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sábado, 22 de marzo de 2014

Santiago Mata Rojos

"Santiago". Giovanni Battista Tiepolo, 1749.

Desde aquella mítica batalla de Clavijo del año 844 en la que el rey asturiano venció a las tropas califales de Abd al Rahman II, el Apóstol Santiago se asoció a la reconquista, a la cristiandad en la Península Ibérica y se apeló a su milagrosa intervención. Aquella victoria cristiana motivó el conocido como Voto de Santiago, en donde los reinos católicos peninsulares tomarán como protector y primera devoción al peregrino discípulo. En 1630 fue reconocido como Patrón de España, ganándole la partida a Santa Teresa cuya fama había cobrado una fuerza bárbara. Y de manera inexcusable, en 1643, Felipe IV institucionaliza la fiesta y que ésta recorra todo el Imperio español. Santiago ya es el primer santo en el calendario español y prueba de ello, las catorce poblaciones americanas que tomaron su nombre en 12 países distintos, entre las que destacamos la capital chilena.

El fabuloso Retablo e Imagen Titular de Santiago de la Catedral de Granada

De aquella milagrosa aparición, con mucho de leyenda, que en la Batalla de Clavijo declinó a favor de los cristianos la balanza y dio la victoria en la contienda, nacería la iconografía de Santiago Matamoros, que fue especialmente cultivada por el barroco. De esa fecha es la soberbia imagen que Alonso de Mena terminó para la Catedral de Granada y que se bendecía un 25 de julio de 1640, con la curiosidad de ser un regalo de la ciudad mediante su Cabildo Municipal, convertirse en el primer retablo barroco que usó en el estípite en España y adelantarse tres años al menos a la “institucionalización” del Voto de Santiago que renovó, reforzó y garantizó Felipe IV. Como siempre, esta ciudad, pionera, como pueden leer en lo que ya publicamos en esta Alacena, PINCHANDO AQUÍ.

Acababa de nacer la figura de Santiago Matamoros, un icono contra el Islam, el mejor antídoto y ánimo posible frente a la enraizada “guerra santa” musulmana y el acicate perfecto que impulsó al pueblo cristiano peninsular a frenar las conquistas de al-Andalus y a restarle fuerza y territorio progresivamente. Paralelo a esta figura trascendental, fue la Orden religiosa y militar de Santiago fundada en León en el año 1170 y que persiste como abolengo aristócrata y espíritu de sus Conventos y Monasterios de Clausura. Sería difícil entender el avance de la Reconquista y si me apuran, hasta la propia historia del Medievo español, sin la presencia de la Orden de Santiago que es heredera de aquel icono en el que convertimos al Patrón de España.

Profanación en el Convento de Santo Domingo de Málaga durante la II República. 

Y así llegamos al siglo XX y en concreto a un pequeño pueblo de la comarca onubense de Jabugo, Castaño de Robledo, con una imponente Iglesia Parroquial consagrado al “Hijo del Trueno” y que durante la Guerra Civil, sufrirá, como miles de casas cristianas y de religiosos, la furia continua e incontenible de los socialistas y comunistas españoles, que en pos de una libertad revestida de incultura y odio, dieron al traste con una ingente cantidad de patrimonio y de miles de vidas por el mero hecho de ser católicos. De hecho, la mayor persecución religiosa de la historia moderna de Europa, lo protagonizó la izquierda española desde la II República en 1931 al fin de la Guerra Civil. Y no se trata de reabrir heridas, sino de situar al lector en la curiosa y casi simpática historia que da origen a esta entrada.

LA II República y la izquierda española. 

La Iglesia Parroquial fue saqueada, patrimonio mueble destruido, afectada su imponente fábrica manierista, imágenes, retablos, enseres litúrgicos y otros quemados y el pueblo puesto en jaque, histórica, patrimonial, artística y sentimentalmente hablando. Fue tomado por las tropas nacionales del General Franco destacándose en la comarca, la actuación de varias banderas de Regulares. Entre las muchas pérdidas, la Imagen del Santo Titular de la Iglesia fue una de ellas; Santiago el Matamoros, iconografía enraizada y característica de la España secular, había ardido.

Lo primero fue su nueva hechura. Pero el riesgo de que los republicanos atacaran de nuevo Castaño de Robledo y conquistaran otra vez la plaza obligó a los Nacionales a dejar permanentemente una vanguardia de los aguerridos Regulares. Buena parte de estos militares eran moros, del Marruecos Español, de modo que alguien con cierto criterio decidió que la nueva Imagen de Santiago no podía llevar a sus pies, aplastado por el caballo, a ningún moro, tal y como la iconografía tradicional lo representa. No sería lógico que aquel pueblo que luchó al lado de la España católica se sintiera menospreciado y la gratitud de Castaño de Robledo  para con los moros del Protectorado se impuso. Así que bajo la anuencia del Cardenal don Pedro Segura y Sáenz, Arzobispo de Sevilla, en 1940 se bendecía una nueva Imagen del Santo Patrón de España e icono del cristianismo frente al Islam.

Pero en esta ocasión, el enemigo no era el musulmán, ni la fe del Corán. El enemigo había sido durante 8 años, la izquierda inculta e irrefrenable que asoló miles de Iglesias, Conventos y asesinó al pueblo católico. Así que a los pies de aquel Santiago, eterno y centenario protector de España, había de estar el símbolo del mal causado por la intolerancia y la barbarie... quién mejor que uno de los más sanguinarios de la historia de la Humanidad y referente de la izquierda y el comunismo: Lenin.

Así fue como Santiago, el Hijo del Trueno, el Apóstol compostelano, el Patrón de España y el Padre del Catolicismo combatiente, se colocó en un altar de una pequeña población onubense, derrotando a Lenin. El moro entonces era el amigo y el enemigo, tenía que ver a su ídolo a los pies del ejército de Cristo. Ha sido el mayor atrevimiento iconográfico de la historia, ha sido el más singular a la hora de tratar a este Santo y el único del Mundo. ¡Cómo no, en el sur de España!

Santiago, durante muchas décadas, siguió en su oficio de velar por el pueblo católico, matando al comunismo. A los ROJOS, en el lenguaje de la época. 


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