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miércoles, 26 de febrero de 2014

Los héroes olvidados

"La gloria póstuma". Ricardo Giráldez.

Para que unos pocos se lleven los méritos y las glorias que han de salir en los libros de la historia, otros muchos han de estar en la sombra, siempre en la sombra. Y eso mismo le ocurrió a los españoles que no tuvieron los honores que americanos e ingleses se llevaron aquel día D a la hora H, cuando al grito de Micky Mouse, se desató el golpe definitivo para la liberación de Europa en las costas normandas por parte del Ejército Aliado. En el Desembarco de Normandía, como en tantos otros sitios de aquella Europa atenazada por el horror en manos nazis, los españoles pelearon como los que más aunque su patria seguía siendo neutral. Tal vez por eso, los que cayeron en combate y los que ayudaron a exterminar el odio del Viejo Continente, nunca se llevaron una mísera palmada y no están en los grandes museos de la memoria de los héroes. ¡Alguien tenía que contarlo!

"Rocroi, el último tercio". Augusto Ferrer-Dalmau.

El sino de los valientes de España es vérselas cara a cara con la muerte por unos ideales. Desde los Viejos Tercios de Flandes, los cuerpos italianos, los conquistadores del Nuevo Mundo y los Últimos de Filipinas, al español se le ha mandado a los campos de batalla sin un triste maravedí, sin un lastimero real y abandonado a su suerte. En 1940, Inglaterra peleaba por no ser invadida, Francia resistía a duras penas mientras Vichy se vendía a Hitler y los polacos habían claudicado después de morir con honor a la vieja usanza, sobre los lomos de un caballo atacando los blindados nazis. Pero España, ¿qué podía y debía España argumentar para dejarse la vida a miles de kilómetros de casa? EL HONOR DE LAS IDEAS.

De uno y otro bando, los españoles sacrificaron la piel y la vendieron bien cara, enrolados en la División Azul o como los héroes anónimos que hoy contamos, sufriendo y soportando estoicamente a los boches en la Francia ocupada. Sin nadie que les pasara un sueldo, sin patria que les reconociera méritos y sin el beneplácito de la Comunidad Internacional. No habría medallas ni condecoraciones, como mucho, volver a casa de una sola pieza. Fueron los españoles, protagonistas directos del Milagro de Dunkerque, cuando la Fuerza Expedicionaria Británica liberó a 200.000 soldados británicos y más de 100.000 franceses. Y entre estos últimos, casi un millar de españoles peleaban junto a la La Legión Extranjera francesa.

La Primera Compañía española poco antes del Desembarco de Normandía

Librados y liberados, los españoles se negaron a ponerse bajo las órdenes del General de Gaulle; pero los británicos impedían que los extranjeros formaran parte de su Ejército, así que buscarse un lugar desde el que seguir combatiendo el nazismo iba a ser difícil. Así que los lugartenientes de Churchill decidieron que aquella “legión de desarrapados, de desheredados, de apátridas que nada tenían que ganar y tal vez, tampoco que perder”, formara un cuerpo independiente. Ese día, nació la Spanish Company Number One, la Primera Compañía Española, dedicada a la construcción de carreteras, a la realización de fortificaciones, a la preparación de zanjas y todo lo concerniente a la intendencia de guerra. Eran los zapadores de los británicos, los primeros en acudir al campo de batalla y vivir en carne propia el peligro de la artillería nazi.

La Primera Companía Española

En Inglaterra primero, los españoles, relegados a peones, reconstruyeron cuanto había destruido la Luftwaffe; al fin, necesitados de manos y del valor, los ingleses reconocieron a los soldados españoles y se convirtieron de facto en miembros de la Royal Pioneer Corps. Y junto a los hombres movilizados por Patton, ese día del 6 de junio de 1944, los españoles regresaban a la Europa Continental para luchar por sus ideales en las playas de Normandía. En los últimos compases, en las últimas operaciones de la batalla de Normandía, la Primera Compañía Española se las vio con el fuego de ametralladora de las poderosas tanquetas alemanas que recorrían las costas normandas y fueron abriendo camino a los aliados. Desde allí, España se sumó al triunfo de la libertad frente al nazismo y un 25 de agosto de 1944, se producía la mayor gesta que a lo largo de toda la II Guerra Mundial ha visto un soldado español: la Liberación de París.

