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miércoles, 12 de febrero de 2014

Ni los Reyes se escapan

Frescos de la Colegiata de San Isidoro. 

Los historiadores a veces jugamos a ser los cronistas de lo rosa de cuánto ha sucedido en tiempos pretéritos. Como un comentarista con algo de cultura de lo más escabroso de aquellos personajes que merece la pena recordar o que necesariamente no han de olvidarse, para que su mal ejemplo no sea repetido. Los historiadores nos hemos convertido en los autores del papel cuché de aquella vida y vividores que fueron y nos valemos de trucos que sirvan para recordar a los que tuvieron la responsabilidad de gobernar sobre tierras y siervos, a veces con voz aduladora y otras, con crueldad irrefrenable. Así nacieron los sobrenombres de muchos monarcas y algunos de ellos han pasado a la historia por la valentía del pueblo que se atrevió a ponerlos o la viperina intención de los cronistas que no ahorraron nada en su retrato. Con todos ustedes, los “apodos reales más curiosos de la Historia de España:


Fruela el Leproso:

Hermano del Rey, a Fruela II no le correspondía subir al trono de Asturias, que en aquel momento era ya la corona de León, porque tenía tres sobrinos legítimos dispuestos para gobernar. Así que como si de una venganza celestial se tratara, duró menos de año y medio coronado, desde el año 924 al 925, siendo resumido su mandato por el Obispo de León de esta forma: “no alcanzó ninguna victoria ni combatió a ningún enemigo, salvo a los hijos de Olmundo, a los que mandó matar siendo inocentes”. Cuando fallecía, el pueblo leonés empezó a sopesar si no perdió tan pronto la vida por castigo divino tras haber desterrado a un Obispo, nada menos. Y es que moría víctima de una terrible enfermedad nada propia de reyes: la lepra. Así que ha pasado a la historia asociado a su enfermedad, después de no haber hecho nada digno de mencionarse, salvo que casó con la hija de un gobernante musulmán, por lo que en León, Fruela será siempre “el leproso” al que castigó Dios.

Batalla de Stamford Bridge por Peter Nicolai Arbo hacia 1860. 


Bermudo el gotoso:

Más triste resulta que un rey se tire media vida peleando por conseguir un trono, que se exponga a la muerte en batalla defendiendo León de los ataques musulmanes y que una enfermedad asociada a hábitos alimenticios condenatorios le hayan terminado por recordar para la historia. Bermudo fue el rey de Asturias y León entre el año 981 y el 999. Se las tuvo que ver con Almanzor, pactó sin pudor con el Califato de Córdoba con tal de hacerse con el trono y un exceso de carnes grasas y copiosas comidas le dejó por recuerdo una gota insoportable. Sería digno de ver cómo un rey se ponía al frente de los suyos montando a caballo y con una pierna tiesa y recta, lañando chillidos no de valentía ni de motivación, sino de puro dolor. Mientras, Almanzor destruía Coímbra, León y Zamora y se plantaba Santiago de Compostela y los cristianos del reino, veían la pierna inflamada y dilatada de su rey arrastrada por los campos en llamas. Así que cuando en el año 999 murió de gota, el mejor recuerdo que se le pudo proporcionar para que mil años después no lo olvidemos es ese, el de gotoso.

Retrato imaginado de Ramón Berenguer II de Barcelona. 
Filippo Ariosto, 1587


Cabeza de estopa:


Las mentiras catalanas que tejen una historia particular y desde luego, que no ocurrió nunca, nos deja una saga de caudillos que sin ser reyes, fueron condes de Barcelona, Gerona, Osona y Carcasona. Ya saben, aquella Cataluña dependiente de los francos, luego de los aragoneses, luego de los españoles y que fabrica su historia en cuanto uno se da media vuelta para adoctrinar a los endebles estudiantes del siglo XXI. Esta saga son los Ramón Berenguer I, II y en un esfuerzo de poca creatividad, un Berenguer Ramón. El primero de ellos tenía una melena tan rubia, ondulada y brillante que la genética le jugó la mala pasada de que hoy lo recordemos como la imagen que daba, la de una cabeza de estopa. Ramón Berenguer luchó contra el Cid en 1082 y Rodrigo Díaz de Vivar le venció e hizo prisionero. Y lo gracioso es que antes de ponerse al servicio del Rey de la taifa de Zaragoza, el Cid a su paso por Barcelona le ofreció sus servicios que fueron rechazados, de manera que es cuando menos curioso que a “cabeza de estopa”, un conde con ínfulas de rey asesinado por su hermano Berenguer Ramón II, (ya decía que de originalidad la justa) se le conozca por su aspecto estético y no por sus méritos. Y casi 1.000 años después, desde la inventiva Cataluña, conviene decir que a lo mejor, el Cid no existió. ¡A lo mejor, pero si existió, dejó para el arrastre a cabeza de estopa! Que vete tú a saber, y a lo mejor no existió tampoco, como la independencia catalana. 

