Visitas

miércoles, 30 de abril de 2014

La muerte de Hitler

A varios metros bajo el suelo, se reunían los principales carniceros del Mundo. Por un lado, los rusos avanzaban sin cortapisas desde el Este. Por el otro, el avance estadounidense no era menor. En pocos días los dos más poderosos ejércitos del momento, acaso de la historia, se encontrarían en el Río Elba y a menos que las diferencias ideológicas de ambos lo impidieran, el Tercer Reich llegaba a su fin. Casi siempre que un barco se hunde, las ratas son las primeras que lo abandonan, de modo que a excepción del más repugnante de todos, Himmler y Göring no dudan en abandonar a su suerte a aquel que le habían jurado algo más que lealtad.

A siete metros de profundidad, enterrado en hormigón armado y debajo de la Cancillería, el mayor error del género humano se había quedado prácticamente solo. El único capaz de acompañarlo en el desvarío final fue Goebbles (que arrastró de toda su familia) y su amante Eva, junto a un puñado de criados (cocinera, chófer, médico personal y dos secretarias) que hubieran seguido a su Führer a las puertas del infierno. En un intento desesperado por abortar el fin de la Alemania Nazi, manda atacar el avance ruso con lo que queda de su 9º Ejército y la aviación. Pero el general ni lo contradice ni lo obedece. El 22 de abril, tras el más triste de los cumpleaños que haya vivido jamás y conociendo que ni sus generales lo apoyan, proclama su último discurso oficial: TODO HA ACABADO.

Arrojada la toalla, con Göring intentando usurpar el poder a un Hitler vencido y derrotado y con Himmler convencido que tras la derrota, la salvación pasaba por refugiarse en la violencia de sus SS, el Tercer Reich se convirtió en una cueva de traidores. El plan que más sonaba era negociar un alto el fuego con los Aliados, batallar a los rusos y ofrecer como garantía el asesinato de Hitler. Cuando el general Eisenhower leyó aquel ofrecimiento de Himmler, tuvo claro que la situación en Berlín era cada vez más desesperada. La Alemania Nazi estaba compuesta por ancianos y niños de doce años combatiendo al Ejército Rojo; el 25 de abril de 1945, Berlín ya estaba asediada.  

El genocida no era tonto. Abandonado, traicionado y escondido como una alimaña cobarde, profetizó un final que llegaría en breve. Así que repartió entre los miembros de su círculo ampollas de cianuro a pesar de que no todos en el búnker estaban por la labor de morir por él y la causa nazi y su “cuñado” ya se había escapado de aquel refugio. Pero la situación tornó en dramática el sábado 28 de abril... Hitler releía una y otra vez un telegrama que lo ponía al tanto de la conspiración de Himmler, que éste había ofrecido la capitulación a los aliados, que las tropas de Eisenhower y de Patton la habían rechazado y que rusos y aliados cercaban in extremis el despojo de la capital del Tercer Reich.

Decidido: se suicidaría. Pero antes debía evitar que los traidores se saliesen con la suya. Primero lanzaría hasta la última bomba que le quedara a su aviación contra los rusos, luego, apresaría a Himmler para fusilarlo. Antes, tenía que casarse con la única mujer que había sido capaz de alegrarle los días. En las primeras horas del 29 de abril, Eva Braun empieza escribiendo “Eva B...” pero entonces tachó la “B” y escribió “Eva Hitler, née Braun”. La celebración fue un desayuno y la retirada del mortífero caudillo para redactar su testamento político y su testamento personal. En el primer documento Hitler se declaraba inocente de la guerra, justificaba su oposición a esta y que siempre ofreció el desarme. “La historia, no podrá considerarme responsable de ella”. Por último desposeía a Göring y Himmler de sus cargos y los definía como los peores traidores de la Alemania nazi.

En su testamento personal, Hitler dejaba claro que Alemania le había ocupado todo su tiempo, por lo que llegado el fin, era hora de darle algo a la única mujer que le había dado todo y qué mejor que casándose con ella. Todo lo dejaba al partido, o en su defecto a Alemania. Terminó de dictar sus últimas voluntades a las cuatro de la mañana y mientras dormía, Goebbels completó el testamento político dejando claro que moriría en Berlín junto a su Führer, que no pudo más que pegar ojo durante hora y media. A las cinco y media de aquella mañana del 30 de abril, los pocos que aún conformaban el alto mando militar nazi informaban que en poco tiempo, los rusos conseguirían acceder al búnker.

