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martes, 18 de marzo de 2014

La Torre Turpiana

A lo largo del siglo XVI, la ciudad de Granada sigue siendo de un tipismo urbano netamente musulmán. Los nuevos pobladores han escogido la zona baja de la ciudad para ejecutar lo que los arquitectos reales vienen a bautizar como “Christianopolis o ciudad ideal”, un proyecto de sustitución de los espacios islámicos sacralizados por otros católicos a fin de re-catolizar la ciudad de una manera más efectiva que por el empleo de las armas. De todos los ambiciosos proyectos, la Catedral de Granada va a suponer el más codiciado y el que con más celo y contundencia se lleve a cabo a lo largo de 181 años, un dilatado proceso de obras que sin haberse concluido sobre la idea original, la dejaría como la 4ª Catedral más grande del Mundo y la segunda edificación cristiana más grande de España. Después de haber peregrinado por la Alhambra, el actual MADOC y lo que hoy es Sagrario Catedralicio, en 1526 se colocaba la primera piedra de su fastuosa planta y poco, devoraba el espacio destinado a la Mezquita Mayor.

Reconstrucción de la Mezquita Mayor del Albaicín, hoy Parroquial del Salvador

Pero a pesar de ser considerada la Mezquita Mayor de la ciudad, no era ni de lejos la más suntuosa ni siquiera la más importante en las celebraciones islámicas de la Capital del Reino. Los grandes ceremoniales y fiestas de la Casa Real Nazarí tenían lugar en la Mezquita Palatina de la Alhambra o por qué no, en los oratorios que se erigieron en los palacios nazaríes. La del Albaicín seguía siendo predominante, habida cuenta que el viejo barrio era el más poblado con diferencia de la Granada musulmana. El viajero y cronista al-Umari, la llamaba en el siglo XIV como “la mezquita mayor del llano”, diferenciando claramente la “ciudad alta” de aquella que no sería el auténtico centro neurálgico de la nueva polis hasta la reconquista cristiana.

Detalle de la Batalla de la Higueruela, con el hipotético alminar de la Mezquita Mayor de Granada.

De aquella Mezquita Mayor sabemos que su fábrica fue muy pobre. Contó Granada con 31 mezquitas y sin embargo, parece que de “mayor” sólo tuvo esta que nos ocupa la dimensión. La primera obra era del año 1055, con muros de argamasa, lo que nos da idea de la pobreza de materiales que se le reservó. Un damasquino la vio en el año 1166 y decidió enriquecerla a su costa, mandando labrar en Córdoba columnas, capiteles y puertas. Debía medir sobre los 42 metros de longitud y 33 de anchura, formada por 11 estrechas naves y de toda ella, destacó desde un primer momento, su alminar, que lo describió en 1494 el embajador y viajero, Münzer y del que después hablarían otros como el Marqués de Estepa.

Campanario de la Iglesia de San José

El alminar tenía 13,5 metros de altura y era parecido al que hoy, como campanario, sigue conservando la Parroquia de San José en el Albaicín. Pero protagonizaría uno de los capítulos más misteriosos de la historia y que a la postre, acabaría por catapultar a Granada, para bien y para mal, en el panorama internacional. Tal día como hoy, pero hace la friolera de 426, comenzaba a derruirse el alminar de la Mezquita Aljama de Granada, ya que las obras de la Catedral habían llegado hasta él y se necesitaba derruirlo para completar la gran construcción catedralicia. Se encontraba en lo que hoy sería casi la mitad de la nave central catedralicia, es decir, un hipotético centro de la obra actual. Era de piedra de La Malahá, se remataba con un yamur muy original y nada frecuente, puesto que sobre el mismo se puso una veleta con forma de gallo (que los granadinos llamaron el gallo de los vientos) y que con el tiempo, fue un talismán para aquella Granada musulmana como recordaba el viajero egipcio al-Malati.


Grabado de Heylan, copia de otro anterior, de la demolición de la Torre Turpiana. 

En un primer momento de la obra catedralicia, el viejo alminar se convirtió en el campanario provisional de la Iglesia Metropolitana. Entre 1563 y 1564 se desmontó su segundo cuerpo, para instalar uno de ladrillo con los vanosque sirvieran a las campanas y se remató con un sobrio tejado de azulejos sobre el que se dispuso una cruz. Un grabado nos recuerda aquella obra modificada por los cristianos, siendo el testimonio último de aquel alminar que empezó a demolerse hace hoy 426 años, tal y como se firmó en 1614 como reproducción de otro anterior, por Francisco Heylan y ven en la imagen de arriba. 

Planos de la Mezquita Mayor Granadina

Era un 18 de marzo de 1588. La demolición del alminar iba a buen ritmo. Se avanzaba hacia su base y cimentación y a los pocos días, entre sus ruinas, apareció una caja de plomo con varias reliquias y un pergamino escrito en árabe. Narraba una profecía de San Juan Evangelista sobre el fin del mundo, que San Cecilio, Obispo de Granada, hizo ocultar para que no la profanasen los musulmanes. A los pocos años, los maravillosos hallazgos se extendían por la Colina de Valparaíso. De todo ello hemos hablado con anterioridad, dando lugar a los falsos descubrimientos de reliquias, espacios y lugares donde fueron martirizados cristianos en la época romana y al fin, el desesperado intento de moriscos cultos como Miguel de Luna, Alonso del Castillo y otros, para seguir conservando su cultura y no ver, como así sucedió, la expulsión de su pueblo. Al fin, la Iglesia condenó un 28 de septiembre de 168, todos aquellos hallazgos milagrosos que desencadenó una oleada de piedad infinita en la ciudad. 

Recreación de una ciudad islámica

Paradójicamente, el encargado de demoler aquel alminar fue un alarife mudéjar: Francisco Cano. Caía el que a lo largo de 533 años había sido alminar de la mezquita mayor de Granada. Pero cuando encontró una caja donde además del falso documento, los granadinos de hace hoy 426 años vieron que se conservaba una pluma del arcángel San Miguel o un trozo de pañal de Cristo, acababa de iniciar lo que a la postre será el más importante acontecimiento de la vida religiosa de la ciudad durante siglos. Falso o no, gracias a aquella trama urdida por musulmanes granadinos convertidos al cristianismo, renació con fuerza el inmaculismo, se construyó el impresionante complejo abacial del Sacromonte y Granada sonó en media Europa como una nueva Jerusalén. Y después de más de cuatro siglos, da igual que fuera o no verdad, el caso es que aquel desvencijado y pobre alminar, se le conoció como Torre Turpiana, porque supuestamente existía desde el inicio del cristianismo, desde la dominación romana y fue una especie de "cámara del tesoro" para Granada, que consiguió engañar y resistir casi 8 siglos de Islam. 

Hasta para mentir y contar historias, esta ciudad rezuma poesía. 

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