El tanque al mando de un español que fue el 1º en pisar París Liberado. 

Justo detrás del Regimiento francés, entraban en la ciudad de la luz los españoles; pero quizás han olvidado los aliados algo fundamental: cuando la División Leclerc (franceses), derrotaba definitivamente al ejército del a esvástica, el primer tanque que acababa de pisar suelo liberado, el primer blindado que lograba entrar triunfal a París, estaba al mando del teniente Amado Granell, un valenciano de Burriana que se convertía en ese mismo instante en el primer soldado aliado que pisó el París liberado.

Desfile del Ejército Aliado el 26 de agosto de 1944 por París

Cuando Hitler se disparaba en su búnker berlinés, cuando Estados Unidos lanzaba el mal en Hiroshima y cuando a Churchill le temblaban los dedos de tanto hacer el signo de la victoria, los españoles fueron olvidados; nunca estuvieron invitados a las ceremonias del aniversario de la batalla de Normandía, nunca vieron sus nombres en los muros de mármol de los héroes, nunca recibieron un franco, una libra, un dólar o una peseta por pelear a favor de la libertad y nunca lucieron en el pecho una medalla de honor.

"División Azul". Augusto Ferrer-Dalmau.

En la Spanish Company number one o en la 9ª del general Philippe Leclerc, un puñado de olvidados, de anónimos, de desheredados, vencieron el mal. No los ha recordado nadie, pero ellos no lucharon por los humores de la victoria ni los laureles de la gloria. Lucharon, como durante cinco siglos los tatarabuelos de sus tatarabuelos, por unos ideales. El Quijote que todo hijo de España lleva dentro, ya sea en América, en Flandes, en Italia o en Filipinas. Bajo pabellón real español o bajo la Union Jack.

Y en este caso, muy pocos han contado la verdad. Y alguien tenía que decirlo

1 comentario:

Jorge Álvarez dijo...

Muy gracioso el artículo sobre estos rojos tarados que, alistados en la 2ª división blindada bajo el mando del general Philippe Leclerc, liberaron París… de los comunistas.
El general Leclerc era un aristócrata (Conde de Hauteclocque) de una familia conservadora y católica. Los rojos españoles, todos comunistas y algunos anarquistas, por esos caprichos del destino, acabaron sirviendo bajos la órdenes de un general que odiaba el marxismo con todas sus fuerzas y que obedecía al Jefe de la llamada Francia Libre, De Gaulle, tan anticomunista como él.
En el momento de la llegada de las tropas angloamericanas a las cercanías de París, verano de 1944, se produjo un levantamiento contra los pocos alemanes que guarnecían la ciudad. Pero ocurrió que los comunistas, a las órdenes del “coronel” Henri Rol-Tanguy, se adelantaron y monopolizaron el levantamiento. Los “gaullistas”, asustados, pidieron a las fuerzas angloamericanas que acudiesen a marchas forzadas a París. Pero, no para liberarla de los alemanes, que ya se restiraban. Para impedir que los comunistas se hiciesen con el control de ciudad y la convirtiesen en una nueva Comuna.
Eisenhower, con su habitual perspicacia, no consideraba en ese momento que París fuese un objetivo militar importante en la campaña contra Alemania. Pero los “gaullistas” insistieron en que había que mandar tropas sobre París. No para luchar contra los alemanes, para arrebatarles París a los comunistas del Coronel Rol.
Eisenhower, por fin comprendiendo de qué se trataba, autorizó a la 2ª división blindada francesa del general Leclerc, totalmente equipada como una división americana, a que marchase a toda prisa sobre París. Y, por si las cosas se complicaban (es decir, que los franceses “gaullistas” de Leclerc la emprendiesen con los franceses comunistas de Henri Rol-Tanguy, Eisenhower ordenó a la 4ª división americana seguir los pasos de la división de Leclerc y entrar en París a la vez, pero un poco después, para que la gloria recayese en los franceses.
Los rojos españoles de la famosa “Nueve”, hicieron un papelón, porque, al mando de un general aristócrata y ultracatólico ya apoyados de cerca por una división yanqui, le arrebataron París a sus camaradas comunistas, para entregárselo a continuación al general De Gaulle.
¡Vaya ridículo!