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domingo, 30 de marzo de 2014

Cuando Alaska fue española

Fue un 30 de marzo pero de hace 147 años. Rusia estaba cansada de los problemas que le acarrea el improductivo territorio de Alaska, imposible de colonizar por lo inclemente de su meteorología, decide vendérselo a los Estados Unidos por la modesta cantidad de 7.200.000 dólares en oro. De este modo evita justificar un gasto militar en la defensa de la soberanía de un terreno que la mayoría de la población rusa ve como baldío, y que, probablemente, hubieran tenido que defender cuando los canadienses se independizasen de los ingleses.

Pero el primer dominio sobre Alaska, fue de los españoles. Con la Bula de un Papa y los descubrimientos de españoles y portugueses, se repartió el Mundo. Y en esa partición, la actual Alaska le tocaba en el lote a la Corona de España. En 1774, una expedición al mando del capitán Juan José Pérez Hernández tomaba posesión de la Isla Nutka y otras posteriores, bordeando la costa de California, dieron a España el dominio sobre el hielo permanente de Alaska. Así hasta que en 1789, Carlos III ordenó ocupar todo lo hallado ante la continua presencia de rusos. Justo cuando desembarcaban los galeones hispanos, cómo no, la zona estaba plagada de corsarios ingleses.

Una vez más y aunque les duela recordarlo, España se antepuso a los británicos y les ganó la batalla naval. La Fragata Princesa comandada por Esteban José Martínez, apresó a los ingleses, pero lejos de ser felicitado, el capitán recibió una sonora reprimenda, puesto que a lo mejor, los hijos de la Pérfida Albión se mosqueaban. Lejos quedaba la hombría y el honor de don Blas de Lezo, en una España que le quedaba poco para abandonar el siglo XVIII y con él, el último atisbo de grandeza. Todo lo que consiguió el grandioso ejército español fue devuelto a Inglaterra por una clase política acobardada y lejos de dialogante, torpe. No hay más que darse cuenta de los recursos que en petróleo y otros, ha dado aquello.


Hace 240 años Alaska pasaba a ser oficialmente española. Luego, fue entregada sin recibir nada a cambio a Inglaterra, que por  el mero hecho de conseguirla a su enemigo histórico, le bastó, dándola por olvidada. Rusia se hacía con aquella tierra helada y hace 147 años, la vendía. La lección es contundente y tiene a Melilla o a Ceuta como ejemplos muy actuales. De Gibraltar, mejor ni hablar. Porque la moraleja es que, en este país, el pueblo ha sido siempre el que ha tenido que sacarle las castañas del fuego a la Patria.

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