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viernes, 28 de marzo de 2014

Museo del Hermitage

El mundo militar tiene en España a una pionera, inventora por ejemplo de la Infantería de Marina o la que tiene la academia militar más antigua del Mundo en funcionamiento. También puede presumir y presume de que la Policía Local de Granada es el cuerpo más antiguo de su género, fundado por los Reyes Católicos en 1492. Tendríamos ahora que acordarnos de los desaparecidos serenos, de la élite de la seguridad que tiene a los SWAT de Estados Unidos como referente y de la recientemente aprobada ley que da impulso y carta de libertad a los guardias de seguridad españoles. Pero si hay un grupo de vigilantes particulares, únicos y extraordinarios en este planeta, sin duda son los que se encargan de la protección del Museo del Hermitage de San Petersburgo, en Rusia, que este 2014, cumplen 250 años al servicio de la pinacoteca más grande del Mundo.

Dos millones y medio de personas visitan anualmente el complejo museístico del Hermitage, una gigante colección de arte que se distribuye en 5 edificios que fueron residencia de los zares rusos, entre los que destacan joyas de Miguel Ángel, Leonardo, Zurbarán, Velázquez o Monet. Todo empezó en 1764, cuando Catalina la Grande adquirió una colección de 225 obras de pintura flamenca y holandesa, principalmente formada por lienzos de Rubens y Rembrandt.

El zar Pedro I mandó traer gatos de Holanda. Su hija, la zarina Isabel, le tenía pavor a los ratones, que pululaban a placer por el Palacio de Invierno. Pero cuando Catalina la Grande decide formar una colección de arte en los palacios imperiales, se da cuenta que los ratones que provienen del río Neva, próximo a los Palacios, roen sin tapujos los bastidores de su preciada colección, decide que los gatos que su antepasado llevó a Rusia, tengan una función especial: proteger los fondos pictóricos rusos.

Corría el año 1764 y desde entonces, los gatos del Hermitage llevan 250 años al servicio del arte. Esta patrulla gatuna ha sido testigo del asesinato de la familia imperial, de la llegada del comunismo, de la Primera Guerra Mundial y hasta del Sitio de Leningrado (la actual San Petersburgo) que después de casi  900 días, desde 1941 hasta 1944, estuvieron a punto de acabar con ellos. El hambre empujó a los ciudadanos a acabar con los gatos y tras el fin de la II Guerra Mundial, pasada la amenaza, la fiel patrulla defensora de los cuadros del Hermitage volvió a ocupar su puesto de trabajo.

La emperatriz Catalina II, dio orden de seleccionar a los mejores gatos cazadores de ratones y les dio el estatus privilegiado de custodios de las riquezas imperiales. Desde hace dos siglos y medio, las tres millones de piezas dependen de una cuidada patrulla formada por 65 gatos que vigilan especialmente las obras de arte no expuestas, ya que el Museo sólo tiene capacidad, a pesar de sus gigantescas dimensiones, para exponer 90.000 obras, es decir, el 3% del total de los fondos.  

Algunas de las anécdotas que han protagonizado fue su exceso de población hacia 1970, cuando se reprodujeron de tal modo que campaban a sus anchas por todas las dependencias del museo. Desde entonces, no menos de 65 y no más de 70 forman uno de los cuerpos de vigilancia más antiguos y singulares del Mundo, que cuando excede de este número,  se dan en adopción. Son gatos callejeros jerarquizados en tres niveles que recuerdan su pasado aristocrático: aristócratas, casta media y casta baja, divididos así dependiendo de su zona de actuación. Cuentan con  documentos oficiales con su fotografía acreditando su condición de guardia oficial del museo.


Cada 28 de marzo, el Hermitage celebra el día del Gato. Los más fieles amantes del arte que existen en el Mundo. 

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