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martes, 25 de marzo de 2014

La seda granadina

El pueblo musulmán extendió el cultivo y manufacturado de la seda en toda a Península Ibérica, pero por alguna extraña razón la granadina era infinitamente mejor que la de cualquier zona de al-Andalus. Desde los puertos de Almería y Málaga, la seda granadina viajaba rumbo a Oriente Medio, a Génova o Venecia. Después de la reconquista cristiana, cayeron las sedas de Córdoba o de Almería, pero la granadina siguió reclamándose y siendo apreciada por los embajadores alemanes y venecianos, caso de Münzer o Navaggiero entre otros.

Los paños se vendían en el Zacatín y se confeccionaban en la Alcaicería. Si en la época de la Granada musulmana, nuestra seda recorrió todo el Mediterráneo, con los Reyes Católicos fue la primera en desembarcar en el continente americano y echar raíces al otro lado del Atlántico. Era la seda alpujarreña la más meritoria, alimentada con extensos bosque de moreras y morales, las moreras negras y blancas que daban un perfecto alimento al gusano de seda. La calidad ambiental y del agua de nuestra Alpujarra daba  una seda inmejorable y se prefería la morera blanca con la que el gusano era capaz de realizar una seda más fina;

Murcianos y valencianos se lanzaron a la revitalización de sus cultivos y confecciones de seda después del fabuloso mercado americano que apareció ante los españoles con el Descubrimiento. Pero la morera blanca granadina seguía siendo la responsable de la calidad de nuestra seda por encima de las demás;  durante el verano, se recogía de los capullos. En el invierno tocaba su hilado y posterior torcido y teñido. Fue en 1511 cuando se crea en Granada la Casa del Arte de la Seda o Gremio de Sederos puestos bajo la protección de la Natividad de Nuestra Señora, en la calle Cobertizo de Santo Domingo. Desde allí se garantizaba la calidad de las sedas, negocio que prospera a ritmos insospechados: Granada era capaz de sacar adelante tanta seda que en el siglo XVI había 300 tornos de raso, felpas y brocados. en 1568, la seda daba trabajo a 4.000 tejedores, más los casi 500 dedicados a la compraventa, los hiladores, torcedores, tintoreros, bordadores y sastres. Eso suponía que el 20 % de la población activa de la capital, vivía de la seda.


Ésta no haría más que aumentar su prestigio, su calidad y su empresa. En el siglo XVII funcionaban ya unos 3.000 telares y los tafetanes, damascos, terciopelos, pañuelos o guantes granadinos corrían por media Europa. Agradecidos por ello, los torcedores de seda levantaron una cruz en el Camino del Sacromonte en 1604, en honor a la fe disparada que los hallazgos de reliquias y testimonios del pasado cristiano de Granada estaban sucediendo. Levantaron después su propia casa de acogida para los torcedores pobres y un hospital para sus enfermos.

Peor el negocio se va a resentir por culpa de la sublevación y luego expulsión de los moriscos, las cargas fiscales, la competencia de otras regiones, o la reconversión de las tierras con otros cultivos. Aún quedaba lugar para Granada en el universo de la seda internacional y gracias a los telares y fábricas de José López Barajas Pantoja y Moya, la seda granadina arrasaba en América que demandaba su exquisita labor, limpieza de los tintes y exactitud de la longitud de las piezas. No era de extrañar que en el siglo XVIII, más de 5.000 personas vivieran directamente de la seda. Pero ésta estaba siendo golpeada irremisiblemente al punto de que desapareció. No será hasta el reinado de Alfonso XIII que se quiera recuperar la que fue una de las industrias más importantes de España durante siglos y se pensó en el cultivo, recolección y tejido de seda.  

Así, en 1921, nació la Escuela de Sericicultura de Granada, con un responsable que dependía directamente de la Comisaría Regia de la Seda. Y su Comisario regio será el que protagonice el último gran proyecto sedero granadino. Se llamaba Federico Bernades y Alavedra y a sus manos llega en 1928 la seda obtenida por los alumnos de aquella Escuela Real desde Granada. Valoró la calidad de la misma e instó y animó a los granadinos encabezando un proyecto: regalarle un manto a la Virgen de las Angustias con esa misma seda, poniendo a la Comisaría Regia Nacional y a sus talleres bajo la protección de la Patrona de Granada.


En 1929 se entregaba. Con un originalísimo diseño, el “Manto de los gusanitos” o de LA METAMORFOSIS fue el responsable de que renaciera la idea de promocionar la producción, manipulación e industrialización de la seda y que Granada recobrara el título de CAPITAL DE EUROPA Y AMÉRICA en estas lides; pero no pudo ser y hoy nos queda como recuerdo, que un día, los gusanos granadinos y las moreras alpujarreñas, dieron como resultado, la industria más próspera de la España del momento y la forma de vida de todo un reino. 

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