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domingo, 16 de febrero de 2014

Boicot

En cuanto oímos el término se nos viene a la cabeza la técnica comercial, empresarial o hasta gubernamental para obstruir algo a alguien y nació, como casi todo, de una manera tan curiosa como el origen en sí del nombre. Para ello tenemos que trasladarnos  a la Irlanda de mediados del siglo XIX y en concreto al Condado de Mayo. Unos pocos nobles poseían la casi totalidad de las tierras, pero no las explotaban. Los inmensos latifundios eran alquilados a los agricultores locales que cada año, se enfrentaban al despotismo, a las subidas no pactadas del arrendamiento y a los caprichos altaneros de los lores irlandeses que dominaban como señores feudales las tierras.

Los labradores entendieron entonces que era hora de actuar y se unieron en una asociación combativa que no estaba dispuesta a tolerar más abusos. Acababa de nacer la Irish Land League, que al poco de existir, propuso una rebaja de los arrendamientos. La novedad consistía en que por vez primera en siglos, los ciudadanos de a pie no acataban las órdenes y pedían reunirse con los dueños. Pero los lores no estaban dispuestos a vérselas con lo que ellos entendían,eran rufianes sin modales, por lo que mandaron al administrador al encuentro con sus arrendadores.

La discusión se prolongaba sin llegar a un acuerdo y el representante de la Irish Land, Charles Parnell, explotó: fue capaz de decirle al administrador que se suspendía todo trato con él. Los jornaleros no trabajarían la tierra, no cosecharían, los comerciantes se unían a aquella medida de presión negándose a vender ningún producto a los lores o a sus enviados y el cartero puso de su parte y dejó de llevar la correspondencia a casa del administrador del lord.

La tierra no podía quedarse sin cultivar, pues su jefe lo despediría de inmediato, así que trajo mano de obra de fuera y atemorizado por la respuesta que pudieran tener los huelguistas, sumó a la cuadrilla un abultado número de forzudos vigilantes y algún que otro policía que convenció a base de cartera; pero los gastos de labranza ese año, fueron muy superiores a los ingresos. Todo estaba perdido: o se pactaba con los jornaleros y se plegaba el lord y él mismo a sus exigencias, o de ahora en adelante, la tierra y con ello, la fortuna de los nobles, estaba en entredicho.

La victoria de los labradores irlandeses corrió como la pólvora; el método que habían usado empezó a ponerse en práctica en la propia capital londinense y los diarios se hicieron eco de la historia. Fue un redactor del Diario The Times John O'Malley el que bautizó aquella estrategia, recordando al administrador vencido: un viejo capitán retirado de nombre Charles Cunningham Boycott al servicio del Conde de Erne.


Desde aquel día, esa resistencia enconada, esa obstrucción meditada, empezó a ser conocida como Boycott. Corría el año 1880 y antes de que acabara el siglo XIX, se había hecho realidad en otros países. Y así fue como el apellido de un administrador de fincas, incapaz de dialogar, acuñó el término que usamos a diario en cualquier rincón del Mundo, pero que se protagonizó hace 135 años.  

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