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miércoles, 12 de marzo de 2014

La Alhambra de Alemania

Aquellos jardines del sector del saliente cautivaron al segundo de los emires, al sucesor de Alhamar en el trono de Granada y sobre ellos construyó su alcázar que dominaba el gran palacio central que se miraba a la acequia de las naumaquias y los deleites. Muhammad II quiso que un gran pórtico dominara la arquitectura de su casa y por eso acabó siendo conocido como Bartal” (pórtico) al que Ibn al-Yayyab le fuera dedicando sus poemas. Hasta que el poder y la corte no pasaron a Comares, el Partal fue el más privilegiado y exclusivo de los espacios áulicos del Reino.

Pero la desgracia le tuvo que venir por culpa de una pelea en el Madrid del siglo XVIII. Los Marqueses de Mondéjar y Condes de Tendilla, sucesores de los Mendoza se pusieron de lado de los austríacos en la Guerra de la Sucesión española, guerra perdida desde el primer momento ante la causa de los Borbones. Felipe V no perdonó aquel desagravio y no se fió de la que podía ser la primera de muchas infidelidades y traiciones al trono, así que los de Mondéjar perdieron la alcaldía de la Alhambra; no sólo se fueron ellos, sino el cuidado, el mimo y el celo conservacionista de muchos espacios de la Alhambra. Sin esperarlo, Felipe V había dado la primera bofetada al mejor palacio medieval de la Humanidad.

Fabulosos frescos del siglo XIV en la Casa de Bracamonte del Partal de la Alhambra.

Desde que se embargaron los bienes de la poderosa familia Mendoza, el Partal empezó un declive y abandono que habría de durarle siglos. En 1718 empezaron las confiscaciones y la venta pública de casas, espacios y míticos edificios, bien oratorios, bien viviendas de la corte nazarí, que se les vendría a conocer de manera poco poética pero sí muy descriptiva: “Casa de las Gallinas” y otras que dan idea del deterioro. Pero si la Casa Real ha finiquitado la mala relación con los Mondéjar a día de hoy, lo que ningún granadino puede olvidar es que, por despecho y con malas artes, al no poder demostrar con un documento que los Reyes Católicos les hicieron señores del Partal, los Mondéjar se encargaron de derribar, arramblar y desmontar el Partal Alto al punto de destruirlo para siempre. De 1980 a 1990, el Marqués de Mondéjar fue Jefe de la Casa Real de SU Majestad Juan Carlos I. Pero en Granada, como en Roma, no se olvidan ciertas traiciones...
Deterioro, modificación, violación del arte y abnandono de la Alhambra en el siglo XIX

El primer espacio desde el que se dirigió y gobernó el Reino, era un despropósito. Espacios áulicos convertidos en viviendas, palacetes y oratorios en cármenes y vendida la propiedad como una vulgar especulación inmobiliaria de la costa española del siglo XXI. En el mismo sitio donde se juró fidelidad y se entronizó Emir de los granadinos a Muhammad III, correteaban animales de granja y se horadaba y pervertía la pared donde Ibn al-Yayyab había compuesto su casida que recordaba el besamanos al emir, sólo ha sobrevivido una de las casas de las pinturas, con riquísimos frescos del siglo XIV que dan idea de la delicadeza del sitio y el muro de la quibla del oratorio personal del emir, necesitó tal restauración que hoy día, Torres Balbás hubiera recibido por ella, la Medalla de Oro de las Artes.

La cúpula de la Torre de las Damas en el Museo de Pérgamo de Berlín

Para colmo, el Partal se privatizó y se fueron vendiendo sus espacios, sin miramiento alguno. Así fue como el alemán Arthur von Gwinner adquiría en 1885 edificios, calles y jardines dentro de una inmensa parcela de la Alhambra. Dentro del lote, nada menos que estaba el elegantísimo edificio que sirvió de primer salón del trono granadino: la Torre de las Damas. Seis años después, en 1891 y en medio de un gesto de generosidad inigualable, el propietario alemán regalaba a la ciudad de Granada el Partal con la condición de desmontar el rico artesonado del techo de la Torre de las Damas. Una cúpula de atauriques y mocárabes, trabajo en madera de cedro y de álamo con casi 2 metros de altura (o profundidad) y 12,6 metros cuadrados datada hacia 1308 y policromada. El lema granadino se repetía en la decoración del octógono y en la lacería de sus 16 paños, el poema epigráfico que recordaba el reinado de Muhammad III.

La Torre de las Damas había servido de palacio al futuro Fernando VI, cuando toda la familia real visitó Granada y residió durante un tiempo en la Alhambra y pasaría en 1921 al estado español. Arthur Gwinner mientras tanto, se había llevado esta riquísima pieza del patrimonio granadino, aunque también es cierto que era legal y legítimamente suya y que fue generoso y dadivoso con Granada, lo que no hicieron ni los Reyes ni los Duques de Mondéjar, que entre unos y otros se encargaron de promocionar la ruina de un Partal que salvó entre 1921 y 1925 Leopoldo Torres Balbás.

El techo ha sido el más viajero del Mundo. NO habrá una cúpula en la historia del arte que haya recorrido tantos países, siguiendo a todas partes a su dueño, hasta que al fin, el Gobierno de Alemania adquirió en 1978 a los herederos de Gwinner la cúpula granadina, con destino al Museo de Dahlem. Pero la caída del Muro de Berlín, volvió a regalarle su último viaje. Nuestra cúpula se marchaba nada menos que al soberbio Museo de Pérgamo, en una sala donde se exhibe lo mejor del arte musulmán mundial. 

TAL DÍA COMO DE HACE 123 AÑOS, GANAMOS EL PARTAL Y PERDIMOS UNA CÚPULAY hoy como ayer, se llevan un trocito de nuestra Granada. 

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