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martes, 1 de abril de 2014

Guerra Civil en Granada

Jamás ha tenido España un periodo tan largo de paz. Nunca. La historia de hazañas, glorias y épicas de esta tierra es también la historia de la guerra y ninguna otra permanece tan cosida a la mente y memoria del ciudadano como la última, por su (doblemente condenable) carácter civil. Aquella guerra de hermanos acabó hace justo hoy 75 años que es para nuestro oprobio, el mayor periodo de paz que hemos conocido en los 522 años de la historia del Estado más antiguo de la Época Moderna y Contemporánea.

Trincheras de ambos bandos en los Montes Orientales

Aquel horror de casi tres años de duración y un millón de víctimas se vivió de forma muy distinta según en qué ciudades. Granada padeció, por supuesto, pero quizás de forma menos abrupta como sí fue tónica general en casi todo el país, no digamos capitales y zonas cruciales para uno y otro bando. Con independencia de las represiones y barbaries, sin justificación de ninguna forma y a partes iguales en unas y otras manos, Granada padeció los efectos de la guerra de una manera más tamizada que otros. A penas unos bombardeos por la aviación republicana fue todo el efecto de la maquinaria dispuesta a matar que se oyó sobre la ciudad, aunque, jugó un papel importantísimo.

Trincheras en la Sierra de Alfaguara

Y es que Granada fue crucial para ganar la guerra. Es más, Granada hizo posible la victoria. Para los nacionales, pero a lo mejor pudo haber hecho ganar a los republicanos. De manera que les contamos que, GRANADA, FUE LA LLAVE DE LA VICTORIA EN ESA GUERRA CIVIL que terminó hace justo hoy 75 años. Y lo fue por su Fábrica del Fargue, la mayor instalación de explosivos y pólvora de España y la segunda más grande de Europa en aquel momento. No cuesta por tanto imaginar que para uno y otro bando, era fundamental, era crucial apoderarse de aquel bastión que iba a garantizar el suministro bélico y a decantar la balanza a uno u otro lado.

Acuarelas de la Alhambra de 1936

Pero dejemos claro algunas cosas: el mismo 18 de julio, cuando se ha dado a conocer el alzamiento del Ejército Nacional, en Granada la noticia no afecta ni a los leales a la república ni a los partidarios de Franco. Ni el 17, cuando ya las capitanías generales son conscientes que los generales conservadores están movilizando a la tropa, ni el 18, cuando no queda lugar del Golpe de Estado, ni el 19, que se han oído los primero enfrentamientos, los primeros conflictos armados de gravedad inusitada, en ninguno de esos casos, ni el Capitán General que es afecto a la República ni los partidarios del Alzamiento, han dado signo alguno ni proclama concreta. Pareciera que Granada no es parte de España y que en el conflicto no le va nada en ello.

Hasta el día 20. Y es precisamente la gran fábrica del Fargue, la única razón por la que se subleva la guarnición militar en Granada y se apresura a tomar el control y desarmar cualquier oposición. Porque desde cualquier cuartel, sabe Dios desde qué despacho militar, se les dice a los soldados de Granada que esa fábrica “jugará un papel decisivo en el curso de los acontecimientos posteriores”. Su control, a fin de cuentas, va a ser decisivo y culminante. Quién se haga con su poder, ganará la guerra.

Los republicanos se habían hecho con la fábrica de armas de Murcia. Una segunda cambió de manos, la de Toledo. Entre la murciana y la manchega, no llegaban ni a un tercio de la capacidad de producción. De hecho, en 1936 El Fargue contaba con 510 trabajadores, que llegaron a la sorprendente cifra de 1.676 trabajadores en marzo de 1938, más del triple. En la primavera de 1936. El Fargue ponía en el mercado 200.000 kilos de pólvora y 50.000 kilos de explosivos. Cuando estalla la guerra, desde Granada se pone en circulación 1.100.000 kilos de pólvora y más de 250.000 kilos de explosivos, multiplicando por más de cinco su producción.


El Hotel Alhambra Palace convertido en Hospital de Sangre. 

Incluso para esto, la incidencia de Granada en la historia es inconfundible. Y es que un día, fuimos el arsenal de Europa y la ciudad que dio y quitó victorias. Aunque no fue todo tan apacible. También estuvimos a punto de perder la joya indiscutible de la arquitectura medieval universal, del arte musulmán y los palacios referencia. El miedo que acarrearon la destrucción, las armas y el horror duró un mes, en concreto, aquellos bombardeos de la aviación republicana producidos del 29 de julio al 28 de agosto de 1936. Afortunadamente no hubo episodios de combates callejeros, meses de asedios, ataques y contraataques ni lo que ciudades hermanas como Almería o Málaga por no irnos muy lejos, sufrieron. El peor acontecimiento se produjo el del 6 de agosto de 1936, cuando dos aviones republicanos descargaron sobre el Cerrillo de Maracena matando a 8 personas y bombardeando la Fábrica de Tabacos del Realejo que ocasionó la muerte de más de 40  empleados.

Pero de todas, la peor fue la del 7 de agosto, cuando la aviación republicana descargó sobre la Alhambra, cayendo las bombas en el Hotel Washington Irving que acarreó decenas de muertos, entre ellas una señora embarazada de gemelos y un segundo proyectil que cayó sobre los palacios nazaríes, que costaron columnas, arquerías y yeserías, que durante el franquismo fueron restaurados, repuestos y reintegrados. ¿Por qué nadie cuenta realmente que la República atentó contra el monumento más visitado de España? ¿Por qué nadie cuenta que la aviación republicana falló en su intento por destruir la Alhambra?

Del 7 al 14 de agosto, menos el día 13, se bombardeó Granada todos los días, siendo muy trágico el 11 de agosto y en concreto en la calle Hornillo de Cartuja, con 9 muertes. Al fin, barriada de San Lázaro, acabó con 63 heridos y 8 fallecidos. Al menos a partir de entonces Granada dejó de sufrir ataques, tras un centenar de muertos provocados por la aviación republicana. Aunque alguien o algo hizo el mayor milagro: salvar la Alhambra

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