 150 años.

Su carrera periodística fue fortuita, comenzando a los 21 años en pequeño diario en lengua alemana, que tenía su sede en Missouri. No le tuvo que ir mal porque a los 4 años compró el periódico y desde entonces, pasa a controlar la prensa de San Luis adquiriendo los demás diarios. En 1883 es ya millonario y se embarca en proyectos de altos vuelos, como la compra del New York World, que al entrar Pulitzer se convierte en un tabloide cargado de escándalos y sensacionalismo. Su particular línea editorial hizo que el diario pasara de 15.000 a 600.000 ejemplares y se convirtiera en el primer periódico del país en difusión.

Pero será con la aparición de William Randolph Hearst cuando la prensa AMARILLA toma todo protagonismo y lo populachero y escandaloso se convierte en la verdadera tónica de la información. El Diario de Pulitzer y el del magnate Hearst, entablan una guerra de difusión, una competición sin pudores que a raíz del estallido del Maine en el puerto de La Habana, será la culpable del estallido de la Guerra hispano-estadounidense, que no fue más que la búsqueda de la historia más amarilla, la más escandalosa, y la que con más ahínco pudiera faltar a la verdad pero a su vez atrajera a más lectores.

La guerra hispano-estadounidense fue el producto de fuentes fraudulentas inventos periodísticos, falta de pruebas pero por encima de todo esto, la ambición de dos hombres capaces de alentar, impulsar, sino crear una guerra con el solo objetivo de vender periódicos. Lo contamos aquí hace dosmeses


Los Premios más prestigiosos, conocidos, dotados y difundidos del periodismo mundial, nacieron de manos de un poco escrupuloso dueño de la prensa. De alguien con falta de ética y moral. Los Pulitzer nacieron de la mentira, vivieron de una guerra y a punto de alcanzar los 100 de historia, conviene recordar esto. 

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