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lunes, 3 de febrero de 2014

Salvemos Granada


El centro histórico de toda ciudad se degrada a pasos agigantados, a veces sin necesidad de que los gestores públicos tengan la culpa y sin embargo, gracias a la desidia de un pueblo que permanece indolente. En noviembre de 1980, ha llovido ya, Federico Bermúdez Cañete denunciaba que aquel barrio cada vez con menos identidad que podíamos llamar de San Jerónimo, “una zona monumental barroca rodeada de antigua trama urbana, [...] se inunda de bloques con diseño y altura discordantes y se puede acusar a la Universidad de Granada de no haber aprovechado al máximo la revitalización de edificios nobles, en vez de extenderse hacia dos campus exteriores, con criterios muy discutibles”.

Es la historia que ocurrió tal día como hoy de hace 37 años, cuando un edificio renacentista que venía funcionando como sanatorio, murió víctima de la desidia, la incultura y un gobierno posfranquista que no hizo nada por defender a “La Purísima”. Es uno de tantos edificios de la ciudad que se fueron, que le restaron empaque, personalidad, arte y valor a una Granada que ni por todas las denuncias habidas y por venir, es capaz de diseñar con inteligencia un modelo respetuoso con su pasado y su historia pero capaz de responder a las necesidades de la sociedad de cada tiempo.

Anunciado desde el mes de octubre de 1976, el Sanatorio la Purísima moría al final. En la Calle Lavadero de las Tablas, esa arteria recoleta que va desde Horno de Haza hasta la Calle Gran Capitán, bajo las faldas de la Plaza de los Lobos, exhibía una portada del renacimiento, una concepción espacial del quinientos y un valor histórico que para sí quisieran en muchas de esas capitales impersonales que por distintas cuestiones, jamás dispusieron de un patrimonio como el que se fue agolpando en Granada. El caso es que en 1970 un centenar de médicos de las entonces clínicas La Purísima y el Sanatorio Virgen de las Nieves, se unieron en un nuevo proyecto que se convirtió en el año 1972 en la sociedad que conformaría la nueva Clínica La Inmaculada. Tres años después abría sus puertas y en 1982 se incorporaba a la red sanitario asistencial de Asisa. Granada ganaba un moderno y necesario complejo hospitalario, pero el abandono del viejo hospicio permitía que las aves de rapiña lo echaran abajo.

Ocupaba el número 17 de la Calle Lavadero de las Tablas. No es ni de lejos la más fragrante pérdida patrimonial que hemos sufrido, pero basta recordar lo que la prensa decía de él: la nueva maniobra especulativa del Ayuntamiento de la ciudad derribará un edificio de bella portada, muy propia del arte granadino de los siglos XVI al XVIII, que incluye dos hermosos patios porticados clasicistas ajardinados y un amplio jardín.


En la calle hoy se levantan los Apartamentos las Columnas, que sirven para situar lo que fue aquel viejo hospital, aquel añejo Sanatorio se murió hace ahora 37 años, como aquella otra Granada que corre a diario peligro, con unos políticos incapaces y unos ciudadanos indolentes, culpables unos y otros al 50 % de la amputación de nuestra historia, de nuestros valores y de lo que ha sido y no debe dejar de ser, NUESTRA ÚNICA PATRIA.          

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