Nada más amanecer las puertas del refugio se cerraron. Se desalojó de la Cancillería a los soldados y se introdujeron 200 litros de gasolina en el búnker. Hitler no quería que le ocurriera como a tantos otros líderes, caso de lo que un par de días antes habían hecho los italianos con su aliado Mussolini. Justo después de comer, Hitler fue dando la mano a todos y se marchó a su habitación con Eva como si de una siesta sosegada se tratase. Pero a los pocos minutos, un disparo confirmó lo esperado. A las 15:30 horas del 30 de abril de 1945, en el sofá de los aposentos personales del más sanguinario de los personajes que haya dado la historia, Eva, víctima de un envenenamiento por ingestión de cianuro y Adolf, muerto por un disparo en la cabeza, yacían sin vida.

En el jardín de la Cancillería y a 10 metros de la salida de emergencia se les roció con la gasolina y se quemaron los cadáveres justo en el instante en que un bombardeo ruso vomitaba destrucción sobre el punto cero del Infierno, sobre el lugar clave del Averno, sobre aquel edificio que habían conbvertido en el último reducto de lo más pérfido y ruin de lo que fue capaz el género humano. A las seis de la tarde, unos soldados de las SS salían al jardín a echar más gasolina sobre los cuerpos de Hitler y Eva Braun y a las once de la noche, cuatro escogidos se llevaron los cadáveres con el objetivo de enterrarlos en lo más recóndito e insospechado. Hasta el momento, los huesos del más infame humano no han sido encontrados.

Pero hace unos años, el periodista Abel Basti sacaba a la luz un libro controvertido dispuesto a cambiar la historia. “El exilio de Hitler” se encarga de demostrar que Hitler junto a Eva Braun llegó a Barcelona un 27 de abril, nunca se suicidó y en suelo español, planeó su escape y nueva vida. Apoyado en documentos del servicio secreto alemán y del FBI, sostiene que voló vía Austria y que durante 1945 el Ejército de los Estados Unidos invirtió enormes esfuerzos en localizar a Hitler en España, mientras los ingleses habían descubierto gracias al MI6 un submarino con los jerarcas nazis y cantidades ingentes de oro, camino a Argentina previa escala en las islas Canarias.

A pesar de que Abel Basti nunca desveló nombres, basó la literatura en otras obras anteriores que buceaban en las mismas tesis de endeble sostén, con su libro aseguró que todo se trató de una farsa fabricada en torno a un tirano que según el periodista argentino, era la pieza clave para luchar contra el comunismo. El libro subraya que los ingleses y norteamericanos lo habían financiado para que, de pintor fracasado, llegara a ser canciller de Alemania, por lo que con la caída de Berlín, los aliados crearon un pacto Washington-Berlín con el que se evacuaría la tecnología, documentación, divisas y dirigentes nazis para ponerlos a salvo en la Patagonia argentina.

Esta foto fue "vendida" como la del cadáver de Hitler. Se sabe que no corresponde al tirano.

Se trata de una novela sin el soporte histórico y real como para que nos la creamos. No perderemos más tiempo en averiguar si en efecto, Basti nos está contando la verdad en su libro “Tras los pasos de Hitler”, y poco puede importar si el Führer falleció el 5 de febrero de 1971 y está sepultado en una cripta en un antiguo búnker subterráneo nazi en Paraguay, donde en la actualidad se levanta un "moderno y exclusivo hotel", que la primera semana de cada febrero, cierra sus puertas para que un grupo exclusivo de nazis pueda honrar a su líder, "el hombre que les cambió la vida, a ellos y a todo el mundo, para siempre".

Porque la realidad, es que un 30 de abril de 1945, hace ahora 69 años, acabó el verdadero infierno, que no regenta Lucifer sino el hombre. Y durante casi 12 años, Satanás no fue otro que un asesino perturbado que se parapetó bajo una esvástica. Así que hoy, el Mundo debería estar de celebración por el fin (suicidio o no) de millones de personas. Y muy especialmente, La Alacena de las Ideas, brinda hoy con todo el pueblo judío, que hace justo 69 años, volvió a 
nacer.




''Mazal tov''...מזל טוב .

No hay comentarios: