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sábado, 12 de abril de 2014

Amarás a Dios sobre todas las cosas


FRAGMENTO DEL XXIV
PREGÓN DEL COSTALERO DE LA CIUDAD DE GUADIX

Sólo y tan sólo pan ácimo;
tan sólo una curva blanca
que al conmemorar la cena
ya era forma consagrada.

El alma y cuerpo de Cristo
quedose transubstanciada
en la bendita vitrina
de una gótica peana,
en el cuidado ostensorio
de emanaciones doradas,
en el sagrario movible
de las artísticas trazas
y en altivo tabernáculo
que en parihuela descansa.

Pero la cárcel compuesta
por zancos y por zambranas,
se había quedado vacía,
sin nadie que la habitara.

-¡No salgo yo a mis dominios
sin hijos que me llevaran!
Dijo Dios el verdadero
en su Forma Sacrosanta.

Y del colegio apostólico
de aquella cuesta empinada…
…de la academia evangélica
de las pendientes urbanas…
…del liceo patronal
que sobre el “Campo” se alza,
fue Dios mismo el que quisiera
(no fue otro a quien llamara),
al que hace treinta años
con arpilleras gastadas,
con la estopa novedosa,
con un saco, nos premiara;
y legara el galardón
(la corona más honrada)
que un cristiano de estos lares
tres décadas ya, cobrara.

Y con el nombre castizo
del putativo Patriarca,
con los modos, los oficios
y maneras más logradas,
una voz que es el pellizco
para las piernas cansadas,
ademanes veteranos,
arengas de fe probadas
y el magisterio absoluto
que a todos, ¡todos! dejara,
escogió Dios conductor
que en su feudo lo llevara.

Tomó con él al piloto
de la verdad venerada
y lo hizo capataz
para que no hiciera falta
que le dijeran maestro
porque posee la cátedra
y a todos los capataces
sus funciones enseñara.

Sin necesidad alguna
de que lo diga una placa,
lo lleve escrito un diploma
o lo ponga una medalla,
es doctor de los martillos,
preceptor de toda anda,
mentor del hombre de negro
y del costal salvaguarda.

Para decirle maestro,
es la historia quién lo avala.

Ya ha venido el pregonero,
la verdad de su palabra,
el rigor de sus poemas
y su sincera alabanza.

Ya está aquí tu legionario
por si alguien se olvidara
que nos diste los costales,
las formas y las crianzas
y le diste a Dios cien hombres
para que a la calle salga.

Tú no eres el maestro
de capataces. ¡Ni falta!
Eres padre del martillo,
del costalero, peana,
de los demás del oficio,
su academia y su enseñanza;
y de la Madre de Dios
su poeta, cara a cara.

Por si alguien se ha despistado,

¡Pepe Carvajal se llama!

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