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martes, 25 de febrero de 2014

Las Brujas de Salem

En 1526 Lutero dejaba su testamento vital, aunque aún le quedaran muchos años de vida. Subió al púlpito de su reformada iglesia y dejó bien claro que en el mundo había brujería y que la llevaban a cabo mujeres. Siglos después, Europa había quemado a 110.000 mujeres, especialmente en la Alemania protestante, la Suiza calvinista, las Islas Británicas anglicanas y la Francia de los hugonotes. Pero además, hace ahora 322 años, en el futuro Estados Unidos, en la América de los puritanos, se iba a llevar a cabo la más horripilante historia de caza de brujas centrada en Massachusetts. Comenzaban en febrero, los JUICIOS DE SALEM.

La histeria colectiva se desató. Alucinaciones, acusaciones infundadas y hechos inexplicables sirvieron de abono. Ciento cincuenta personas fueron detenidas. Huelga decir, que mayoritariamente mujeres. Antes de que se celebrara ningún proceso judicial, ya habían muerto en prisión unas pocas. La pequeña y puritana comunidad de Salem condicionó a los jueces que se dejaron llevar por el miedo atroz que recorría el condado. Hasta Boston llegaron las voces y antes de que un jurado emitiera su veredicto, los ahorcamientos y quemas habían asesinado a la mayor parte de detenidos.

Sólo se llevaron a cabo 31 juicios y de éstos, los tribunales condenaron a 3 personas por “EVIDENCIA DE BRUJERÍA”. Eso dio igual: el fanatismo religioso no esperó a una sentencia justa y se cobró sus miedos y falacias por medio del fuego y la horca. Después de los 150 acusados, se siguieron sumando nuevos casos, quizás hasta 200. Apresamientos indebidos, sentencias ilegales, jueves condicionados. Nada puede explicar qué llevó a una población tan pequeña y de una ortodoxia religiosa absoluta a cometer tales crímenes. Algunos dicen que el pan de centeno excesivamente fermentado provoca alucinaciones parecidas a las que produce el consumo de LSD. Pero la población analfabeta se peleaba por la tierra, con la amenaza indígena todavía sobre sus comunidades. A parte, dos familias pugnaban por el control y esto desató una oleada de acusaciones de uno a otro bando. Al fin, había que someter, coartar y estrangular a la mujer. No se podía tolerar que la libertad de la que disponían en otras zonas de Norteamérica llegara a sus totalitarias comunidades.

Todo esto fue suficiente. Una suma de factores y de locuras humanas que acabaron con decenas de vidas. La mujer como culpable, la brujería de la que Lutero es muy responsable y una nueva visión del cristianismo, supuestamente reformado y mejorado, que acabó con cientos de miles de vidas en el Mundo Occidental bajo la premisa de la brujería. En nombre de Dios se han cometido las mayores atrocidades del Mundo. El catolicismo no se libra, pero que nadie olvide que el fanatismo cristiano, ha tenido como madre a la reforma protestante.


¡Y siempre pagó la mujer! ¡Alguien tenía que decirlo!

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