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jueves, 23 de enero de 2014

Salvador Dalí

Los que me conocéis no se os escapa mi adulación artística por dos genios; al primero lo considero el padre de todo, nacido en Aragón y que me cuesta pensar que haya muerto. Se llama Goya. El segundo, es, a mi juicio, el último artista inconmensurable que ha dado el Mundo, a menos que el Mundo se empeñe en quitarme la razón. Por eso hoy es una fecha triste, cuando se cumplen 25 de su muerte, un cuarto de siglo sin el que a todas luces fue el más talentoso, excéntrico y creativo de los pintores hispanos. Hoy, fallecía el divino Salvador Dalí.


Dividió a los espectadores a partes iguales. Unos, lo llamamos genio; otros, le dijeron loco. A lo mejor la descripción era sencilla y simplemente, era un genio loco. Tan polifacético como polémico, era adorado por Andy Warhol, Mecano le dedicó a su muerte el tema “Eugenio Salvador Dalí” dentro de su álbum “Descanso dominical” y arreaba por igual parabienes y críticas al franquismo. Conservador y católico, a su vez repetía que su máximo empeño era salir de España, porque “no podía vivir en un país más surrealista que su arte”.

En sus 84 años le dio lugar a dejarnos 500 pinturas, decenas de litografías, esculturas, diseños de vestuario, proyectos cinematográficos y provocaciones que cumplían con una máxima: no dejar nunca indiferente al público. Tal vez debamos la existencia de este monstruo sin parangón a su madre, que no dudó en enfrentarse a su esposo, rígido notario, para que el vástago fuera artista. Fue expulsado de la Escuela de Bellas Artes, cuando en un examen le pidieron que hablase sobre Rafael y respondió al tribunal: “me es imposible hablar de ese sujeto delante de tres profesores porque yo sé mucho más sobre Rafael que todos ustedes reunidos”. De allí, se fue derecho a aquella residencia que se convertiría en el Liceo en donde Buñuel y Lorca compartían la vida de Dalí. No fue mal cambio.

Como en tantos episodios de la Historia, su arte es el reflejo de una mujer, en este caso la rusa Gala (Elena Ivalovna), con la que vivió desde 1934 hasta la muerte de ésta en 1982. Al artista aún le restaban más de seis años de vida, pero el fallecimiento de su mujer lo golpeó con rabia. Nunca sería el mismo y nunca quiso serlo; intentó el suicidio y retrajo su producción, que se había vuelto insufrible. Pero la manera en la que la conoció y cómo la conquistó sólo sería posible en el universo de Dalí. La vio por primera vez en la terraza del hotel Miramar, en Cadaqués, y consiguió quedar al día siguiente con ella. Para la cita, Dalí se puso al cuello un collar de perlas, en la oreja un geranio rojo, se depiló, se cortó al afeitarse la axila, que usó para embadurnarse con su propia sangre y cicatrizó la herida con estiércol. La estampa debía ser impactante, pero Gala estaba hecha para Dalí y desde entonces, amante y amiga, fue musa y modelo, fue su inspiración en la vida y en el arte y la que lo salvaría de una locura que siempre lo acechó. Hay quienes dicen, que Dalí, realmente, tenía hacia Gala un amor infantil mezclado con el mito de Edipo.

"Hitler masturbándose" (1973)

A los seis años quiso ser cocinero, pasión que aparcó un año después entusiasmado por la figura de Napoleón. Entonces, quiso ser Napoleón. Todo esto lo contaba el propio Dalí y añadía una frase que era el fiel reflejo de su personalidad: “desde los siete años mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora sólo quiero ser Salvador Dalí [...] Pero por otra parte, no es fácil”. De su genialidad dio muestras desde joven. Con trece años, acompañaba a un amigo de su padre y se echaban al mar en una barca. Pero dentro de la modesta embarcación, metían un piano de cola y remaban cerca de la orilla tocándolo, para la sorpresa casi alucinada de los vecinos de Cadaqués.

Hubo muchos recursos en su arte. El huevo encarna a aquel hermano que nació muerto justo nueve meses antes que él naciera. Pero si hubo un Monumento que subyugó a Dalí y a Gala, fue la Alhambra. En su Castillo de Púbol, reprodujo en el jardín el Patio de los Leones. Utilizaría el simpar palacio nazarí en algunos cuadros, llenando aquel paisaje de columnas de toreros asomados y colándose por el bosque de columnas del Patio de los Leones. Pero hubo una estancia que fascinó a Gala, la Sala de los Secretos, la cámara bajo la Sala de Dos Hermanas que gracias al abocinamiento de sus bóvedas produce el extraño efecto que un susurro en la parte más remota de la misma, sea oído claramente en el lugar opuesto. Así que pidió a Dalí que construyera una, dada su poca afición a discutir a voces. Y en la actual Fundación Gala-Salvador Dalí, prosigue esa estancia, todo un homenaje a la “Granada invisible”.

Admiraba el logotipo de Michelin y siempre soñó con haberlo diseñado. Nos dejó el Chupa Chups como ya contamos en esta Alacena. Al fin, Dalí dejaba a todos boquiabiertos con su mascota, un oso hormiguero al que paseaba y montaba en Metro para sorpresa de los barceloneses. Pero hoy, hace 25 años, nos quedamos huérfanos de genios. Porque el irrepetible artista del que hablamos, le dio por gastarnos la última broma y morirse. Se iba un creador muy superior a otros que la ideología ha encumbrado. Él tuvo la suerte de hacer lo que quería sin que le molestase ningún dictador, casi le hiciera gracia. Y tanta libertad siempre asustó a los libertarios.

En serio, hoy estoy un poco triste... 

1 comentario:

Saturnino José dijo...

No esté triste, como dice usted de Goya, es difícil pensar que Dalí haya muerto. Mientras exista gente que sienta así su arte y su genio estará con nosotros.