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jueves, 6 de marzo de 2014

El Rey Chico

Si la historia no se escribe de manera correcta, corremos el riesgo de pervertirla y que nos sea transmitida de manera errónea. Anécdotas que parecen intrascendentes pero esconden una inquina de quiénes torticeramente las transmiten, han servido, por ejemplo, para que la Reina Isabel I, la Católica, pase a la historia como una “poco higiénica monarca” que tardó años y años en cambiarse de camisa con tal de ganar Granada. Y mire usted por dónde, Lo cierto es que ocurrió 110 años después y fue protagonizada por su tataranieta, Isabel Clara Eugenia, Gobernadora de los Países Bajos en nombre de su padre el Rey Felipe II.

"El suspiro del moro". Marcelino de Unceta, 1885

Con el último emir granadino sucedió algo parecido. Noveló una ficción el Padre Echevarría en el siglo XVIII, casi doscientos años después de la pérdida del trono por parte de Abu Abd Allah que nos ha llegado como una verdad imponderable. Nunca sucedió, jamás le recriminó su madre que no supo defender como un hombre el Reino de Granada ni le conminó a llorar como una mujer. La reina Aixa sabía bien que el último Rey de al-Andalus, salvó la vida de cientos de miles de personas y legó el tesoro más importante de la arquitectura medieval de forma impecable y honrosa.

Pintura italiana en la Sala de los Reyes de la Alhambra con los 10 primeros sultanes granadinos. 

Desde entonces, la pista de Boabdil no ha sido fácil seguirla. Hay todavía quienes se creen a pies juntillas que su descanso eterno estaba en la ciudad de Tremecén (Argelia), por cierto, hermanada con Granada. En 1860 se descubría cerca de la mezquita de Sid Ibrahim una losa funeraria de mármol, con una inscripción sepulcral en estilo andalusí. Con un tamaño de 91 x 44 centímetros, sus 27 renglones hablaban del rey que murió en el destierro. Al cabo de los años, de perfilar la traducción correcta y de revisar los datos, se supo que estábamos ante la tumba de El Zagal, ese rey interino, hermano del sultán y tío de Boabdil, el sobrehumano soldado del Ejército granadino al que temían los cristianos. No, no era Boabdil el Chico, sino su tío El Zagal.


Las armas de la Casa Real granadina en los alicatados de la Sala de Dos Hermanas

En el siglo XX se descubre el pasado de algunos murcianos, herederos de los sultanes de Granada. La familia Lahmar, no tenían un peculiar apellido, sino nada menos que el derivado de Ibn al Ahmar, vinculados a la rama menor de los nazaríes, en concreto a los primos del último emir. Aún hoy, 212 españoles llevan  el apellido Lahmar que recuerda el pasado histórico de la última Casa Real netamente ibérica, porque no hace falta recordar que España ha sido, medio Austria medio Borbón, de reyes foráneos. A todo esto hay que sumar el ,mejicano que asegura ser descendiente directo de los nazaríes; sabemos a ciencia cierta que un hijo bastardo de Fernando el Católico (uno de tantos) nacido de Isabel, hija de Boabdil, pasó al Nuevo Mundo, como otros bastardos reales que fueron compañeros de viaje y vida americana del primer cristiano granadino. O lo que es lo mismo, que el apellido de los nazaríes, sigue vivo cinco siglos después. 

"El filósofo". Ludwin Deutsch

El geógrafo e historiador musulmán al-Maqqari señalaba en 1627 que el último sultán de Europa, el último emir andalusí, el último Rey de Granada, descansaba en Fez. El tanto se lo apuntó 290 años después Blas Infante, pero de figuras erráticas de la historia no nos compete hablar. Sí hay que decir que hasta en las adaptaciones cinematográficas y en las series se ha tergiversado la historia. Los secretarios que acompañaron a los Reyes Católicos cuando tomaron Granada hacían una descripción de Boabdil: era corpulento, rubio y de ojos azules. En aquella vieja ciudad-estado del norte de África, hoy parte de Marruecos, murió el Rey Chico en 1533 después de haberse destacado como soldado al servicio del sultán local. Curioso que ese mismo al que las crónicas rosas de la historia lo han venido a retratar como un débil de espíritu encontrara la muerte, 41 años después, batallando y con una lanza en la mano. No era el hombre de los cuadros de historia que la España del siglo XIX retrató, no era el cobarde que lloró en una colina a 12 kilómetros de Granada y no era el sultán medroso que nos han pintado.

Una musalla o pequeño morabito de Fez, junto a la que fue la Puerta de la Justicia de la ciudad (poético hasta para relacionarlo con la Justicia de la Alhambra), protegen dos cadáveres: uno, el de un santón de nombre Sidi Bel Kasem. Con toda probabilidad, Abu Abd Allah Muhammad Ibn Abu al Hassam Ibn Nasr, el desdichado rey de los granadinos, es el otro. Y es obligación de Granada preservar su historia, pero especialmente la figura de los que amaron esta tierra con el alma y con los hechos.

Y de descubrirse realmente que es Boabdil quién descansa en Fez, ha de volver a Granada y que repose, eternamente, hasta que llamado por Alá o por Cristo, cuente que su verdadera religión fue la de amar su GRANADA. Como a tantos otros nos pasa. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonito tema David. Tus mejores temas, sin desmerecer a los otros, son estos, cuando hablas de nuestra historia. Entonces, estos grabados son fidedignos o no?
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/10/El_rey_chico_de_Granada.jpg

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Nada más lejos de la realidad; se trata de recreaciones del siglo XVI a tenor de lo que se supone, era la población andalusí. Muhammad al-Hamar debía espantar, con su barba y cabello completamente rojos y unos ojos azules que dicen las crónicas castellanas del Rey Fernando III el Santo, eran de "azul intenso". La población africana, era la militar. En al-Andalus, los bereberes fueron predominantes, el pueblo del norte marroquí y en definitiva norteafricano con el mismo pasado romano y visigodo que nosotros.

Gracias amigo, por la lectura. Estimulan estos comentarios.