Visitas

jueves, 20 de febrero de 2014

El Cine Regio

El mes de febrero está asociado en todo a uno de los míticos espacios que tuvo la ciudad de Granada, un oasis de cultura, radiografía de la sociedad y refugio de aquel pueblo que se nos marchó con nuestros mayores. Fue en febrero cuando abría sus puertas, hace un siglo, el mítico, el genuino, el inolvidable (hasta para quienes no lo conocimos) Salón Regio. Fue en febrero cuando se adelantó a media España y proyectó la primera película sonora y fue en febrero cuando de manera mezquina y violenta, unos enfermos lo incendiaron, hace de esto 30 años.

La Sala Regio se inauguraba coincidiendo con la visita de operadores de la Casa Gaumont, pionera en el séptimo arte, que tomaba imágenes con aquellos aparatos que todavía llevaban impreso el sello de los hermanos Lumière en nuestra ciudad. Aquellas cintas de cuidada estética se centraban en asuntos andaluces, tal era la voluntad de los franceses, por “retratar” el tipismo del sur de España. Granada, Sevilla y Málaga fueron sus escenarios aquel mayo de 1914, cuando Regio había abierto sus puertas como teatro.

El 20 de febrero de 1914 se hicieron las primeras proyecciones de cine en el Regio, pero sería un lunes 30 de noviembre de 1914 cuando el cine cobrara vida con acentos granadinos, al proyectar el Regio el trabajo artístico de la Gaumont: “Pepita la gitana”. El argumento discurría entre los amores de un joven granadino de postín y una gitana, recortados en las vistas de la Alhambra, el Generalife, las riberas del Genil, el Carmen de Benalúa, las imponentes escenas que se tomaron desde las Vistillas de los Ángeles o por el Tajo de Canales. Los secundarios eran granadinos, ciudadanos que hace un siglo se convirtieron en protagonistas de la primera película granadina como Francisco Vergara o Fernando Vílchez.

Años después, también en febrero pero esta vez de 1928, el representante de la Casa Hispano que explotaba una novedosa  técnica, exponía en el Regio el fonofilm. Luego, y volvemos al mes que nos ocupa, un 6 de febrero de 1930, el empresario y dueño del cine, Martín Flores, abría la sala para la primera película plenamente sonora que se visualizó y oyó en Granada, mucho antes que en otras ciudades incontestables de España. Fue “El arca de Noé” interpretada por Dolores Costello y George O`Brien.

El Cine Regio se levantó en la Calle Escudo del Carmen promovido por el empresario Ricardo Martín Flores. Fue inaugurado tal día como hoy, un 20 de febrero de 1914. Se cerró el 11 de febrero de 1984, a punto de cumplir 70 años, por un suceso que luego contaremos. Era el primer espacio cubierto, permanente y fijo para el cine que dispuso Granada, pues la primera localización desde donde se proyectaron “imágenes en movimiento”, fue el cinematógrafo de Pathè, un pabellón efímero que protegía el aparato, instalado en 1900 en el Embovedado.

Pero el Regio abrió con la solemnidad y grandeza que para sí hubieran querido otras ciudades. Tenía una capacidad sorprendente de 690 butacas y El Defensor de Granada se deshacía en elogios, especialmente porque “el Señor Flores pretendía que todos los espectáculos fueran de escrupulosa moralidad”. La inauguración corrió a cargo de la artista de varietés Marina Sansano. Luego, “se exhibirían escogidas y variadas películas de asuntos morales e instructivos”. Tomó parte la canzonetista hispano-italiana Mary Bruni y costó la entrada en butaca 50 céntimos. La Cuaresma se echaba encima y el propietario escogió cintas religiosas de la Pasión para que durante el mes de marzo, Regio estuviera acorde con las fechas. Pero también se incluyó una peliculita “La voz de oro”, que recogía el incendio en marcha de un aeroplano, que hizo las delicias de los asistentes, la mayoría de “entrada general”. Pagaron por ella, 10 céntimos.

