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domingo, 2 de febrero de 2014

Juan Latino

Amanecía en la Granada del 2 de febrero de 1546, hace por tanto 468 años, sin que nada hiciera presagiar que esta ciudad pasaba a convertirse en pionera de la igualdad, en precursora de la equidad y en adelantada de la justicia. En la Universidad de Granada, un negro de nombre Juan Latino se convertía ese mismo día de hace casi 500 años, en el primer profesor universitario de color de Europa y por ende del Mundo. Ese día de hace 468 años, el hijo espurio de don Luis Fernández de Córdova (por tanto, nieto de El Gran Capitán) y su sirvienta negra, se alzaba con la cátedra de Gramática y se convertía, desde ese día y por espacio de 40 años, en profesor de nuestra Universidad.

Con el sobrenombre de “faro granadino”, Juan Latino calló las voces de la época, hizo amistad con Garcilaso de la Vega, se casó en 1548 con una blanca de la aristocracia granadina, frecuentó ya ciego y anciano a San Juan de la Cruz y se convirtió en afamado poeta por su capacidad artística y su sagacidad literaria. su mujer, Ana de Carleval, era una de las damas más apreciadas por una belleza imposible, al punto que estaba destinada a casarse con Fernando de Válor, que con el tiempo fue Aben Humeya, “último rey de Granada”. Pero la cultura, el don de palabra y los cuidados modos de este mulato imponente, dechado de cultura, venció los prejuicios de la sociedad más conservadora del Mundo, la de aquella España de la limpieza de sangre y xenofobia hacia los moriscos y judíos.

Tuvo cuatro hijos, y junto a ellos y su esposa, vivió en una casa solariega de la Carrera del Darro frontera a la Iglesia de Santa Ana, tratando a don Juan de Austria y extendiendo la cultura, dando lecciones universitarias y destacándose en el reino; fueron amigos y defensores a ultranza, el Arzobispo Pedro Guerrero y el Presidente de la Real Chancillería. Al fin, rondando los 80 años, moría para ser enterrado nada menos que en el Altar Mayor de Santa Ana, donde comparte descanso eterno con los ilustres granadinos Bermúdez de Pedraza y el prolífico escultor y pintor José Risueño. Dice su lápida:

IOHANNES Latinus - Niger

Anno DNI. MDXCVII

Y así fue como Granada se convertía en la ciudad más aperturista de su época y con ella España, que como ya vimos unos días en referencia a la Leyenda Negra en la primera sociedad en la que el color de la piel no importó para reconocer los méritos personales. Tal vez es cierto, que cualquier tiempo pasado fue mejor. 

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