Retrato anónimo de Pedro IV de Aragón


Pedro el Ceremonioso:

Ni ayer ni hoy, ser culto ha estado bien visto por la masa y el pueblo, como deja claro el mote que recibió el pobre de Pedro IV de Aragón, Rey entre 1336 y 1387, que de tanto escribir, ejercitarse en la poesía y convertirse en un trovador sin igual, le colocaron el apodo de arriba, el de “Ceremonioso”. Sobre todo cuando dio órdenes de cómo conservar los archivos, cómo poner las fechas y por redactar un protocolo cortesano que desde luego, era de una altura cultural irrepetible. Pero el culto del Rey fue “ceremonioso” en las letras, porque en la vida ordinaria le quitó el trono a su primo, persiguió a sus hermanos y cuñados y se la juró a su suegra. Y de él, la verdad de esa leyenda de las barras de sangre sobre un pendón que dicen los catalanes, inventó como bandera su Wilfredo el Velloso y parece ser que es de esta época, cuando al “rey ceremonias” de Aragón, le dio por romper con su puñal un acuerdo y se hizo sangre en la mano, diciendo a continuación aquello de “un privilegio que tanta sangre ha costado se debe romper derramando sangre”. Vamos, que parece ser que la historia no es tan heroica como nos cuentan nuestros amigos del norte.

Enrique IV de Castilla por Jörg von Ehingen, 1455. 


Enrique el Impotente:

Está ahora de moda tras haber protagonizado no pocos capítulos de la exitosa serie Isabel en la que Televisión Española, con un acierto histórico sin precedentes en la actuación de este país, nos viene contando la vida de la “MADRE DE ESPAÑA”. El caso es que su hermanastro Enrique, fue conocido como impotente incluso cuando gobernaba. Poco más hay que aportar, simplemente que ni las meretrices de la época consiguieron el milagro de que al rey le aguantara recta “su tizona”, así que alguien le hizo el trabajo cuando decidió convertirse en padre y perpetuar su casa en el trono de Castilla. Pero no coló, de manera que a la reina consorte se le miró mal (era la segunda mujer, porque con la primera, no hubo forma), a la hija peor y cuando él murió, el sambenito de impotente no hubo forma de borrarlo. A pesar de que la hija en cuestión fue rival de nuestra Isabel la Católica y sus partidarios comenzaron una guerra intestina en Castilla, si la pobre Juana que así se llamó la desdichada tenía algo de “hija de rey”, era por vía materna, porque parece que fue producto del trabajo fino de Beltrán de las Cuevas, muy complaciente él, que le ahorró vergüenzas a Su Majestad en la cama matrimonial, pero lo condenó de por vida a que lo recordemos por un problema físico que lo persigue hasta la tumba.

El último emir de Granada, desdichado por no descansar en su Patria. 


El Desdichado:

al Zugabi le dijo el pueblo de Granada. Es quizás un apodo, un mote, un sobrenombre sin justicia para el que podía haber alcanzado la grandeza de algunos de sus antepasados, en especial Muhammad V. Le dijo el pueblo de Granada eso porque un astrólogo agorero confirmó tras su nacimiento que estaba condenado a ser protagonista del fin del Islam en Europa. Pero a cambio, el último emir de los granadinos, nos salvó la ciudad, consiguió que no tuviera que morir un solo granadino y dejó intacta la Alhambra a la historia, al Mundo y a los Reyes Católicos, que dicho sea de paso, tuvieron la suficiente sensibilidad para conservarla. El último príncipe de los creyentes de Graanda, el último de nuestros sultanes, está bajo una ruinosa, asqueada y sucia edificación funeraria musulmana en Fez, en Marruecos. Y lleva desde 1533 en el olvido de un pueblo que no es el suyo, porque Marruecos nació mucho después y no ha demostrado sensibilidad alguna por una de las figuras que más ha hecho por el arte (al salvar y preservar los palacios nazaríes) y que nos recuerda una y mil veces a los granadinos que aquellos, eran como nosotros, sólo que con otra fe, pero granadinos. Yo ya no sé si fue un “desdichado” por perder el trono de Granada, o porque el astrólogo metido a profeta, lo que realmente quería decir, es que tendría que descansar fuera de Granada, mientras los granadinos queremos su regreso y los marroquíes llenan los alrededores de su descanso eterno de suciedad. ¡Ahora entiendo lo de desdichado!

La cara, es el espejo del alma...
Retrato de Fernando VII por Goya (1814/1815)


Fernando El Deseado:


Se trata de Fernando VII; no voy a apuntar nada más, porque a poco que se conozca la historia de España, ya se es consciente que estamos ante el peor rey que nunca nos tocó y probablemente el más horrendo gobernante que en ese momento tuvo el Mundo. Pero paradojas de la vida, antes de subir al trono, todos, prácticamente todos los españoles, suspiraban por él, por lo que ascendió y se coronó como EL DESEADO... ¡Qué cosas!

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