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lunes, 21 de abril de 2014

Escolapios en Granada

No podemos dejar que las efemérides granadinas pasen desapercibidas, no podemos olvidarnos de nuestra historia y mucho menos, echar en el desprecio y la indiferencia ese patrimonio que hace y rehace la ciudad. Hoy toca hablar de una fundación que está cumpliendo 400 años, que ha sido fundamental para entender el urbanismo y la mentalidad del granadino y que conserva en sus perfiles y formas la identidad de la ciudadanía que la vio nacer y quedarse. Hoy, justo hoy, la Iglesia de San José de Calasanz de los padres escolapios cumple, 238 años de su finalización y consagración, que ocurría un 21 de abril de 1766. Pero es que a lo largo de 2014, la edificación más primitiva y la fundación monástico-eclesial cumple 400 años, más que suficiente como para recordarlo y evitar que cosas trascendentes para el patrimonio de Granada caigan en el olvido.

"San Basilio dictando su doctrina". Francisco de Herrera el Mozo, 1639.

La Orden de los Monjes Basilios se remonta a las primeras comunidades religiosas del cristianismo, y sin embargo, una vez que estaban perdidas, algunos monjes jiennenses practicaron la regla de San Basilio en La España del quinientos, de modo que esta nación, o el sureste español en concreto, se convierte en la recuperadora de una de las reglas eremíticas más antiguas del Mundo, naciendo bajo el auspicio del Obispado de Jaén en 1540. Así es como llegamos al empeño personal de la tataranieta de los Reyes Católicos, nieta pues del Emperador Carlos, que dentro de esa política de recatolización de la ciudad de Granada, fue la primera impulsora de la fundación de un nuevo espacio monástico que en este 2014 está cumpliendo 400 años.

Así fue como se fundó en 1614, después de tres años de inútiles pretensiones que patrocinaba la Infanta Sor Margarita de la Cruz, San Basilio de Granada; era Sor Margarita una monja descalza que hace posible la instalación en nuestra ciudad de tres frailes que iniciaron hace ahora 400 años la ilusión monástica estableciéndose en la lejana y apartada huerta que conocía la Granada de principios del siglo XVII como la Casa Blanca. Había sido una donación de otro potentado de la ciudad, el caballero veinticuatro Antonio Álvarez de Bohórquez y Girón, el primer Marqués de los Trujillos que desde ese mismo instante se convierte en protector a perpetuidad del Monasterio. Este título nobiliario hace referencia a la pequeña villa de Trujillos, hoy pedanía de la localidad granadina de Montillana en la comarca granadina de los Montes Orientales y recae hoy sobre el jinete José Álvarez de las Asturias-Bohórquez Pérez de Guzmán, dos veces campeón de España de saltos y subcampeón de Europa, amén de XI Marqués de los Trujillos.

La primera Imagen que entra a formar parte del programa litúrgico y catequético sería la Virgen del Destierro, una particularísima Talla regalada nada menos que por la propia Sor Margarita y que era especialmente querida por su abuelo el Emperador, ya que ante aquella Imagen académica de María se oficiaban las Misas de Campaña y jamás dejó de estar al lado de la procelosa y viajera vida del Gran Carlos I.

El marquesado al que antes nos referíamos se vio enriquecido, dotado y ascendido por sus acciones y fidelidad. El Rey Carlos IV concedía al VII Marqués el título de Duque de Gor en 1803. Desde entonces, ligados a Granada y conservando con especial fruición su relación aristócrata con el viejo Reino, el ducado se desvivió por este Monasterio, entendiendo que nació de manos de sus antepasados. Cuando la Desamortización de Mendizábal arruina por completo la comunidad de frailes, saca a la venta la propiedad y la expropia, la gentileza descomunal y altruista del III Duque de Gor, Mauricio Álvarez de las Asturias Bohórquez y Giráldez, se pone al servicio de la historia y del patrimonio, salvando del expolio primero y de la ruina después el complejo monástico y adquiere la propiedad para que en ella se asiente la Orden Escolapia. Corría el año 1860.

Pero antes de que un ducado, la nobleza española y en definitiva, la historia viva de un Reino entero se pusieran al servicio del patrimonio granadino, se proyectaba dentro de la que ha venido a ser denominada “ola de la transformación barroca de Granada” una nueva Iglesia para los Basilios, la misma que hoy acoge a los Escolapios y alza su inconfundible traza en el paisanaje ciudadano. Se culminaba y bendecía tal día como hoy de hace 238 años una edificación de cruz griega, cúpula central, orden toscano e indiscutible solemnidad tanto por dimensiones como por cuidado ornato.

Se debe a la mano de Luis Arévalo y el maestro Rodríguez, los dos últimos cantos de cisne del barroco español, quizás los dos últimos encargados de sostener y mantener un estilo que con 160 años a sus espaldas estaba llamado a extinguirse. Luis Arévalo fantaseó en el Camarín del Rosario de Santo Domingo, la Iglesia de San José o el Convento de San Antón. Más ocurrente si acaso, el maestro Rodríguez, con el Palacio de Bibataubín que llenó de panoplias y granaderos que forman  parte de la historia perdida de la arquitectura local.

Sagrario Catedralicio de Granada

Cuando reciben el encargo de los Basilios, tienen claro que han de fijarse en el Sagrario de la Catedral. Así trazan esta Iglesia entre 1755 y 1766, participando el arquitecto Domingo Tomás en la hechura de su portada, algo más posterior, pues se concluía en 1789, hace ahora 250 años. Fue en realidad una adaptación de la vieja Portada de la Iglesia parroquial de la Magdalena, traída hasta aquí aún sin entender cómo se desprendía de ella la vieja iglesia de la Calle Mesones, que a los años sería víctima de un derribo doloroso e injustificado.

En su interior, dos obras relacionadas con Risueño, una Virgen, la Titular, del siglo XVII, el Beato Pompilio que fue hecho en 1889 por Francisco Morales (autor del Monumento a Mariana Pineda o de la Virgen de la Misericordia Coronada) y el ahora Titular, San José de Calasanz, de Navas Parejo. Pero sobre todo, el soberbio Cristo de la Expiración que encandila al arte y la devoción cada Viernes Santo.

Con todo, monjas de la familia imperial, duques, recuperadores de la historia eremítica del Mundo y miles de escolares de siglo y medio, andan cosidos ya a la memoria viva de este monumento, de este patrimonio y de esta Iglesia castiza a la orilla de un Genil que vigila con su airosa torre de chapitel vidriado

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