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miércoles, 26 de marzo de 2014

Iglesia de los Santos Justo y Pastor

La Compañía de Jesús fue desde su creación por el español San Ignacio de Loyola, el referente de la Iglesia culta, el brazo armado del catolicismo instruido. Cuando se crea la provincia del sur de España, el primer asentamiento se produce en 1554, correspondiendo a la vez, a Sevilla y Granada. Curiosamente la primera casa del sur es la de Granada y en su provincia se fundará la última, la Residencia de Motril, en el año 1738. El caso es que su Casa Madre será la Iglesia del Colegio de San Pablo, elevada a Colegiata y hoy bajo la dedicación de los Santos Justo y Pastor, que sigue aireando no sólo su historia sino su determinante calidad artística y su valiosa aportación, inmueble y patrimonio mueble, a la historia del arte. Tal día como hoy, HACE 440 AÑOS, hace 439 años empezaban las obras de la actual Iglesia Parroquial de los Santos Justo y Pastor. Corría el año 1574.

Pero lo cierto es que el proyecto de la Iglesia estaba ya en 1562, aunque fue desechado al tiempo que se encargó nada menos que al prestigioso maestro mayor de obras de la Catedral, Lázaro de Velasco, junto al hermano jesuita Martín de Baseta, que dieran con el diseño definitivo de templo. Ayudó y supervisó otro maestro catedralicio, Juan de Maeda, en 1589 estaba casi conclusa la Iglesia, en 1596 es posible cruzar la que entonces era su puerta primera y es hoy portada lateral, sustituida por la barroquísima y elegante portada principal de 1740 y al fin, en 1712 se eleva su potente cúpula, que tiene como característica singular que fue ejecutada a semejanza de la cúpula de San Lorenzo del Escorial. Casi doscientos años de trabajos en los que nació un modelo de Iglesia que fue exportado a otras casas de la Compañía de Jesús  y que patentó el “estilo jesuítico” tal y como se puede ver en el Gesú de Roma.

Todos los detalles que hemos dicho convierten a la Vieja Casa Grande de la Compañía en uno de los más atractivos ejemplos del manierismo y del barroco de la arquitectura del sur de España. Su declive empezó con la expulsión jesuítica en 1767; hasta 1851 fue Colegiata y desde entonces, la Parroquial. Conserva obras de los hermanos García (atención especial merece el Ecce Homo de estos protobarrocos granadinos), de Alonso de Mena (los angelotes de los cornisones son suyos), de José de Mora (destacamos el Nazareno o la fabulosa Inmaculada del Retablo Mayor), de Diego de Mora (el San José del Crucero) o Torcuato Ruiz del Peral (los Arcángeles San Miguel y San Rafael). La serie de lienzos representa lo mejor del barroco granadino y de la pintura de los propios hermanos de la Compañía.

EL RETABLO EN SU ESTADO ORIGINAL

Pero es sin duda el Retablo Mayor de la antigua Colegiata de los Jesuitas el que polariza la atención de la Iglesia, no ya desde la perspectiva de la calidad artística, porque es difícil que el espectador no atienda a la inmensa cantidad de patrimonio labrado desde finales del siglo XVI para el estímulo devocional. El Retablo Mayor fue trazado en 1630 y es a todas luces, el que mejor supo entender la función de estas inmensas máquinas arquitectónicas destinadas a sorprender al fiel. Esta pieza se convierte en el primero de toda España en usar la columna salomónica y además, abunda en un concepto claro contrarreformista: convertirse en una pieza didáctica, evangelizadora y capaz de polarizar la atención del fiel.

EL RETABLO PARA OCASIONES SOLEMNES

El barroco es un continuo movimiento destinado a la fascinación del espectador, un estilo en donde predomina un lenguaje de poder y la idea de lanzar un mensaje al que contemple su arte de manera que quede subyugado por el “horror vacui” y otros mecanismos creados por este estilo. Fue el predilecto de la Iglesia en su Contrarreforma, o tal vez fue hijo de ella, pues supo conmocionar por su ostentosidad y capacidad sugestiva como ningún otro. Así que este Retablo aterriza en Granada como el más didáctico y claro ejemplo de qué es una pieza de este tipo: todo gira, todo cambia, de manera que se puede dar la vuelta al tabernáculo, a los relicarios o al mismísimo lienzo del remate. De un lado, los relicarios se convierten en lienzos pintados por Pedro Atanasio Bocanegra, del que celebramos en 2014 los 325 años de su fallecimiento. Se ocultan unos para dar paso, mediante un mecanismo, al Bautismo de Cristo, la Flagelación o asuntos de la vida de San Pablo. El útlimo lienzo, que remata el conjunto, la Conversión de San Pablo, se gira para exhibir si así se quiere, un crucificado.

El Retablo es único en España, un artilugio que conseguí que apareciesen por sorpresa, dependiendo de las fiestas, relicarios o cuadros, aportando una espectacularidad didáctica. De repente, en las grandes solemnidades, los fieles veían cómo  a la manera de las tramoyas del teatro, como la escenografía de las mejores óperas del Mundo, salían a la luz los cuadros de “San Pablo curado por Ananías”, “San Pablo en éxtasis”, “San Pablo Flagelado” y “San Pablo Predicando”. Y al contrario, la “Conversión de San Pablo” del ático, de re`pente daba paso a un crucificado. Pero además, son una de las pocas series pictóricas españolas que continúan en su lugar original, tal vez junto a las de Alonso Cano del Retablo Mayor de la Catedral de Granada o a las de Zurbarán en la Sacristía de Guadalupe.  



440 años de una joya no sólo del arte, no sólo de la historia... Una joya incluso de la mecánica, de la sugestión y de la ilusión óptica. UNA MÁQUINA PARA LA CATEQUESIS CATÓLICA






2 comentarios:

Inmantina dijo...

No soy muy dada a hacer comentarios en ningún sitio, pero voy a hacer una excepción y reconocer que tu blog es magnífico; siempre aprendo algo nuevo. ¡Enhorabuena! Saludos.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Muchísimas gracias Inmantina. Son estos estímulos los que ayudan a seguir en la brecha. Un saludo.