Antes de que llegara la Semana Santa, Flores hizo un 20 de marzo de 1914, el titánico esfuerzo de traer nada menos que “Espartaco”, un film de la casa Pasquali de Turín interpretado por Mario “Ausonia” Guaita, una superproducción (y el primero de cuántos “Espartaco llegarían, aunque la mayoría recuerde el de Stanley Kubrick de 1960, protagonizado por Kirk Douglas) para la que se pensó en una sesión extraordinaria a las 16:30 destinada a los colegios de Granada.


Fue hábil Ricardo Martín Flores en seleccionar lo que iba a proyectar. Se ganó a las autoridades por la selección cuidada que realizó en todo momento y al público, que empezó a disfrutar de otros lugares como el rimbombante Olympia de la Gran Vía. Pero Flores ofrecía caramelos, rifas y todo tipo de acicates extraordinarios a los del cine que conquistó al público. El Regio era el cine fetiche de Granada, publicitado mediante las curiosas farolas-carteles que en la Plaza del Carmen, se iluminaban anunciando la cercanía y proximidad del Regio.

En 1923 se le instalaba una calefacción a vapor; durante la II República paso llamarse Salón Nacional; recuperando el nombre original en 1937. Había desbancado al resto, que languidecieron progresivamente. Un pianista desde el patio de butacas, pregones para vender frutos secos y dulces a cargo del castizo “Chato”, que se ganó la vida desde el gallinero del cine... Parece mentira que el primer espacio dónde Granada vio cine fuera el de la imagen de arriba, junto a las Angustias, instalado por la Pathè.  

Un buen día el cine se reinventó. Ricardo Martín Flores tenía más de 80 años y de nuevo en 1954 reabrió el Regio para, remodelado y provisto de todos los adelantos técnicos posibles, presentar al público “Los cuentos de Hoffman” película inglesa de 1951. Estaba en taquilla el empleado Enrique de Federico y serían los años del cine dorado estadounidense que se colaba hasta el mismísimo corazón de Granada.

Fue especialmente llamativa, en esos días de “re-inauguración”, ver cómo los granadinos se agolpaban por la calle Escudo del Carmen, aguardando con expectación títulos como “El hombre tranquilo”, una de las pocas veces en las que John Wayne no haría de vaquero del Oeste. En 1972 fue reformado con nuevo primor. Había muerto ya su creador, el verdadero padre de la industria cinematográfica y Regio había acabado con casi todos, aunque todavía la gran pantalla era el gran divertimento de los españoles.

Y así fue como un 11 de febrero de 1984,  iba a vivir su último día, tras 70 años dejando huella en Granada. Se estrenaba una controvertida película, “El caso AImería”, del director Pedro Costa Musté. La dirección había sido advertida por grupos extremistas que si proyectaban la polémica cinta, pagarían las consecuencias. El largometraje narraba la muerte de tres obreros a manos de la Guardia Civil, confundidos con miembros de ETA. Y ese 11 de febrero, un incendio provocado por el grupo fascista “Hombres de España”, arrasa Regio. El incendio había adquirido tales proporciones que hubo necesidad de desalojar a todos los vecinos. Muchos apuntaron a Al Capone, un viejo conocido de la extrema derecha local que fue candidato al Congreso por el partido del ex teniente coronel golpista Antonio Tejero, Solidaridad Española, en 1982.

Regio había muerto. Con él, la historia del cine, en mayúsculas. No sólo el francés o el americano, sino como hemos visto, el mismo cine hecho en Granada. Con él murió un trozo de historia local, sueños, divertimentos y la intrahistoria de tantos paisanos que vivieron momentos inolvidables en los intestinos de aquel moderno, cuidado y pionero Teatro-Cine, que hoy hubiera cumplido 100 años.

1 comentario:

Yoseloy dijo...

Gracias por la documentada historia del entrañable Teatro Cine Regio. Tuve la suerte de frecuentarlo en muchas ocasiones para disfrutar de sus buenas proyecciones, e incluso en 1.963 participé en un concurso musical que se celebraba los domingos por la mañana. Qué recuerdos!! Un saludo.