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jueves, 27 de febrero de 2014

El primer cristiano de Granada

Esta historia cuenta la vida de un granadino muy especial y por varios motivos. Primero, porque desmiente esa imagen antisemita de los Reyes Católicos; segundo, porque nos habla de los primeros españoles que ocuparon tareas de gobierno en América. Y al cabo, porque su huella permanece aún en la memoria de Nueva España, en la historia de México y en lo curioso. Estamos hablando nada menos, que del primer cristiano que nacía en Granada, después de 781 años.

Gonzalo fue uno de los protagonistas de los primeros acontecimientos de la América española. Quizás decir eso es escueto y parco; fue uno de los actores principales de aquella Nueva España, que alcanzó fama, conoció el éxito y a su vez, vivió el fracaso, la derrota y hasta la privación de libertad. Hijo de judío y por tanto, cristiano nuevo, eso no importó para que le dejaran viajar al Nuevo Mundo, para ocupar un cargo del alto funcionariado y para ser el más mimado de los niños que nacieron en el año de 1492.

Aunque algunos apuntan que nació en Úbeda y su padrino de bautismo nada menos que Francisco de los Cobos, el posterior secretario personal de Carlos I, el poderoso Canciller Imperial, Gonzalo seguro se bautizó en Granada, un 6 de enero de 1492. El agua bendita volvía a una ciudad dominada por espacio de casi ocho siglos por el Islam. Si la sociedad española ha celebrado desde siempre la administración de sacramentos, aquel sería el bautizo más festivo que haya visto esta tierra. Los mismos Reyes Católicos lo colmaron de regalos y hubo fiesta en la corte. ¿Quién era su familia para que un hecho tan cotidiano fuese tan celebrado? ¡Aunque se tratara del primer cristiano de Granada, 8 siglos después!

Gonzalo era hijo del el doctor don Juan Fernández de Guadalupe, originario de Salamanca, nacido en 1464 y además en una casa hebrea. Su padre (el abuelo de Gonzalo), fue Alonso Fernández de Guadalupe, el último y celebérrimo miembro de aquellos Guadalupe originarios de Galicia que acabarían convertidos en los mejores médicos de España. Estudió en la Universidad de Salamanca, de ahí que naciera en aquella tierra su hijo. Su fama como médico aumentaba al punto que los Reyes Católicos lo convirtieron en el médico de la corte, consagrado al cuidado directo de la Reina y sus hijos. Los Guadalupe (el abuelo y el padre de Gonzalo) atendieron enfermedades, partos y el llanto de la muerte de los Soberanos, los infantes y prolongaron su trabajo al servicio del Emperador Carlos, que los llevó consigo en todo momento. Los Guadalupe atendieron las heridas imperiales en las batallas de Italia, los Países Bajos, y Alemania y en Yuste asistieron a los días últimos del artífice de Europa, el gran Carlos.

Fue tanto el acierto y tan buena su profesionalidad médica que los Guadalupe, judíos conversos, nada menos que acabaron declarados nobles, exentos de toda mácula y de sambenito, autorizados a usar escudo de armas y alternar entre lo más escogido de los caballeros españoles. Hace unos días se ha cumplido una efemérides, los 484 años de su ascenso a la nobleza. El Emperador Carlos los elevó a nobles, como señal de amistad y prueba del respeto y admiración que sentía hacia sus médicos, un 24 de febrero de 1530 en Bolonia.  

Antes de todo esto, Juan Fernández de Guadalupe, padre de nuestro ilustre granadino, ya era el protegido de los Reyes Católicos. Es posible que, de no ser cierta la teoría de su nacimiento en Úbeda, Gonzalo viera su primera luz en el Campamento de Santa Fe y bien en la Mezquita de los Conversos, hoy Iglesia de San Juan de los Reyes, o en el Oratorio del Mexuar, convertido en improvisada capilla cristiana dentro de la Alhambra, se convirtiera en el primer niño cristiano bautizado en Granada. Este hecho y lo mucho que los Reyes Católicos debían a su padre el médico real, explica tan fastuoso bautizo, tata celebración y echa por tierra cualquier atisbo antisemita de la Corona Española. Gonzalo fue paje de los Reyes, atendió a la futura Reina Juana y participó al lado del nieto de sus protectores, de Carlos I.


A la edad de 30 años, junto a su mujer y su hijo recién nacido, llegó a América muy bien acompañado: nada menos que por Alonso de Estrada, hijo natural del Rey Fernando el Católico. En suelo americano se puso al servicio de Hernán Cortés, lo previno de cuántas conspiraciones sufriera el conquistador y medró lo suficiente para alcanzar la gloria del poder administrativo. Ocupó diversos cargos entre los que destacaría el de factor, hasta alcanzar nada menos que el cargo de Gobernador de Nueva España, esa inmensa lengua de tierra de 7 millones de kilómetros cuadrados. Fallecía, en 1564, a los 72 años, tras una azarosa vida.

Pero ha pasado a la historia como el primer cristiano de Granada.

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