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lunes, 10 de marzo de 2014

Francisco Martínez de la Rosa

El centro político es al parecer, el sitio en donde quieren estar todos los partidos, desde la derecha a la izquierda. Esta falacia sin embargo, tuvo en su momento un origen verdadero y cierto, necesario incluso. Aunque muchos sigan creyendo que aquella formación encabezada por Adolfo Suárez encarnó a un partido y una política moderada, lo cierto es que la dictadura recién acabada de Franco estuvo detrás en todo momento de aquella UCD formada por los hijos del franquismo, los herederos de Falange y en su caso, por un Presidente del Gobierno que sin menoscabo de su labor, llegó al cargo escogido a dedo. Pero mucho antes de aquella España de hace unas décadas, nació el centro, aunque entonces se les llamaría a esos diputados y gobernantes los “liberales moderados”, y el hombre que hizo posible esa labor casi de ingeniería política, nació en Granada. Estamos casi seguros que en la Calle de las Tablas, nació hace dos siglos, el verdadero centro político en Europa y por tanto en España, de la mano de otro de esos olvidados por los suyos.

La figura de don Francisco Martínez de la Rosa Berdejo Gómez y Arroyo es cuando menos fascinante. Un hombre culto como pocos otros han llegado a ocupar carteras ministeriales o la presidencia del Gobierno, poeta, dramaturgo, ensayista, periodista, diplomático y por encima de todo este mareante currículo, GRANADINO. Sus mejores poemas reciben títulos incontestables como “En recuerdo de la Patria” o “Regreso a la Patria”. En ninguno de ellos, aquella nación patriótica es España, sino su Granada. En los versos compara las aguas del Támesis con las del Darro y el Genil, habla de los climas de su Sierra Nevada y tiene muy presente la geografía de su verdadera tierra. Sin embargo, era embajador español ante Inglaterra o ante Francia, o tal vez Ministro de España, o puede que incluso el máximo dirigente del Reino, pero lo que más importa, trata, duele y tiene presente, es su verdadera nacionalidad: Granada. Buen ejemplo para los tiempos que corren.

Sus ideas destilaron modernidad y respeto a la tradición, un matrimonio posible. Las expresó a través de su exitosa obra teatral, caso de “La conjura de Venecia” o “Aben Humeya”. Hay teorías que perfectamente podían decirse hoy día con una insultante actualidad. Dice textualmente nuestro paisano que “la revolución no se debe hacer contra las leyes, sino contra los tiranos y que es peligroso reclamar la justicia por la violencia”.

Como escritor y literato, dejó una herencia imborrable, formada por 10 obras teatrales, 3 ensayos, 3 novelas históricas y un libro de poemas. Fue uno de los primeros escritores románticos españoles y casi sin temor a equívocos, el primer dramaturgo del romanticismo español. Como hombre de estado, fue embajador en Roma, París e Inglaterra, consejero del Reino, ocupó el Ministerio que hoy llamaríamos del Interior y al fin, Presidente del Gobierno. El partido al que dio sentido y estatuto, el partido que inspiró y que fue el que sustentó el Reinado de Isabel II, el conocido como Partido Moderado, nombre casi lírico del que hoy día estamos tan faltos.

Una de sus labores más admirables fue la de publicar un folleto con el título de “Incompatibilidad de la libertad española con la Inquisición”. Se jugó el tipo, la fama y la libertad. Acaso, la vida. Desde entonces publicó artículos siempre contra la Inquisición y desde que resultara escogido en las urnas como Diputado por Granada, recibió el apodo de “El Barón del bello Rosal”. Participó en la Comisión de Libertad de Imprenta, ostentó el cargo de secretario de la Junta Suprema  Se opuso a la guerra carlista, decretó una amnistía para los presos liberales y Su prestigio intelectual le llevó a formar parte de las Reales Academias de la Lengua (que presidió de 1839 a 1862), de la Historia, de Bellas Artes y de Jurisprudencia, así como a ser presidente del Ateneo de Madrid, miembro de la Academia de Granada, de Cádiz con título honorífico.

Su granadinismo quedó reflejado en su obra literaria, tanto de teatro como de novela histórica, además de los poemas que ya hemos visto y que compiló en un libro. A Granada tuvo presente en “Morayma”, (1829), “Aben-Humeya”, (1830), “Hernán Pérez del Pulgar, el de las hazañas”, (1834) e “Isabel de Solís (1837). Ni que decir tiene que ese cargo de Presidente de la Real Academia de la Lengua nada menos que ejercido durante 24 años, fue gracias a su implacable cultura y a que se convirtió en el mejor gramático de su tiempo. Era el modelo de político culto que tanto echamos hoy de menos.


Pero esa crítica contra la Inquisición y los gobiernos absolutistas, le pasaron factura; fue detenido en Madrid en 1814, enviado enfermo al Peñón de Vélez de la Gomera, y puesto en libertad en 1820. Pagó el expresar sus ideas, su compromiso con los españoles y su decidido concepto de la libertad con seis años de cárcel. Esto dio origen a una anécdota curiosa, cuando ejercía como embajador español ante Francia. Estaba en la corte de Luis Felipe de Orleans, el último Rey de Francia, mostrándole una nuez que había tallado hasta darle forma de escultura humana, a la hija mayor del Rey, la Princesa Luisa María. El rey Luis Felipe I se quedó sorprendido por esa habilidad y le preguntó que dónde había aprendido a hacer algo así, que requería tanta paciencia. Nuestro paisano le contestó que en la cárcel y el Rey le aumentó la curiosidad. ¿Cómo sería posible que un embajador hubiera estado en prisión?


-¿Cómo llegasteis a estar preso?.

- El rey Fernando VII me hizo encarcelar porque dije en mi periódico que “la libertad era la esperanza de España”.

-¿Y quién os sacó de allí?- Preguntó Luís Felipe

–El mismo rey, porque en unos versos dedicados a su hija dije que Isabel era la esperanza de la libertad.

A estas alturas, a nadie le puede quedar duda que nuestro paisano, modelo y ejemplo de hombre culto, que introdujo el romanticismo, que veló por la pureza de nuestro idioma, que tanto tuvo presente a su tierra, que sufrió seis años de prisión por la libertad y que realmente fue el creador del centro político, merece que lo recordemos un día como hoy, que se cumplen 227 años de su nacimiento en la céntrica y granadinísima calle de Las Tablas.


Políticos como estos son los que merecemos. Granadinos como estos, los que necesitamos. 

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