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martes, 11 de marzo de 2014

Maldito 11-M

El 11 de marzo permanece cosido a la memoria de España como uno de los días más tristes que ha de recordar nuestra sociedad. Seguimos lamentándonos de la muerte de 192 personas y de cuántos heridos y afectados, no olvidarán aunque quieran la sinrazón y el odio furibundo de los asesinos. Pero el 11 de marzo de 1918, comenzó la más terrorífica pandemia de todos los tiempos y por desgracia ha pasado a la historia achacada a nuestro país en esa tradición maldita de algunas naciones por señalar a España de lo que jamás protagonizó. Con la mente puesta en Atocha, esta Alacena cuenta hoy una de las mayores mentiras de la humanidad que costó la vida, a unos 40 millones de ciudadanos de todo el Mundo.

El 11 de marzo de 1918, en la base militar norteamericana de Fort Riley (Kansas), tiene lugar el primer brote endémico de una poderosa gripe desconocida hasta el momento. Cuando habían transcurrido ya casi cuatro años de la I Guerra Mundial, los americanos entran en combate y los soldados de los Estados Unidos hacen su desembarco en el Continente. Traen consigo el armamento más revolucionario del momento, pero tampoco olvidan un virus mortífero para el que, la sociedad mundial de hace casi un siglo, no estaba preparada. Se desencadena la mayor epidemia de la historia, más grave, más mortífera y más acuciada que las famosas pestes bubónicas de la Edad Media o las terroríficas del siglo XVII para España.

Un factor en la transmisión de la enfermedad fue La intensa movilidad de los  soldados y la exposición de estos a condiciones extremas durante las batallas de la I Guerra Mundial multiplicó el riesgo de contagio y propagaron como nunca antes en la historia el virus. Tras aquel primer brote en la base militar norteamericana de Kansas, hace hoy 96 años, los efectivos estadounidenses fueron responsables de que tan monstruosa enfermedad para la que no se disponía medios suficientes de atajo, llegara a Europa en abril de 1918, en concreto a Francia. En el mes de junio la pandemia recorría Asia y en verano de 1918, atravesaba el Océano Pacífico, se dejaba sentir en Hispanoamérica y en agosto había completado su viaje mortal hasta la India y a las costas africanas.

Pero lo peor estaba por llegar y sucedió en el otoño de 1918. Aquel virus de una cepa potentísima y para la que el Mundo en 1918 no podía luchar, tuvo en un virus aviar su inicio. Y fue con la llegada del otoño cuando la verdadera onda epidémica, la más mortífera, mutó y se volvió de una virulencia inconcebible. A lo largo de los dos años (los que duró el mayor de los virus que ha conocido la Historia), enfermó casi el 50 % de la población mundial y al cabo de su mortífero recorrido, acabó con la vida de 40 millones de  ciudadanos en el Mundo. Algunos, con intereses económicos y políticos entre ellos y al servicio de campañas de venta de vacunas, suben las cifras de manera engañosa hasta los 100 millones. Todo sea para acobardar a los ciudadanos del siglo XXI ante un caso similar.

Las víctimas morían de una asfixia lenta que sirvió para bautizar a la gripe “la epidemia púrpura”. Si en un primer momento las víctimas fueron casi exclusivamente militares, pronto, los primeros enfermos civiles no eran otros que adultos plenamente sanos en contacto con los movimientos bélicos del momento. Pero en la prensa internacional, los países que estaban den conflicto ocultaron intencionada y mezquinamente las cifras de muertes y la realidad de la gripe a sus habitantes. Se silenció a posta para que nadie intentara promover campañas que dieran al traste con los esfuerzos militares que se estaban haciendo. Estados Unidos publicaba noticias referentes al hampa y la Ley Seca, los franceses vitoreaban su supremacía en el campo de batalla y los alemanes arengaban a los suyos a resistir. Sólo un país se atrevió a decir lo que sucedía.

En un primer momento los franceses la llamaron “bronquitis purulenta”, los italianos “la fiebre de las moscas de arena” y los alemanes “la fiebre de Flandes”. Pero en una de tantas mentiras tejidas para desacreditar a España, odio visceral centenario arraigado en los que fueron vasallos de nuestro Reino, se acuñó el término con el que ha pasado a la historia: la gripe española. Mientras aliados y germanófilos hacían uso de la propaganda bélica, casi siempre para acallar las enormes bajas que se iban produciendo en el frente y evitar desmoralizar a sus respectivas sociedades, nadie estaba por la labor de contar que un terrorífico  virus diezmaba a las tropas y las hacía enfermar. Pero  España era un país neutral que no tenía por qué acogerse a esa censura ignominiosa que practicaron todas las potencias en guerra y contó sin tapujos que la pandemia estaba asolando a su población. La única referencia real de lo que ocurría en el Mundo, fue la prensa española. Nunca antes han sido tan leídos en el extranjero los diarios de España como a lo largo de los dos años que duró el virus de la gripe.

Si todo lo contaba España, país neutral e histórico rival de ingleses, franceses, americanos (la explosión del Maine estaba aún reciente) o belgas y holandeses, todo estaba servido en bandeja. Los norteamericanos no reconocerían que ellos fueron el origen y causa de la expansión de la pandemia. Francia, el país europeo más castigado, con más de 400.000 muertos, no podía permitirse mostrar debilidad después de los buenos resultados militares y España no estaba en condiciones de exigir ni en las situaciones de los demás. Así que por desgracia, el virus acabó siendo culpa española con nombre y origen español, quizás de las mayores mentiras nunca dichas por la Humanidad.

De haber informado de la epidemia, quizá se pudieran haber aprobado medidas para frenarla, pero no interesó. Mientras morían los ciudadanos del Mundo, los países en guerra se callaban, los originarios de la pandemia miraban para otro lado y todos señalaban a los españoles, fallecieron 147.114 paisanos, la cifra más baja de toda Europa, pero con un sambenito sobre nuestros hombros que ya no nos hemos conseguido quitar, 96 años después. Si la I Guerra Mundial acabó con 20 millones de personas, la gripe de 1918 mató al doble, 40 millones. Sólo la II Guerra Mundial fue más terrible que la mayor de las epidemias jamás padecidas.

Algunos famosos que murieron fueron el arquitecto alemán Otto Wagner, el poeta francés Apollinaire, el pintor austríaco Gustav Klimt, los hermanos Francisco y Jacinta Marto, dos de los pastorcillos ante los que se apareció la Virgen de Fátima, el nieto de la emperatriz Sissi o la hija del Presidente de Venezuela.


"Triste herencia". Joaquín Sorolla, 1918


OTRA DE LAS LEYENDAS NEGRAS CON 

LAS QUE ATACAN ESPAÑA. 

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