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jueves, 20 de marzo de 2014

Santo Domingo

Los grandes servicios prestados a la Corona por la Orden dominica no tardarán en traducirse en la implantación de la misma en la ciudad de Granada, al poco de ser ésta reconquistada por los ínclitos monarcas Isabel y Fernando. Celebramos que tal día como hoy, hace nada menos que 522 años, se fundara el Real Monasterio de Santa Cruz la Real e Iglesia de Santo Domingo, con toda probabilidad el proyecto más ambicioso de la arquitectura monástica granadina, el legado patrimonial más importante del arte conventual en la ciudad y el faro espiritual más intenso que ha tenido Granada por espacio de muchos siglos, con permiso de la Catedral. No en balde, las inmensas proporciones y la notable y admirable factura, hacen de Santo Domingo, el merecido apodo de CATEDRAL DEL REALEJO.

La Casa de la Orden de Predicadores nació con toda una pléyade de privilegios, mercedes y donaciones decretadas por la Corona y bajo la exención de impuestos habituales mediante decreto. Se le dotó de gran extensión de terreno, para que pudiera abastecerse aun contando con una nutrida cantidad de religiosos y se le otorgó las propiedades de la corona nazarí y algunas almunias reales. Hoy día, Santo Domingo extiende su influencia hasta el Barrio de las Angustias, como demuestra el callejero que se llena de santos dominicos dando su nombre a las calles que desde el propio Convento bajan hasta las riberas del Genil, ahí es nada.

La fundación de los dominicos granadinos sería una de las primeras decisiones políticas tomadas por los Reyes Católicos; la Iglesia se asentaría sobre la Mezquita de la Piedra, usada por los alfareros que eran mayoría en el Realejo durante época musulmana. Pero además, venía a convertirse en una edificación notoria dentro de un núcleo judío y se le daban las tierras de la Almanjarra Alta y Baja, las de “geninataubín”, las posesiones del emirato en esta zona y el aprovechamiento a merced y criterio de las aguas del Genil. Sólo así se entiende que naciera uno de los conjuntos monásticos más inmensos del sur de España, formado por cinco espacios arquitectónicos distintos, de los que hoy conservamos tres y uno de éstos para uso policial. Eran, el Claustrillo, el Noviciado, el Coristado, el Monasterio y la Iglesia. Tal vez, quieran añadir el Beaterio de religiosas, que llegó dos siglos después, en 1701.

Una gran huerta y varios jardines delimitaban el espacio físico de la Orden. En el costado sur del actual Colegio Mayor nació el Claustrillo que sería demolido a fines del siglo XIX. Una fábrica del gótico con nervaduras flamígeras definieron su arquitectura. Hacia la actual Plaza de los Campos, destacó el Noviciado para cuyos muros, se aprovecharon las lápidas sepulcrales de las raudas cercanas. Tuvo especial morador en la figura del loado Fray Luís de Granada, que residió en una de sus celdas desde los 16 años, a no muchos metros de su casa natal en este barrio realejeño. Fue pasto de un derribo obligado que dictaron las leyes de ordenación municipal en 1889, dentro de ese programa de distribución liberal de la ciudad que a fines del siglo XIX fue borrado la huella sacralizada de esta ciudad. Al fin, el Coristado, hoy día parte de la Comisaría Nacional de Policía, sigue luciendo su curiosa fábrica.

El Coristado nació como espacio para acoger a los estudiantes del Colegio Dominico y con el programa de la Desamortización de Mendizábal, con tantas fallas y de tan infausto recuerdo, se enajenó, siendo adquirido por particulares en 1841 y destinado a fines variopintos como viviendas sociales o sede de asociaciones. En 1980 sufrió una criticada transformación que ha ocultado parte del férreo carácter de su torre barroca, del siglo XVII e incluida en la mencionada Comisaría.

Al fin, el Monasterio. Imponente obra, contundente arquitectura, sabor renacentista y decoración de cúpulas y decoraciones de yeserías barrocas, queda de él el Patio de los Naranjos ante la desaparición de sus dos claustros góticos. Se terminó en 1624 y es una de las muestras más singulares de la arquitectura monástica del manierismo español.

Y de la suntuosa, ornamentada y amplia Iglesia, nos resta decir que se autorizó su fábrica por la Reina doña Juana un 27 de marzo de 1512. Desde entonces, siguiendo los modelos góticos de Enrique de Egas, se articuló una fastuosa Iglesia que, entre los programas decorativos renacentistas como el del segundo cuerpo de su fachada, los góticos de sus cubiertas y naves y la apoteosis del barroco de sus retablos, yeserías y por supuesto, el Camarín sin paliativos que se labra a la Virgen del Rosario, comprende una de las muestras del patrimonio granadino más loable y fecundo. Artistas de la talla de Pablo de Rojas, José de Mora, lienzos de la escuela barroca granadina, el trabajo y servicio de los retablistas y entalladores de la época y su prodigioso programa iconográfico, es un referente espiritual y artístico de primer orden en la ciudad y allende su fama.


Un 20 de marzo se fundó; un 6 de abril se firmó su nacimiento, ambos en el año 1492 y un 27 de marzo de 1512 nació su Iglesia de cruz latina, amplio crucero, capilla mayor sobredimensionada y cinco capillas laterales. Pero lo importante es que Granada vive, tal día como hoy, el testimonio de una huella de la historia y del arte, qué decir de la fe, que cumple 522 años y sin el que no se entendería el proceso histórico de la ciudad ni la idiosincrasia de la misma, virtud a los celos puestos por la Orden de Predicadores en estos cinco siglos largos de vida que ha cumplido. 

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