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lunes, 3 de marzo de 2014

El himno de Holanda

Escudo Imperial en la Puerta de las Granadas de Pedro de Machuca. GRANADA.

En 1517 las diecisiete provincias del más recóndito y alejado lugar de la Europa Continental eran unidas y tomadas bajo la Corona de España y el cetro del inigualable Emperador Carlos. Acababa de nacer Países Bajos, la actual Holanda. Era, como los siglos lo demostrarían, tierras españolas en las que jamás se pondría el sol. Por espacio de 131 años, el arrojo inmenso y el sacrifico impagable de miles de héroes, defendieron el mayor devorador de soldados que ha conocido la Europa Moderna. Pero aunque rebeldes, insurrectas y levantiscas, las tierras holandesas hubieron de ser vencidas por los Viejos Tercios y al final, le rindieron el mayor homenaje posible a España. Esta es la historia de un himno, de un pueblo y de los caprichos y curiosidades que encierra el pasado.

Guillermo de Orange. Adriaen Thomasz, 1580

Holanda es un país que se rinde a su corona, a su monarquía y su estamento parlamentario; tal vez porque fue un rey el que les devolvió la libertad, tras casi siglo y medio a los pies de las picas y de los arcabuces españoles. El día del cumpleaños de la Reina, se teñía de naranja el país entero, como ahora hacen con su sucesor el Rey Guillermo. Y de nuevo el nombre Guillermo. Porque fue Guillermo de Orange el que encabezó hacia 1570 la revuelta que habría de culminar, 80 después, con la independencia de los suyos. Así que a nadie le extraña que el himno de los Países Bajos, se llame WILHEMUS.

Retrato del Gran Duque de Alba de Antonio Moro. 

Guillermo de Orange nunca fue un héroe. Nació leal a la Corona de España, consiguió privilegios que le aprobaban desde Madrid y juró lealtad absoluta y fiel a Margarita de Austria, la hermana de nuestro Felipe II. Casó nada menos que con la hija de un Príncipe Elector del Sacro Imperio por ser su lealtad hispana y un buen día, aliado con los calvinistas que pasaron el verano de 1566 quemando iglesias católicas y destruyendo las imágenes bendecidas, decidió que su porvenir estaba erigiéndose príncipe de Holanda. O lo que es lo mismo, de fiel a traidor en unos días, de colaboracionista (y orgulloso de serlo) a padre de la patria, como los holandeses lo llaman. La avaricia desde luego, guía a veces a “los héroes más mediocres”.

El de Orange mandó a un paisano metido a poeta que compusiera un himno al objeto de enaltecer el ánimo de sus hombres, que dicho sea de paso, no ganaban una. Enfrente tenían nada menos que al todopoderoso Gran Duque de Alba, que recorrió los “bajos países” dejando huella de su poder militar y sagacidad como estratega. El caso es que Marnix van St. Aldegonde le entregaba, hacia 1570, un himno en el que las quince primeras letras de los quince primeros versos formaban un acróstico con el nombre de Guillermo. Hoy día es el himno más antiguo del Mundo, pero no es nada patriótico, ni posee tintes nacionalistas, ni siquiera es de un ardor ciudadano. Se trata, dura y puramente, de una oda, una famélica y aduladora exaltación de la figura de Guillermo. Me pregunto qué pensarían nuestros paisanos si nuestro himno fuera una apología de los méritos (escasos, en el caso de Guillermo) de alguno de nuestros dirigentes, rey, político o dictador... ¡Dejémoslo!

La rendición de Breda. Diego Velázquez, 1634.

Pero la curiosidad impresionante del himno, del más antiguo del Mundo, del que es en realidad la banda sonora de la vida de Guillermo de Orange, creador de la dinastía que habría de hacerse con el trono de Holanda y que lograría, a duras penas y con ayuda internacional, conquistar 80 años después de aquello la independencia, es que es excesivamente claro, realista y sincero. Miren el comienzo, traducido al español:

Guillermo de Nassau
soy yo, de sangre alemana
a mi patria fiel
permaneceré hasta que muera.
Un príncipe de Orange
soy, libre y valeroso
al Rey de España
siempre le he honrado.

Sí, están leyendo bien. Habla de España y de nuestra Corona. Deja bien claro que el héroe independentista, el padre de la patria, es fiel a nuestra nación y pueden sentirse orgullosos: nuestro país es tan grande, que aparece hasta en los himnos de otros estados. De manera que imagino la cara de sorpresa de los jugadores de la mítica Holanda que fue derrotada en Sudáfrica por España. En aquel momento, Robben, Sneijder o Van Persie, se habían convertido en profetas, en adivinos de lo que iba a pasar: A ESPAÑA SIEMPRE LE HE HONRADO.

Sí Señor, como medio Mundo hizo durante siglos. Y lo hizo porque los españoles, demostraron que eran dignos de ser honrados. Así que, creamos que todas las modas vuelven y recuperemos esa honra. Mientras nos queda y reconforta que España ha sido tan grande, que hasta es vitoreada por otros europeos cuando cantan a su selección, cuando celebran triunfos o cuando rinden tributo a su rey, y no les queda más remedio, que repetirse a ellos mismos el nombre de la Nación, madre de Naciones. 

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