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sábado, 1 de febrero de 2014

La corrida de toros del Vaticano

Cuando Roma se entera que el último bastión musulmán del continente ha caído para la fe y para Castilla en manos de los Reyes Católicos, las fiestas son sublimes. Aquella celebración con autos sacramentales, obras teatrales, banquetes, procesiones y otros festejos dejan sobrada cuenta de la importancia que tuvo la Toma de Granada y lo trascendental que fue para el futuro. No en balde, desde el corazón del poder católico universal, se incitaba a la fiesta, a la celebración y se costeaba la algarabía del pueblo romano que, a miles de kilómetros de Granada, quizás ni había oído hablar una sola vez de aquella exótica ciudad ya católica.

Grabado Piazza Navona. Gaspar van Vittel. 

Desde que llega la noticia a esa Roma capital del Mundo y el Papa organiza los festejos, pasa un tiempo. Pero el 1 de febrero, tal día como hoy, continúan las celebraciones y en este día además, con un carácter muy especial y muy patriótico. No olvidemos que ocupaba la Silla de Pedro un papa Español, Alejandro VI, el Papa Borja. Pero no olvidemos que el 1 de febrero, es la fecha que en el martiriologio y desde el Siglo X, se celebraba la fiesta de San Cecilio, el primer obispo de Granada. Así que no fue baladí la fecha ni se escogió de manera arbitraria. Y hace hoy 522 años, para continuar con el programa de celebraciones por la Reconquista y Toma de la Ciudad de Granada, en la céntrica y fabulosa Piazza Navona, el Papa costeó nada menos que una corrida de toros. No había nada más español para celebrar el nacimiento de España.  

Los estandartes pontificios ondearon junto a los de la Familia Borja, que, por cierto, cuentan en su heráldica con una cabeza de toro, por si la casualidad fuera mayor. Y así fue como Roma se hizo taurina el día del Patrón de Granada celebrando el acontecimiento granadino y con un Papa de Valencia en el Solio. Pero por si esto fuera poco, cuatro días después, el 5 de febrero, hubo nuevo espectáculo para regocijo de los romanos: otra corrida de toros esta vez nada menos que en la mismísima Plaza de San Pedro, que curiosamente 160 años después tendría forma redonda como una Plaza de Toros gracias a Bernini.

Para la ocasión el Papa contó con un torero de campanillas, su propio hijo (ay, perdón, sobrino) César Borgia, que fue el encargado de correr los toros y alancearlos. El día había comenzado con una solemne procesión que desde el Vaticano, llevó al Papa y al Colegio Cardenalicio hasta la Iglesia de Santiago de los Españoles, donde se celebró con la mayor solemnidad la misa del Espíritu Santo. Pero esa tarde de domingo el cardenal Rodrigo Borja ofrecía junto a su palacio, nueva corrida. César lidió a los cinco astados y dos semanas más tarde, hubo de nuevo una Misa de Acción de Gracias en Santiago de los Españoles por la Conquista de Granada y nueva corrida de toros con los diestros Juan y César Borgia en la Piazza Navonna con la presencia de obispo de Badajoz y embajador de la Corona Española ante el Papa, Bernardino López de Carvajal.


Así fue como Granada abandonó su decadencia, propiciada por los mismos que décadas atrás le dieron esplendor (los musulmanes), se convirtió en eje de la historia y del Mundo y a la vez, Italia se hacía taurina. Porque 70 años después, un Papa condenaba los toros y prohibía a España que celebrara festejos taurinos; pero conviene también recordarles a más de uno, que ni el piadosísimo y católico Rey Felipe II, le hizo caso y pudo bramar el Vaticano que España siguió toreando, como Roma, cuando celebró varias corridas en el mes de febrero de 1492, con acentos granadinos. 

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