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martes, 15 de abril de 2014

Fragmento del Pregón Oficial de la Semana Santa de Almuñécar 2014


¿Acaso se te olvidó
(...acaso, visto lo visto)
cuando condenaste a Egipto
todo tu pueblo caló?

No fueron cuarenta años
de un éxodo y un exilio
que van para seis los siglos
de llorar pena de llanto.

Y sentirse siempre extraño.
La condena secular.
Y a viajar y vagar
a lo largo de los años.

Y estando ya avecindados
de nuevo ser expulsados
por las injustas justicias
fue el sino jamás buscado
de las perversas malicias.

Romaní, si no hay camino
un camino has de encontrar.
Cruza Asia y ese mar
tan nuestro y tan genuino
que tu casa espera ya.

Y al fin llegaron al Sur
que la Tierra prometida
de su cara y de su cruz
nunca estuvo en Palestina.

Vinieron de peregrinos
del Camino de Santiago
Nunca fueron clandestinos
ni maleantes ni vagos.

Eran condes egiptanos
llevando sangre de reyes
en la palma de la mano.
Los hijos de un Faraón
metidos a penitentes
porque apretando los dientes
protegían el corazón.

Seis siglos de desacato
con seiscientas amarguras
apuntando hacia la sien.
Viviendo más mal que bien
a causa de mil desprecios.

Y encima de la cabeza
Damocles como un cualquiera
amenaza con tristeza
con castigos de galera,
a olvidar toda costumbre
y perder las tradiciones
y estropear legaciones
y ayunar con pesadumbre.

A callar, siempre a callar,
que tu raza te desmengua,
a perder hasta tu lengua
y a seguir y perdonar.

No molestas por gitano.
Óyeme, te comunico:
te dirán “don” si eres rico
y don nadie si estás falto.
Esa es la única verdad;
que te compran el silencio
a golpe de caridad
y con limosnas te callan
para que aguantes la tralla
de toda su mezquindad.

Un mísero está pintando
el cuadro de la patraña
con los estigmas de España
y al cobre lo está marcando.

Espanta el tono aceituna
asusta lo diferente.
Sabemos a esta altura
cómo las gasta la gente.

Lo vulgar brota a los labios
modela el trivial ejemplo
pone brida a los caballos
y se mantiene en el tiempo.

¿Quién pinta el cuadro manido
de la varita de mimbre
tejiendo toda una urdimbre
de matojos de romero?
¿Quién te ha hecho prisionero
del tópico más manido
y el más malo que haya habido
para ningún otro pueblo?

Reírse por no llorar
bebiendo un vino de hiel
porque el color de la piel
no te deja en buen lugar.

Paradojas de la vida:
El Señor era judío
y su Madre Palestina;
y si quieres, de propina,
te desmonto el desvarío
de tu racismo que empapa.
Nuestro Francisco que es Papa
en tu razonar sombrío
no es más que un pobre sudaca.
A ver si entonces me entero
y descifro el acertijo:
te postras ante un hebreo
pero niegas a sus hijos.

De una cosa estoy seguro
no es católico el legado
del que mantiene apartado
al diferente y oscuro.


Yo prefiero piel de cobre
que corazones cobrizos
que a cerebros enfermizos
y al intelecto salobre.

Prefiero el tono aceituna
que combina con un alma
nacida en la baja cuna
de la justicia y la calma.

Colores al exterior
y en los adentros pureza
y de los  pies a cabeza
trotando adentro el Señor.

Así es mi pueblo calé
no el de las palmas y cantes
aunque de ellos te espantes
y lo trates con el pie.

Al Cristo de los Gitanos
le duele, más que la espalda,
a los que tiene cercanos
y de su etnia gitana.

Que no le duelen las manos
a la columna apresada
mientras se mantenga atada
la vida de sus hermanos.

Undivé, Cristo Moreno,
ya no siente el latigazo
ni le atormenta el fustazo
ni le acobarda el flagelo.

Al Señor de los calés,
le duele más la injusticia
y la condena impudicia
de los que sufren con Él.

Y le sangran las heridas
pero no la de los hombros
sino la de ver vencida
a la raza de sus ojos.

Y no le asusta el tormento
ni el azote del Imperio
que le duele el vituperio
del racismo más violento.

Al Cristo atado y moreno
no le consuela la copla
ni el dolor se le atempera
con seguiriyas y palmas.

Que el gitano es mucho más
que un baile y que un buen compás.
El Moreno de Almuñécar
acalla por no llorar.

Pero en la fragua del Cielo
se terminan las condenas
que angelillos canasteros
van quitando las cadenas
de los cíngaros bohemios.
De todos esos cañís
de bronce y cobre de piel
pero con alma de miel
que a Dios le dijeron: sí.

Por eso entre risa y canto
entre saeta y venero
camina un Martes Santo

nuestro bendito Moreno.

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