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miércoles, 23 de abril de 2014

La joya de España


Juan Bautista de Toledo entregando la “traza” del monasterio al rey Felipe II.
 Bóveda de la Escalera Principal del Monasterio. Lucas Jordán, 1692-93

Cada 23 de abril se conmemoran hitos trascendentales para la historia de la Humanidad, empezando por el fallecimiento de los colosales Shakespeare y Cervantes (el Príncipe de los Ingenios) que tienen la osadía de empañar otra fecha fundamental en la historia del arte, para España y el devenir del Mundo: un 23 de abril de 1563, es decir, hace justo hoy 451 años, se colocaba la primera piedra del edificio llamado a ser el más grande del Mundo y desde el que se regiría los designios del Imperio más importante y en dónde descansaría, como Panteón Regio, los hombres y mujeres destinados a regir ESPAÑA.

Empezaba ese mismo día la historia de algo más que un monumento descomunal, que un edificio cargado de secretos. Es el mismo emblema de una España inmortal del que pueden leer cosas en una pretérita entrada publicada en esta Alacena pinchando aquí. El caso es que San Lorenzo de El Escorial vio cómo su padre Felipe II moría entre sus muros, celda de oro cargada de cultura y convertida en residencia y panteón real, Iglesia y máximo exponente de la Contrarreforma en todo el Mundo. Fue la debilidad del Rey Prudente, que en su testamento encomió a su hijo a que continuara velando por el Monasterio, considerado la octava maravilla del mundo, tan solo comparable al Vaticano del siglo XVI en sus riquezas.

Pero el Escorial es mucho más que una de las mejores bibliotecas, contenedores de cultura y patrimonio y lugar de descanso de los monarcas hispanos, puesto que en estos 451 años su valor simbólico no ha dejado jamás de sorprender. Las obras de arte, su propia traza y sus planos nos hablan de un lugar cargado de especulaciones mágicas, de contenidos esotéricos y hasta fenómenos paranormales. Sin ir más lejos el Monasterio parece un laberinto y esconde todo un universo subterráneo en sus fosos.

Con más de 7.000 reliquias de las que 300 tienen certificado de autenticidad, es un lugar de peregrinación, que lo mismo combina el poderoso museo en el que lo convirtieron, con obras de Jordán, Zuccaro, Coello, Van der Weyden, con la historia viva de este país, como los objetos personales de la monarquía, los muebles que acompañaron hasta el final a los reyes, los crucificados de Cellini o de Bernini, los lienzos de El Bosco y cuadros desconocidos para sus casi 600.000 visitantes anuales: Tiziano, Ribera, Van Dyck. En sus estancias se conoció el desastre de la Armada Invencible, los triunfos de los Viejos Tercios, el cambio de los mapas de Europa, los progresos de la ciencia, la muerte de papas y de reyes y todo lo que fue vital para la humanidad.

Primera piedra

Debajo de la silla prioral de la sacristía está la primera piedra, con el nombre de Felipe II y de Juan Bautista de Toledo, los padres de esta joya imprescindible de 33.000 metros cuadrados. Fue descubierta en 1971 sigue conservando esa sombra imborrable del Rey Prudente, que aprobó un diseño en forma de parrilla, que mandó instalar una sala de los secretos tras conocer la que contiene la Alhambra de Granada y que dio el visto bueno a esos guiños mágicos, caso de un suelo hecho con los signos del zodiaco o la última piedra, que recordaba que en 21 años se pudo concluir tan fastuoso complejo y curiosamente, se terminaba 10 años, justo 10 años antes de la muerte de su padre el Rey Felipe.

Fue más que el mecenas caprichoso. El Rey se mojó en el proyecto con un celo casi de arquitecto. Cambió decisiones del afamado Juan de Herrera y hasta le derribó una columna que estropeaba la visión, dando origen a una expresión repetida en la corte de los siglos posteriores: “Herrera, Herrera, con el Rey no se juega”. Y claro que no se puede tomar en vano su nombre, que propició que el Escorial sea hoy la Meca de los tesoros bibliográficos, contenidos en la impresionante Biblioteca, a la manera de la Vaticana y que está igual que cuando fue concluida en 1593, soportando la vida de 14.000 libros impresos, a los que hay que sumar 6.000 manuscritos árabes, hebreos, griegos y chinos de los que quizás el más preciado y el más antiguo sea uno del siglo V, nada menos que de San Agustín.


El Escorial es una joya que todo el Mundo habría de haber visto antes de morir, al menos una vez. Sus colecciones, archivos musicales, fondos y catálogos dan muestra de ello. Goza de fama por ser Panteón de la Corona de España, pero es mucho más que un simple pudridero real. Sus muros guardan algo que para sí quisieran todos los países del Planeta: la historia, toda la historia del país más antiguo del Mundo y el que más dio a lo largo de la época moderna

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